Versos Spanish José Zorrilla 43 (¡Vedla allí sobre el rico pavimento)

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43 (¡Vedla allí sobre el rico pavimento)

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¡Vedla allí sobre el rico pavimento, Bajo el tendido pabellón de grana, Cómo encomienda al adormido viento Que levante á los cielos su oración! Vedla allí como virgen sin mancilla Sus pestañas pintarse en su megilla, Al exhalar la lámpara amarilla Trémula vibración. Contemplad su contorno que profusas Borran acaso pasageras sombras, Cuando tintas fantásticas, confusas Sobre su rostro destacando van. Contemplad en su rostro su pureza, La devoción en su ideal cabeza Y un misterio de amor y de tristeza Que sus pupilas revelando están.

Vedla á elevar á Dios el pensamiento En medio de la noche solitaria, Y encomendar al adormido viento Que guarde en sus dobleces su oración. Contemplad al través de su hermosura Una idea de tétrica amargura, Que dicta al labio la plegaria pura De ardiente devoción!

¡Vision mundana sin terrenas galas, Ven tu oración á dividir conmigo; Ven: que las plumas de tus blancas alas Me den á un tiempo pabellón y abrigo! ¡Ven á calmar este febril ensueño, Que está rompiendo mi abrasada sien; Ven á velar del moribundo el sueño, Dulce ilusión de mis sentidos, ven!

Ven en las alas del callado viento, Del harpa en la encantada vibración, Para acallar mi cruel remordimiento Con la voz de tu cándida oración. Ven, y uniré á la tuya mi plegaria En tierra puesto cabe tí de hinojos: Dios la oirá en la noche solitaria Y el triste llanto secará en mis ojos. Vision mundana sin terrenas galas, &c., &c.

Esas santas catedrales, Esas legiones triunfales, Esos lienzos inmortales Del Correggio y Rafael, Serán cenizas que el viento En remolino violento Elevará al firmamento Para dejarlas en él.

¡Con qué grandiosa magestad ostenta De hermosura y poder la doble pompa Natura aquí, risueña y opulenta! En breve espacio abarca De opuestas zonas los distintos climas; Desde la baja tórrida comarca Que con lengua salobre el ponto adula, Hasta la alta región en cuyas cimas, Escollo á los marinos huracanes, Coronadas de témpanos de hielo Llevan hasta las márgenes del cielo Sus multiformes crestas los volcanes.

De ellos las aguas límpidas descienden Que en frescas ondas la planicie inundan: Las fértiles cañadas do se estienden, Los anchos valles que al pasar fecundan, Tapizan flores de carmín y gualda, Praderas de esmeralda, Mieses de dulce caña ó rúbia espiga, Las plantas todas que en perenne Mayo El suelo de los trópicos prodiga.

En el lóbrego centro de la tierra, Opresa en muros de luciente roca La rica vena de metal se encierra, Que la codicia sórdida provoca.

En vano de sus hilos ramifica La estensa red del orbe en las entrañas, Y á resguardarla el tiempo multiplica De basalto y de pórfido montañas.

Atrevido, tenaz, sediento de oro, Bárbaro el hombre las taladra ó hiende; Allí busca el magnífico tesoro, Y con ávidos ojos le sorprende.

Recorre insomne, escuálido y desnudo La cóncava estension de aquella tumba, Que del férreo martillo al golpe rudo O al ruido de la pólvora retumba.

Salta el peñasco y vuela con estruendo; El agua por las grietas se destaca, Y entre humeante vapor, del antro horrendo La confusión alumbra antorcha opaca.

Ni peligro, ni sueño, ni fatiga Arredra al hombre, o su codicia doma; Y aun salir del sepulcro que le abriga Duda, si el grave techo se desploma.

Así bajo la inmensa pesadumbre Tal vez perece en congojoso duelo, Sin que, al morir, la fugitiva lumbre Hallen sus ojos del radiante cielo.

De tus vastos confines en lo espeso Cauteloso deslizase el salvaje: De su macana al formidable peso, De su traidora flecha al raudo silbo, De su alarido al oprobioso ultraje, Tímidos ya sucumben Los choznos de los héroes, que á la raza Bárbara del desierto dominaron Con la cruz, con la esteva y con la maza. Sus términos dilata en tus fronteras, Precedida de estragos, la barbarie: Los pasos de natura creadora No endereza solícito el cultivo; Robusta, triunfadora, Se propaga la rústica maleza Donde antes rubia mies y verde olivo; En donde pueblos hubo, hay aspereza De escombros sepultados bajo espinas; Y el áspero nopal torcido crece, Y el taciturno buho se guarece Del viejo templo entre las pardas ruinas. Mientra en las brumas de hiperbórea playa, El pirata del Norte apresta el lino De las altivas naos, codicioso De amarrar á su remo tu destino.

Vuelve ¡oh México! en tí, que del abismo Duermes incáuta al resbaloso borde; No mas del interés y el egoísmo La envenenada copa se desborde. El valor, la virtud, el heroísmo De tu estirpe recuerda, la alta gloria Con que del tiempo y del olvido triunfa Su claro nombre en la severa historia. Nunca, vástago real del tronco hispano, Tu noble origen ni su ejemplo olvides; Con ánimo y esfuerzo sobrehumano El hierro blande en las gloriosas lides; Y si del hado en el ignoto arcano Es ley que cedas tras sangrienta lucha Al número, á la astucia, á la perfidia, La voz solemne del honor escucha Y hasta caer en el sepulcro lidia.