Spanish poem
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Es alta noche ya: muda y desierta, Yace en tinieblas la oriental Alhambra; Ni una luz en sus altos agimeces, Ni un paso, ni una voz en sus murallas. Granada está á sus pies, como ella oscura, Muda como ella, triste y solitaria: Ni una voz en el fondo de sus calles, Ni una luz en sus lóbregas ventanas. El peso del dolor y de la afrenta Y el ambiente letal de la desgracia La tienen, más que en sueño sumergida, En profundo sopor aletargada. El duelo universal que la circunda Los lamentos inútiles apaga, Y se oyen los gemidos solamente En la profunda soledad del alma. Todo es silencio la morisca Corte: Mas ¿quién no vierte en el silencio lágrimas? Allí llora la madre por el hijo, Por el hermano allí gime la hermana: La esposa llora su perdido esposo, Su cautivo galán llora la dama, El amigo la suerte del amigo… ¡Noche horrenda y fatal para Granada! Todos conocen la sangrienta historia, Y á su vez la magnánima Sultana Aixa, después de lamentarla, quiso Con pormenores amplios escucharla. La Madre de Abú-Abdil es una altiva Matrona, digna de la edad romana, Que en el momento de sentir las penas Reflexiona que debe dominarlas. Entregada á un dolor íntimo y mudo, Todo el día pasó sola en su estancia; Pero se dijo al fin: «Si está cautivo, Pensar debemos en que libre salga.» Y avisado Kaleb por un esclavo. Subió de noche al silencioso alcázar. Donde de oir la desastrosa historia Le esperaba impaciente la Sultana. «Habla, Kaleb, le dijo cuando á solas Se hallaron: cuenta la fatal jornada: Todo quiero saberlo en esta noche, Y Aláh, Kaleb, me alumbrará mañana.»
Y he aquí que en el silencio de la noche, Relatando Kaleb y oyendo Aixa, En un salón del patio de Leones En este punto de la historia estaban.