Spanish poem
El crepúsculo de la tarde
Sentado en una peña de este monte Tapizado de enebros y maleza, Estoy viendo en el cárdeno horizonte Reverberar el sol en su grandeza.
Y allá esconde su luz tras la colina, Y se cree que su sombra nos oculta Otra región luciente y cristalina Do airado el sol su púrpura sepulta.
Arde la cima; el horizonte extenso Trémulo brilla con purpúrea lumbre; Un mar de grana le circunda inmenso, Y un piélago de sol flota en la cumbre.
El sol se va; su rastro luminoso Ha quedado un instante en su camino: ¿Quién seguirá en su curso misterioso La infinita inquietud de su destino?
El sol se va; la sombra se amontona; Las nubes en opacos escuadrones Avanzan al ocaso, y se abandona La atmósfera a sus rápidas visiones.
Si es que despiden a la luz del día, Si atropellan la luz porque se acabo, Si son cifras de paz o de agonía, Desde el Sumo Hacedor nadie lo sabe.
El sol se va; las nieblas se levantan; Los fuegos del crepúsculo se alejan; Murmura el árbol y las aves cantan; Y ¿quién sabe si aplauden o se quejan?
Gime la fuente, y silban los reptiles Que guarda entre sus algas la laguna, Y las estrellas por Oriente a miles Trepan en pos de la inocente luna.
El sol se va; ya en ilusión tranquila, De aérea nube entre el celaje gayo Que tras su lumbre con afán se apila, Desmayado pintó su último rayo.
Adiós, fúlgido sol, gloria del día! Duerme en tu rico pabellón de grana; Ora nos dejas en la noche umbría, Pero radiante volverás mañana.
Húndete en paz, ¡oh sol! que yo te espero; Yo sé que volverás de esas regiones Do allende el mar, como a inmortal viajero, Te esperan otro mar y otras naciones.
Y te esperan allá porque allá saben Que al hundirte en la playa más lejana Les dejas en tinieblas porque alaben La nueva luz que les darás mañana.
Yo sé que volverás, ¡luz de los cielos! Y ese volcán con que tu ocaso llenas Del alba al desgarrar los tenues velos, Cinta será de blancas azucenas,
Ve en paz, y allá te encuentres bulliciosa Otra feliz desconocida gente, Que ora tal vez pacífica reposa A la luz de la luna transparente.
Ve en paz, ¡oh rojo sol! si allí te esperan: Que allí, tras otros mares y otros montes, Derramados tus rayos reverberan En otros infinitos horizontes.
Tú alumbras las recónditas riberas Donde una gente indócil y atezada Alza en medio de bosques de palmeras Las tiendas en que duerme descuidada.
Tú alumbras las medrosas soledades Donde no crecen árboles ni flores, Donde ruedan las roncas tempestades Sobre un vasto arenal sin moradores.
Tú alumbras en sus márgenes cercanas Un pueblo altivo que a tu luz vasallo Te muestra sus bellísimas sultanas En el secreto harán de su serrallo.
Tú ves el blanco y voluptuoso seno De la europea en su niñez cautiva, El rojo labio de suspiros lleno, La frente avergonzada, pero altiva.
Tú ves la indiana de ébano orgullosa Con su tostada y vívida hermosura, Que entre dos labios de encendida rosa Asoma de marfil su dentadura.
Tú alumbras esas danzas y festines En que negras y blancas confundidas Unas de otras se ven en los jardines Cual sombra de sus cuerpos desprendidas.
Tú alumbras los recuerdos portentosos De Atenas, de Palmira y Babilonia, Y a par te esperan, de tu lumbre ansiosos, Monstruos de Egipto y cisnes de Meonia.
Te esperan las cenizas de Corinto, Las playas olvidadas de Cartago, Y del chino el recóndito recinto, Y el salvaje arenal del indio vago.
Te esperan de Salén los rotos muros, Del muerto mar los ponzoñosos riscos, Que de los pueblos de Gomorra impuros Son a la par sepulcros y obeliscos.
Tú sabes dónde están las calvas peñas En donde los primeros cenobitas, De Cristo tremolaron las enseñas, Alcázares tornando sus ermitas.
Tú sabes el origen de las fuentes, Los mares que no surcan raudas velas, En qué arenas se arrastran las serpientes, Y en qué desierto vagan las gacelas.
