Versos Spanish José Zorrilla El bautismo de Jesús

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El bautismo de Jesús

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Ante el trono de Dios el cielo abierto, suspendido el dolor en el abismo, la absorta creación con ojo incierto se tornó a contemplar en el desierto el sublime misterio del BAUTISMO.

Juan, el derramador de la semilla de la palabra santa, de fe lleno avanzó del Jordán hasta la orilla; humilde y con el agua a la rodilla dobló ante él la cerviz el Nazareno.

Juan, llenando una concha de agua pura, la derramó sobre Jesús entera. La voz de Jehová tronó en la altura, y la raza de Adán la mancha impura perdió de su fatal culpa primera.

¡Hostia de expiación, blanco Cordero jamás contaminado de impureza! Tú, purificación del orbe entero, Tú, de limpieza virginal venero, ¿al agua ofreces la inmortal cabeza?

¿Quién se enaltece cuando Tú te inclinas? ¿Quién se cree limpio cuando Tú te bañas? ¿Quién llegará a esas márgenes divinas que, al beber de sus aguas cristalinas, no reciba la vida en sus entrañas?

Juez de los mundos, rey del firmamento, la ribera erial que holló tu planta, el río amargo cuyo curso lento bañó tu cuerpo, desde aquel momento fué dulce manantial, fué tierra santa.

Venturoso Jordán, por tu ribera trasciende aún el incorrupto aroma que exhaló de Jesús la cabellera; aún le recibe la gentil palmera del aura errante que de Ti le toma.

Del cuerpo de Jesús aún te embalsama el ámbar celestial: aun le respira el desierto con ansia, y en la llama del sol, por cuanto de él entorno gira, el soplo del Señor se desparrama.

El olor de la selva humedecida por la lluvia, el perfume campesino de los valles, la esencia desprendida de las flores, ¿qué son sino perdida emanación del hálito divino?

Jesús, que limpio del borrón infausto de la culpa mortal del primer hombre, al viejo mundo de esperanza exhausto, te viniste a ofrecer en holocausto de su maldita descendencia en nombre;

Jesús, Hijo de Dios y de María, lluvia del campo, aroma de las flores, vida del universo y luz del día, oye las preces que mi fe te envía desde la tierra, lecho de dolores.

Lava mi corazón de inclinaciones torpes, a Ti mi espíritu levanta, para que no me cierren mis pasiones las puertas de las célicas mansiones que me abrió del bautismo el agua santa.

FIN