Spanish poem
44 (Hubo un tiempo mejor, cuando corría)
Hubo un tiempo mejor, cuando corría Mas activa la sangre por mis venas, En que el mundo á mis ojos se estendia Cual fuente de placer y ondas serenas, En cuyo borde la ilusión fingía Entre mirtos y rosas, y azucenas Vírgenes de alba tez y castas frentes, Bellas como las ninfas de las fuentes.
Y en medio de mis sueños de ventura, Y en medio de ese edén de frescas flores, Una doncella vi cándida y pura, Objeto primordial de mis amores. Yo la adoré: con infantil ternura La revelé mis íntimos ardores, Y ella á través de su virgíneo velo Me hizo ver en la tierra todo un cielo.
Era un ángel de amor: ensortijado, Blondo el cabello por su blanca espalda Vagaroso bajaba y perfumado; Su sien ceñía virginal guirnalda, Era de nieve el seno delicado: Sus formas ocultaba leve falda, Que el céfiro amoroso estremecía, Y entre sus pliegues con amor gemia.
Pasagera ilusión, sueño dichoso, Cuyo recuerdo el corazón adora Y avaro guarda con afán penoso Y el alma triste sin descanso llora. Todo fué de la noche sueño hermoso Que se disipa al despuntar la aurora: Solo fué realidad la horrible pena Que de mi ser las horas envenena.
Bello fantasma del placer perdido, Fantasma seductor ¿por qué resbalas Por mi triste aposento, y suspendido Sobre mi lecho, tus brillantes alas Ciernes sobre mi frente y un gemido Del blanco seno pesaroso exhalas, Si cuando voy á consolar tus quejas Huyes, te sigo, y sin rumor te alejas?
No la cantéis, gilgeros: Brisas, no la toquéis: sol, no la alumbres; Y vosotros luceros No os elevéis tampoco de las cumbres, Llevad vuestras antorchas y fulgores A alumbrar otro suelo, otros amores.
¿No tengo de sus ojos La suave luz, y el ámbar y el aroma De esos sus labios rojos, Y arrullos con su acento de paloma Y delicias y amor con su presencia Que es el divino sol de mi existencia?
Dejadnos nuestros sueños, Sueños de amor, tiernísimos delirios, En que vemos risueños Cielos de oro y zafir, campos de lirios, Aves, fuentes y luz, un paraíso Donde la suerte colocarnos quiso.
Esta es tu imagen, celestial y pura: Al través de mis lágrimas la veo, Y cuanto mas en ella me recreo Mas siente el corazón su desventura.
Al contemplar tu lánguida hermosura Ver tu sonrisa enamorado creo, Pienso escuchar tu voz, ¡vano deseo! Oscurece tu faz triste amargura!
¡Pobres flores de amor! se marchitaron, Y han quedado tan solo los abrojos Que el triste corazón despedazaron;
Y me queda tan solo por despojos, Tu imagen que los años no borraron Ni el triste llanto de mis tristes ojos.
Cruza un desierto el triste peregrino Entre el aura estival que lo sofoca; Busca una fuente, un sauce, alguna roca, Y solo oye rugir el torbellino…
¡Le amenaza la muerte! en su camino El sol lo rinde, y su sedienta boca, Al Dios que adora en su oración invoca, Y sigue resignado su destino.
De la Santa Ciudad al fin descubre: Alguna triste y destrozada almena, Y animada su fé rápido avanza.
Así mi negro porvenir se encubre: Mas muerte y religión calman mi pena, Porque al seno de Dios va mi esperanza.
Plácida corre, sonorosa fuente, Bañando amante la feraz campiña, Y retraten tus linfas de la viña El dulce fruto y el verdor luciente.
Festiva en tus orillas apacente Blancas ovejas, mi preciosa niña. Y el bello Abril con amaranto ciña Los arbustos que besa tu corriente.
Y si Elmira al murmullo de tus ondas Se aduerme al pié del abedul frondoso Pronunciando mi nombre, no respondas,
Repite solo mi cantar penoso: Y si refresca en ti sus trenzas blondas, Guárdame en tu cristal su rostro hermoso.
Salud, salud, alígeras viageras, Amantes tiernas del Abril florido, Que cruzáis sobre el lago adormecido De la estación de amores mensageras.
No abandonéis, ¡oh amigas! las riberas Que cuando niño recorrí embebido; Suspended en mi techo vuestro nido, Y amorosas cantad, aves parleras.
Cantad, cantad entre las bellas flores Que coronan sencillas mi ventana, Y me haréis olvidar de mis dolores.
Arrulladme en mi lecho en la mañana Mientras sueño con Laura y sus amores, Dulces amores de mi edad temprana.
No mas con los diamantes de Golconda Ni las perlas de Ofir, ciñas tu frente, Ni de Italia la gasa trasparente Quieras que el cuello angelical te esconda.
¿Qué ha menester tu cabellera blonda Que en hilos de oro desparció el ambiente, Ni la luz de sus ojos, mas ardiente Que el sol que nace iluminando el onda?
Deja esas joyas, que á tu faz divina ¡Cuanto mas sientan los claveles rojos Ceñidos en tu frente alabastrina!
Que ante tu luz, aunque les cáuse enojos, Son los diamantes, Leila peregrina, Solo destellos de tus lindos ojos.