Tú sabes dónde airado se desata El ronco y polvoroso torbellino, Dónde muge la excelsa catarata, Por dónde el hondo mar se abre camino
Mas ya en tu ocaso tocas y te alejas; Ante ese inmenso pabellón de grana, Cuán ciego sin tu luz ¡oh sol! me dejas.... Mas vete en paz, que volverás mañana.
¡Mañana! ¡Y en tanto crecen Esos fantasmas de niebla Con que el ambiente se puebla En fantástico tropel! Y se agolpan esas nubes Que acaso al sol atropellan, Se confunden y se estrellan, Despeñándose tras él.
¡Mañana! Y de aquesta sombra Entre el denso opaco velo, No veo. el azul del cielo, Valles, ni montes, ni mar. ¡Mañana! Y ora encerrado En esta atmósfera oscura, Sé que existe la hermosura, Sin poderla contemplar.
¡Mañana! Y en esta noche Tan tenebrosa en que quedo, Me acongojan y dan miedo La noche y la soledad; Doquier que vuelvo los ojos, Doquier que tienda una mano, Miro y toco el ser liviano De la negra oscuridad.
Siento que a mi lado vagan Fantasmas que no conozco; Veo luces que se apagan Al intentarlas seguir; Percibo voces medrosas Que entre la niebla se pierden, Sin saber lo que recuerden Ni lo que intenten decir.
Siento herirme la mejilla Un soplo vago y errante, Como un suspiro distante De alguien que pasa por mí. Tiemblo entonces, temo y dudo; Mis años y mis momentos Me tienen mis pensamientos En estrecha cuenta allí.
¿Qué negro sueño es aquéste, Qué delirio el que padezco? Esta sombra que aborrezco, ¿Cuándo pasa? ¿Adónde va? La siento sobre mi frente Que en masa gigante rueda, Y siempre sobre mí queda, Siempre ante mi vista está.
En la sombra, me dijeron, Se delira y se descansa, El pesar duerme y se amansa, La aflicción toca en placer: En la sombra estamos solos, No nos oyen ni nos miran, Todos los ecos conspiran Nuestro mal a adormecer.
Mas yo aquí conmigo mismo, Oigo y veo, toco y siento A mi propio pensamiento Y a mi propio corazón: No estoy solo, no descanso, Me oyen, me ven, no deliro..... Y estos fantasmas que miro, ¿Qué me quieren? ¿Quiénes son?
Oigo el agua que murmura, Siento el aura que se mueve, Miro y toco, y sombra leve Hallo sólo en derredor; Busco afanoso, y no encuentro; Pregunto, y no me responden: ¡Ay! ¿Dó están, y dó se esconden Los consuelos del dolor?
No sé; que el cielo encapotan Esas nubes cenicientas Que se arrastran turbulentas Por la atmósfera sutil; No sé....; mas siento que todos Los recuerdos de mi vida, En tropa descolorida Me asaltan de mil en mil.
No sé; porque ¡no es reposo Este nocturno tormento Que el escuadrón macilento De mis recuerdos me da! ¡Tantas imágenes bellas Que giran en mi memoria! ¡Tantas creencias de gloria Que son ilusiones ya!
Flores marchitas del tiempo, De olor exquisito y sumo, Que pasaron como el humo, Que no volverán jamás..... Sol, tú has hundido tu frente Tras la espalda de ese monte; Mañana en el horizonte Otra vez te elevarás.
Sol, ¡mañana más radiante, En los brazos de la aurora Tornará tu encantadora Soberana esplendidez! Sol, tú ruedas por los cielos; Mas por el cielo que pueblas, Yo tropiezas con las nieblas De esta vaga lobreguez.
Sol, tú vuelves más sereno De tu viaje cotidiano; Sol, tú no esperas en vano Que volverás desde allí. Sí, tú volverás mañana; Mas al, tocar en tu Oriente, ¿Sabes tú, sol refulgente, Si mañana estaré aquí?
Mas vota en paz, ¡oh sol! baja tranquilo Por ese rastro de esplendente grana: Yo en esta roca buscará un asilo Hasta que vuelvas otra vez mañana.
Me han dicho que en la noche silenciosa Los espíritus vagan en el viento, Que flotan en la niebla misteriosa Sílfides blancas de aromado aliento,
Que las aéreas sombras bienhadadas De los que eran aquí nuestros amigos, Vienen sobre las brisas desatadas, Del nocturno reposo a ser testigos.
Me han dicho que en los bosques apartados, En las márgenes frescas de los ríos, Por el agua y las hojas arrullados, En torno de los árboles sombríos,
Danzan alegres, de su paz gozando, Y a los que en vida, con afán querían, Desde la turba de su alegre bando Ilusiones dulcísimas envían.
