Versos Spanish José Zorrilla A Adelaida

Spanish poem

A Adelaida

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De mi sueño arrebatado por el raudo torbellino, parto. ¡Adiós! ¿En mi camino volveré a hallarte? No sé. Mas te juro que tu imagen y de tu voz el sonido, en mi alma y en mi oído por do vaya llevaré.

Niña hermosa, enamorada de lo bello y lo sublime, ¿cuando yo esté lejos, dime, pensarás tal vez en mí? Tortolilla de ojos dulces, casta flor de aroma henchida. ¿De mi estancia y mi partida quedará un recuerdo en ti?

Amistad tierna y sincera, hija de honda simpatía, germinó en el alma mía y me avasalló tenaz: amistad, pasión más fuerte que el amor tempestuoso, enemigo del reposo, turbador de toda paz.

Amistad nunca mudable por el tiempo o la distancia, no sujeta a la inconstancia del capricho o del azar: sino afecto siempre lleno de tiernísimo cariño, tan puro como el de un niño, tan inmenso como el mar.

Cuanto a ti te da contento, cuanto a ti te pertenece, mi cariño al par merece, me contenta al par a mí. Yo amaré lo que tú ames, yo odiaré lo que aborrezcas, yo vendré cuando me llames aunque esté lejos de ti.

Y en el duelo, en la ventura, en la corte, en el desierto, siempre, siempre estará abierto para ti mi corazón; y tu casa y tu familia con las mías mi fe uniendo, viviré en las dos, no haciendo nunca entre ambas distinción.

El recuerdo de las horas que pasé en tu compañía, de la inquieta vida mía el cansancio aliviará; mi espíritu vagabundo en la noche solitaria de tu casa hospitalaria por en torno vagará.

Cuando ensalce en mis cantares el valor de algúnguerrero o la prez de un caballero en tu padre pensaré. Cuando pinte en mis leyendas una dama ilustre, altiva, generosa, compasiva, a tu madre copiaré.

Cuando leas en mis versos la pintura de palacios, que del aire en los espacios vierten luz y alegre son, di: «El recuerdo de las noches que ha pasado en mis salones, ha prestado a estos renglones su halagüeña inspiración.»

Y cuando en noche apacible tu caballo a escape lleves, y entre los átomos leves del polvo que elevará veas tu sombra movible que al lado tuyo camina, que va mi sombra imagina en la que contigo va.

Y ¡quién sabe si algún genio de la excelsa poesía podrá a hacerte compañía mi vaga sombra evocar? ¿Quién sabe si en la fe pura de tu corazón amigo podrás ver que voy contigo y con mi espíritu hablar?

¿Quién sabe si un aura vaga por los vientos peregrina o una errante golondrina te traerán nuevas de mí? ¡Oh Adelaida!, nunca dejes de velar en torno tuyo. Parto: ¡adiós!… pero no huyo, no me pierdo para ti.

—

Mas tú partes también; hondos pesares te arrebatan también a tierra extraña y de las vegas que el Pisuerga baña nos alejamos ambos a la par. París a ti con la salud te brinda: Madrid a mí con el afán y el duelo. ¡De allá te traiga con salud el cielo! Yo… me arrojo en los brazos del azar.

¡Adiós!… y por si a vernos no volvemos, Adelaida gentil, sobre la tierra, este papel en que mi fe se encierra sirva de nudo santo entre los dos. Partamos, pues: ya siento los carruajes. ¡Adiós, o flor de virginal fragancia! Diso por ti vele en la revuelta Francia: ¡Ruega tú en Francia por tu amigo a Dios!