Spanish poem
Dentro
La ciencia no se vende: y quien el cáliz Osa apurar de la verdad amarga, En el veneno que al saberla bebe La compra por su mal bastante cara. Entra.—Abrióse la puerta: pasó el hombre, Y fué todo silencio, sombra, nada.
En medio de un morisco gabinete Que, á juzgar por su bóveda cerrada, Pertenece sin duda á alguna obra Desconocida, oculta y subterránea, Al suave resplandor con que la alumbran De pulido alabastro cinco lámparas, Hay una fuentecilla que se vierte De mármol transparente en una taza. El desborde del líquido impidiendo, Un sumidero que su fondo orada Le conserva en nivel constante siempre, La que sume igualando á la que mana. Su ancho tazón que sobresale apenas Del pavimento, á la arabesca usanza, Cercado está de blandos almohadones Y tupidas alfombras toledanas; Mas parece que sólo se destinan Por el rico señor de aquella estancia Á que gocen sus huéspedes la vista Y el grato són de la corriente mansa: Y la luz de las lámparas, que recta En su cristal á reflejarse baja, Para alumbrar también parece sólo La transparente linfa preparada. Radia empero esta luz por todas partes En rededor de la ostentosa cámara Sobre mil preciosísimos objetos, Que la opulencia del señor delatan. Ricos jarrones del Japón que ostentan Índicas flores que en su seno arraigan, Plumas costosas de chinesco origen, Y talismanes y amuletos y armas Por su rara virtud ó precio enorme De enriquecer capaces á un Monarca, Decoran el fantástico aposento Que aroma un ancho perfumero de ámbar: Exquisitos damascos, cairelados Con anchos flecos y tejidas randas, Cubren los muros, cuyo friso adornan Minuciosas labores africanas; Y del techo estaláctico, de cedro y olorosas maderas cinceladas, Los huecos casetones laberínticos Miniaturas espléndidas esmaltan. El murmullo continuo de la fuente, La suave luz en ella reflejada Y el aroma oriental del perfumero Que harmoniza, ilumina y embalsama El aire de este asilo misterioso, Embebecen el ánimo y embargan Los sentidos, y el alma á las delicias De beáticos éxtasis preparan. Al respirar su atmósfera vivífica La cavidad del pecho se dilata Con placer inefable: y, cual si en ella Un bálsamo vital se inoculara, Corre la sangre renovada, al cuerpo Comunicando ligereza extraña, Como si el soplo de benigno genio Su peso terrenal aligerara. Este deleite, empero, inexplicable, Este placer magnético que embriaga El ánimo y el cuerpo en este sitio, Tanta delicia infunde, que aletarga. Aura parece del Edén, divina Fruición de la gloria que, arrastrada Á la tierra de impuro sortilegio Por la virtud, deleita pero daña. Mansión es ésta singular: acaso En ella con sacrílega amalgama El ambiente vital del paraíso Y el aliento satánico se hermanan. Mansión que está sujeta á algún encanto, Ó por algún espíritu habitada, Ó por un sabio mago está dispuesta Para abusar de la razón humana. Fantástica mansión, cuyo recinto Se encierra oculto en la maciza fábrica De los hondos cimientos que mantienen La torre secular que al vulgo espanta.