Versos Spanish José Zorrilla Esclavo

Spanish poem

Esclavo

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Sí, Sultana, soy Cristiano: Me cautivaron en Jerez los Moros, Y conservo mi fe. Si contra ella Me mandaras obrar, perdona, pero No te obedecería. Dios es antes Para mí que la vida.—La Zoraya Le oía de hito en hito contemplándole, Y recordando que en sus venas corre Sangre cristiana, chispeante y roja, Con ardiente rubor la faz sentía: Su niñez con vergüenza recordaba Tímida ante el esclavo la señora: Pronto, empero, repuesta y su sonrisa Habitual en sus labios ver dejando, Más terrible mil veces que su ceño, Díjole:—«Eres cristiano..... enhorabuena. Veamos lo que saben los cristianos Para abreviar el tiempo á sus señores Cuando pesa sobre ellos el fastidio, Ó esperan, y esperar les importuna. Dime: ¿En qué te ocupabas en tu patria? —Era paje de un noble caballero De Calatrava.—¿Cuál era tu oficio Con él?—Le preparaba sus arneses, Salía detrás de él á la campaña, Me batía á su lado. Si vencíamos, Dábamos gracias al Señor á un tiempo; Si nos vencían y salía herido, Le curaba, velándole constante Junto á su lecho: y en salud completa Ó en grave enfermedad, todas las noches Devotas oraciones le leía, Ó leyendas sagradas de la Biblia Le recitaba. Así creí, Sultana, Mi existencia pasar en su servicio Mientras durara su existencia, y luego, Admitido en la Orden, como noble Pelear y morir en la defensa De mi fe; Dios, empero, de otro modo Lo dispuso, Sultana. Un día aciago, Caminando la vuelta de Antequera, Dió en nosotros un árabe algarada. Viajábamos diez y ocho caballeros Con otros tantos pajes, y los Moros Eran un escuadrón; nos aprestamos Á combatir: cayeron uno á uno Los más valientes, mi señor entre ellos. Yo, con intento de salvar su cuerpo Ó perecer sobre él, lidié con ira, Y Dios me castigó: caí cautivo, Y pasto de los cuervos fué el cadáver Del último Solís, hijo de Martos; Su familia y la gloria de su casa Acabaron en él. Tal es mi historia, Sultana. Tuyo soy, manda á tu esclavo.» La favorita de Muley sus ojos Encendidos de cólera fijaba Sobre los ojos del cautivo, en vano De sus palabras la intención oculta Profundizar queriendo. Ella, cristiana Y de la raza de Solís nacida, Era el último sér que se animaba Con sangre de Solís. Aquel esclavo, Servidor de su casa en otro tiempo, La vió niña tal vez en el castillo De la encomienda de su padre; ahora, En Granada cautivo, ¿conocía De su señor á la hija renegada? Su presencia en la Alhambra, ¿era un agüero Favorable ó funesto? ¿Era un amigo Que velaba por ella? ¿Era un espía Que traidor la acechaba? Los recuerdos De su infancia dichosa y sus dormidos Remordimientos, á la par alzándose Como horribles espectros á su vista, La helaron de terror. La sombra airada De su ultrajado padre parecía Que tras aquel cristiano á levantarse Iba, y en el pavor supersticioso De su alma criminal y en la nerviosa Exaltación del miedo, sus miradas Fijó en la puerta de la estancia. Ante ella, Pálido como el mármol que sostiene Su cincelada bóveda, sombrío Cual fantasma del féretro evocado, El viejo Aly-Mazer la contemplaba En lúgubre silencio. Sus pupilas Radiaban con fulgor siniestro y trémulo, Y los hilos brillantes de sus rayos, Como los de la baba poderosa De la culebra, al estrellarse ardientes En las pupilas de Zoraya, á ellas Se adherían tenaces, é invisible Extendiendo una red en torno suyo, En sus mágicos nudos la envolvía, Y el vigor de su sér paralizaba, Aunque en su helado cuerpo arder sentía La inquieta sangre como hirviente lava. Subyugada, incapaz de movimiento, Víctima de poder incomprensible, Vió Zoraya cruzando el aposento Llegar á Aly-Mazer con paso lento, Su mágica influencia indefinible Dominando su sér, y en su semblante Su fulgente mirar teniendo fijo, Con desdeñosa voz así la dijo: —«¿Te fastidias, Sultana? ¿Te impacientas? ¿De tu infeliz alméh con las historias Vacías de interés no te contentas? ¿Por qué no lees las íntimas memorias Que en el fondo de tu ánima aposentas? ¿Por qué en vez de leyendas ilusorias No lees sobre tu faz tu historia horrenda? ¿Crees que no hay interés en su leyenda? Iguales son los fallos soberanos Para todos: delira y entretente Tu porvenir meciendo en sueños vanos: Mas escrito tu horóscopo en tu frente Llevas: sobre las rayas de tus manos Tus ojos pon y le verás patente. Naciste y morirás entre cristianos: Y, más fatal que el de Abdilá, tu sino La obscuridad te anuncia solamente; Su estrella real apagará tu estrella: Su destino anonada tu destino; Extranjera á Granada, no hay en ella Para tu raza impura Ni trono, ni mansión, ni sepultura. Esclava sin pudor, tu cuello doma Al yugo de tu dueño; renegada Sin fe y sin patria, el fugitivo aroma De tu poder pasó: sobre Granada De otro poder real el alba asoma; Tú no posees sobre su tierra nada: La estrella de Bu-Abdil, contraria tuya, Es fuerza que al brillar tu luz destruya.» Dijo el severo Aly, y con el cristiano Partió, y á la Sultana fascinada Un escrito al partir dejó en la mano.