Versos Spanish José Zorrilla Del «Pleito del matrimonio»

Spanish poem

Del «Pleito del matrimonio»

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No esperes, Ricardo mío, aunque en leerle me deleito, meterme de vuestro en el intrincado lío.

Yo tengo un modo de ser, un juicio y una moral, que de manera especial la sociedad me hacen ver.

Y vivo en ella a mi modo: tal como está organizada la tomo; y sin creer en nada como ella, lo acepto todo.

Tiene de utopias un ciento nuestra sociedad por base; miradlas bajo la base que mejor os venga a cuento.

Mas tiempo no malgastéis vuestro ingenio en arrojar en el abismo de un mar que nunca sondar podréis.

No os sumerjáis en el caos de pleito tal: se se os viene a la mano, y os conviene un matrimonio, casaos.

Si maridos para ser en condición no os juzgáis, no os caséis jamás, no hagáis infeliz a una mujer.

¿El matrimonio es legal institución? —Aceptadle tal cual es, o declaradle un contrato antisocial.

Mas meterse a discutir sobre tan arduo argumento, es querer dar aire al viento y sobre el agua escribir.

Si Teodoro y tú pensáis que por pedir su opinión a todos, vais la cuestión a dilucidar, erráis.

Yo dos veces me casé, y me casé, porque sí; con nadie lo consulté, parte de ello a nadie di.

Y si mal me lo guisé, con mi pan me lo comí: ¿a qué, pues, vienes a mí a que razones te dé?

Mas ya que con tal porfía quieres que mi firma vaya puesta en el pleito, no la haya por ella: allá va la mía.

Engasta, Ricardo mío, mi opinión en el volumen si quieres: de ella el resumen son los versos que te envío.

El cristiano matrimonio la base es de la familia; pero bien no se concilia nunca a Dios con el demonio.

La manera de casarse y la de vivir casados, para en hacer, despechados, a los casados ahorcarse.

¿Por qué? —¿Por la institución del matrimonio? —¡No tal! Por tomarlo todo hoy mal, de través y sin razón.

Díjelo ya, y hoy insisto en que por más que la echamos de cristianos, hoy andamos en contradicción con Cristo.

El casado quiere casa; y no hay casado que se halle en la suya, y a la calle se sale a ver lo que pasa.

Nuestros saraos, nuestras fiestas populares, cortesanas, religiosas o profanas, ¿a qué fin están dispuestas?

En público el matrimonio, casi ridiculizado, si es nudo ante Dios atado, lo desata aquí el demonio.

Y no hay de fiesta cartel que de moral no blasone; mas solamente se pone la moral en el papel.

A visitas, a paseos, y hasta a la iglesia, ¿a qué vamos? A ver de lo que gustamos y de gustar con deseos.

A ver y a ser vistos: que es de todas las relaciones comienzo, y es ocasiones buscar de dar un traspiés.

Van ellas con unos trajes que no son más que pretextos para ir desnudas; y ante éstos no hace la moral visajes.

Porque es la moda un tirano que a la moral avasalla; y, desnudándose, calla ante ella el pudor cristiano.

Vamos los hombres dispuestos siempre a envidar por doquier, y son marido y mujer doquiera a caer expuestos.

Lo cual para mí es lo mismo que en el alambre bailar sobre un volcán, y jurar no caerse en el abismo.

En matrimonio en que, ufano, a la mujer y al marido presenta con el vestido en moda hoy, ¿qué hay de cristiano?

La que tal vestido puesto lleva, y al pudor ofende, ¿con qué derecho pretende que vive en estado honesto?

¿Para quién es ya un misterio que de matrimonio tal tiene que ser natural consecuencia el adulterio?

Si aún algún cándido hay que así, ciego, no lo vea, llévale a que oiga o que lea a Sellés y a Echegaray.

De aserción tal no te asombres: siempre en el derecho zurdos, la moral a estos absurdos hemos traído los hombres;

y todo en contradicción anda en nuestra sociedad con la ley, con la verdad, y hasta con la religión.

Yo doy en el matrimonio la razón a la mujer; y todo en él, ami ver, da en su favor testimonio.

Con empeño farisaico que es, se enseña en el colegio, para el cura sacrilegio, sacramento para el laico.

Pues la moral ser no puede relativo, malo y bueno, triaca al par y veneno… harto digo, y aquí quede.

Los Santos Padres se empeñan en probar que la mujer es hija de Lucifer, y a odiar al hombre la enseñan.

La mujer que se resiente, doncella, viuda y casada, de verse representada por el hombre en la serpiente,

¿qué ha de hacer cuando se casa? ¿Con qué derecho el marido, si por sierpe la ha metido, la quiere anguila en su casa?

Si en vez de hacerla entender con fe y con razón cristiana que es del hombre hija y hermana, la dan por de Lucifer,

al hacer del matrimonio una institución social, el caso matrimonial se da a enredar al demonio.

Al hombre y a la mujer dió Dios la concupiscencia, origen de la existencia, pues da a los hijos el ser.

Si el instinto suprimir no podéis que nos da Dios, apareaos dos a dos y aprended a bien vivir.

Mas si esta unión natural santificar no queréis, no os caséis; mas no achaquéis a la mujer sola el mal.

Las queréis castas, modestas, ¡y hasta en el invierno crudo el cuerpo medio desnudo las hacéis andar expuestas!

Si de modo las vestís que en la calle y en la sala hacéis de sus formas gala, ¿por qué pudor las pedís?

Y si las despudoráis desde su edad más temprana, ¿por qué la moral cristiana en contra suya invocáis?

¿Dónde está vuestra moral? Gracias que la halle Revilla en la última redondilla de una comedia inmortal.

Para mí es gran necedad querer vivir tan a zurdas, en utopías tan absurdas basando la sociedad.

Mas Cristo nuestro Señor murió clavado a un madero por Redentor, y no quiero meterme yo a redentor.

Del mundo tal cual está lo que me acomoda tomo, y con mi pan me lo como como el mundo me lo da.

Dos veces matrimonié; si en dos necedades di, ni mal hice más que a mí, ni a la institución culpé.

Adiós, pues, Ricardo mío; de tu a los poetas saluda; mas no me metas a su inextricable lío.

De su moral… mas no hablemos; yo opino con mi Don Juan Tenorio, que en un inédito libro, canta este cantar: «Luchó la Naturaleza un día con la Moral; la Moral cayó debajo… no se ha vuelto a levantar.»