Y dicen que esos son los halagüeños Fantasmas que en la noche nos embriagan, Esos los blancos y amorosos sueños Que en nuestra mente adormecida vagan.
Tal vez será verdad; vendrán acaso Nuestra vida a endulzar esas visiones, Y de una estrella al resplandor escaso, Entonarán sus mágicas canciones.
Sí; tal vez a sus madres amorosas Colmarán de purísimos cariños Las transparentes sombras vaporosas De los risueños inocentes niños.
Tal vez venga el esposo enamorado Al triste lecho de la esposa viuda A darla en paz el beso regalado Que en su labio agostó la muerte ruda.
Tal vez sean en voz esos suspiros Con que la oscura soledad resuena, Y en aliento esa brisa a cuyos giros Mansa murmura la floresta amena
Tal vez será verdad; pero a mí ¡triste! Que no me vela amante y cuidadosa Esa sombra que a alguno en paz asiste, Amigo, hermano, idolatrada esposa;
A mí, que no me cercan esos vagos Benéficos fantasmas de la noche, Que en las ondas se mecen de los lagos, o de la flor en el cerrado broche;
A mí ¡triste de mí! no me acompañan Esas sombras de amor, blancas y bellas, Porque mi adusta soledad extrañan, Porque yo velo mientras vagan ellas.
Yo no tengo una madre ni un amigo Que deje los alcázares del cielo, Y en nocturna visión venga conmigo A prestarme en mi afán calma o consuelo
Yo, a quien los suyos ofendidos lloran, A quien no deben más que su amargura, Recelo de los mismos que ¡no adoran, Temo el misterio de la sombra oscura.
No hallo en ella ni sílfides, ni magas, Que en esas solitarias ilusiones Sólo siento en redor torvas y vagas Las memorias de hiel de mis pasiones.
No quiero sombra. ¡Oh noche, te aborrezco! Odio la luz de tu tranquila luna, Ante tus bellas sombras me estremezco, Porque no tienes para mí ninguna.
Yo espero al sol; baja refulgente, Revestido de pompa soberana; Yo espero al sol, que por el, rojo Oriente Vuelve a nacer espléndido mañana.
Yo amo la luz, y el cielo, y los colores, Detesto las tinieblas, amo el día; Todas en él las auras son olores, Todos en él los ruidos armonía.
Entonces reverbera el manso río, Abren su cáliz rosas y azucenas, Y las lágrimas puras del rocío Bordan sus hojas, de perfume llenas.
Yo espero al sol; entonces se levanta L tierra a saludarle perezosa, Y el ruiseñor entre los olmos canta, Y llena blando son la selva umbrosa.
Yo espero al sol, porque su luz gigante Me deslumbra y embriaga y enloquece, Y al seguirle en su curso rutilante, Mi pesar en el pecho se adormece.
Sol..., ¡inmortal y espléndido viajero! Yo como tú me perderé sin tino, Iré, desconocido pasajero, Sin término vagando y sin camino.
Ya bramen los revueltos temporales, Ya murmuren las brisas perfumadas, Ya cruce por desiertos arenales, Ya me pierda en florestas encantadas;
En los mullidos lechos de un serrallo, En la triste mansión de una mazmorra, Altivo triunfador, servil vasallo, Negra fortuna o liberal me acorra,
Te buscaré a través de las cadenas, Bajo los ostentosos pabellones, Del río por las márgenes amenas Y a través de los rotos murallones.
Yo buscaré tu lumbre soberana Del mar tras los cristales movedizos, Y soñando a los pies de una sultana, En la espiral de sus flotantes rizos.
Y tal vez de un proscrito los cantares Desde unas costas lúgubres y solas, Lleguen, cruzando los inmensos mares, A sus queridas playas españolas.
¡Feliz entonces si a la fin pasados Mis locos, criminales extravíos, De mis fúnebres cánticos tocados, Les merezco una lágrima a los míos!
Conjuraré a los céfiros ligeros De aquellas selvas a la mar vecinas, Y a los rápidos bandos pasajeros De las sueltas y pardas golondrinas.
Que ingrato a cuanto amé, solo y perdido, Un verdugo alimento en mi memoria; Y para hundirla entera en el olvido, Loco deliro un porvenir de gloria.
Gloria o sepulcro ¡oh, sol! busco anhelante; Gloria o tumba tendrá mi audacia insana. Si buscas mi destino, ¡oh sol radiante! Yo estaré aquí; levántate mañana.