Versos Spanish José Zorrilla Composición

Spanish poem

Composición

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Hartas ¡oh patria! lágrimas corrieron, De sangre fraternal hartos arroyos, De hartos valientes el sepulcro fueron Charcas extensas y profundos hoyos.

Hoy, que calmada la sangrienta lucha Tremolan a la par ambas banderas, Blando, suspiro en derredor se escucha, Corren de paz las lágrimas primeras.

Con ellas, sí, los párpados preñados, Ha largo tiempo reventar querían, Mas en la lid los ojos ocupados, A vista de la sangre no podían.

Himnos de triunfo y de placer alcemos, Y ya amigos y libres ciudadanos, La sangre de esas lizas olvidemos Que quema el corazón, mancha las manos.

Libres también como nosotros eran; No más su mengua tolerar pudieron, Y helos aquí que con orgullo esperan Bajo la enseña a que contrarios fueron.

Tended los brazos, de matar dolidos, Libres tended las callecidas manos, Que no hallaréis traidores escondidos Tras el disfraz de libres y de hermanos.

Aquí está el trono que amparar debemos, Aquí la Patria y Religión y Leyes; Que aquí igualmente repartir sabemos Libertad a los pueblos y a los reyes.

No hay más que un pabellón y una bandera; Un sol alumbra, un ídolo se adora; La frente ante él humillan altanera Ambas huestes, vencida y vencedora.

De ambas la sangre en la montaña humea, Tumba a entrambas común dio la montaña, De ambas la sangre con honor se orea, Que a ambas dio sangre la orgullosa España.

Ambas al fin de libertad reciben Sin mengua ni mancilla el blando yugo, Ambas con leyes fraternales viven, Y donde no hay traición sobra el verdugo.

Venid, hermanos; a la par nacimos, Al par dejamos la contienda fiera: ¿Queréis más? Olvidamos que vencimos; No hay más que un pabellón y una bandera.

Aquella antigua raza de valientes Cuyo brío español sembró el espanto Por medio de las huestes insolentes Que atropelló en Clavijo y en Lepanto;

Los que a Roma absoluta dieron leyes, Los que sus velas por la mar tendieron Dando a otro mundo religión y reyes Hijos de España y nuestros padres fueron.

Si sujetos a error, como nacidos, En contienda civil se desgarraron, Ellos solos en bandos divididos, Después que se batieron, se abrazaron.

Hijos de España y con valor nacimos; Por arreglar nuestras contiendas fieras, Harto como valientes combatimos; Pleguemos de una vez nuestras banderas.

A ello nos brindan con tranquila sombra De nuestras flores las silvestres calles, De nuestras mieses la pajiza alfombra, Y el verde pabellón de nuestros valles.

Que vale más gozar en la pobreza Paz que a fuerza de sangre nos compremos, Que a otro pedir con criminal pereza La libertad que conquistar podemos.

¡Si, ciudadanos, raza de valientes Cuyo brío español sembró el espanto Por medio de las huestes insolentes Que huyeron en Clavijo y en Lepanto,

No olvidéis que por premio merecido Esos extraños, de la paz carcoma, Querrán lo que salvar hemos podido De las garras hipócritas de Roma!

No más de sangre bajarán teñidas Los manantiales que la cumbre brota, A contar a los pueblos afligidos En cada infausto triunfo una derrota.

No más luchando con el rudo viento, De cuervos roncos agorero bando, Vendrá a mecerse donde el son violento Del cóncavo cañón le esté llamando

No más al rayo de amarilla luna Vagarán por la noche en la montaña Las sombras de los héroes sin fortuna Que gloria piden y sepulcro a España.

La gloria y el sepulcro que no hallaron Cuando la vida por su patria dieron; La gloria y el sepulcro que compraron Cuando a los pies de su pendón cayeron.

¡Víctimas santas! ¡Sombras doloridas Que insepultas dormís en la llanura, Ya a través dejan ver vuestras heridas Un sol de libertad y de ventura!

Ya podéis sin temor a la vergüenza Alzar los ojos del sangriento caos; No queda ya quien huya ni quien venza; ¡Fantasmas de los héroes, levantaos!

No receléis que al levantar la frente, Tras rota peña o desplomado muro Quede algún campesino irreverente Que os aseste traidor plomo seguro.

Alzaos, sí; la paz de que gozamos, Nosotros solamente nos la dimos, No de extranjera grey la mendigamos, Que a nadie juez de nuestra gloria hicimos.

Nuestra es la sangre que en la lid se orea, Nuestra es la santa ley que obedecemos; Grande o mezquina nuestra gloria sea, Obra fue nuestra, y nuestra la queremos.

¡Atrás las lises de la intrusa Francia! ¡Atrás los mercaderes de Inglaterra! Mientras valor nos quede y arrogancia, No ha de faltarnos libertad ni tierra.