Versos Spanish José Zorrilla Fantasía — I (¿Imaginas que son, Muriel amigo)

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Fantasía — I (¿Imaginas que son, Muriel amigo)

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¿Imaginas que son, Muriel amigo, Barreras para mí tiempo y distancia? ¿Piensas que porque Flandes me da abrigo, Mientras tú habitas en la inquieta Francia, Mi voz no puede platicar contigo, Mi pie no puede visitar tu estancia? ¡Error! Por ti los imposibles puedo, Y aunque de Francia parto en Francia quedo.

¿No sabes que el poder de los poetas Es inmenso, Muriel: que cuanto tocan Hechizan con su magia: que, sujetas Á su poder, las almas se convocan Á oirles: que con prácticas secretas Hablan con el ausente, al muerto evocan, Reedifican de un soplo las ciudades Y hacen retroceder á las edades?

¿Sus órdenes no sabes que obedecen Ejércitos de genios que á millares Amigos por doquier les favorecen, Haciéndoles los montes y los mares Transponer: que doquiera se aparecen Sin respetar ni tiempos ni lugares: Para quienes no hay diques, ni barreras, Policías, aduanas, ni fronteras?

¡Mísero amigo mío! ese medroso Són que á los pies de tu callado lecho Percibes con pavor, que tu reposo Turba agitando tu apenado pecho, No es del chisporroteo bullicioso Que alza tu lamparilla, en el estrecho Círculo ahogada del cubierto vaso: Es el rumor de mi imprevisto paso.

Soy yo, que los espacios transponiendo De mi secreta magia con el arte, En alcázar fantástico pretendo Tu cairelado lecho transformarte. Soy yo, Muriel, que, ante tu faz abriendo Su dorado cancel, voy á guiarte Á través de una espléndida morada Por misteriosos seres habitada.

Sí, yo soy quien asalto tu aposento. Despierta, pues; la inspiración ahora En mis entrañas inflamarse siento Con fuego creador que las devora. Incapaz de guardar mi pensamiento El tropel de delirios que atesora, Va á romper impetuoso sus barreras Y á lanzar en la sombra sus quimeras.

Yo, poeta que al mundo fuí evocado Del fondo de una abierta sepultura, Camino de fantasmas rodeado, Sueños de mi creencia y mi locura. Manes que sus sepulcros han dejado Para seguirme por la tierra obscura, Conmigo van y con mi aliento aspiran, Doquier me cercan y doquier me inspiran.

Sobre sus alas con errante vuelo Los antros más recónditos visito, De la pasada edad levanto el velo, En sus viejos alcázares habito, El sueño de sus héroes desvelo, Sus caballeros á la lid concito, Y al eco audaz de mi inspirado acento Acuden cabalgando sobre el viento.

Á veces á la luz de las estrellas, Por una soledad no conocida Ni habitada jamás, sigo sus huellas Escuchando el relato de su vida En una lengua cuyas frases bellas Una armonía exhalan nunca oída, Y sin auxilio de palabra ó letra En mi encantado corazón penetra.

En aquellas fantásticas regiones El tesoro riquísimo se encierra De aquellas misteriosas tradiciones Que la historia veraz de sí destierra, Más que de sus recónditos rincones Tenaz la poesía desentierra, Y que, al amparo de la fe y del arte, Forman en su región un mundo aparte.

Allí están las tristísimas bellezas Que lloraron incógnitos amores: Los héroes sin prez cuyas proezas No ensalzaron jamás los trovadores: Armado el paladín de todas piezas, Coronadas las vírgenes de flores, Tendidos los de Oriente sobre chales Ornados con moriscos almaizales.

Allí están las purísimas mujeres Que, encerradas en santos monasterios, Conversaron del cielo con los seres De la virtud sondando los misterios: Que oyeron en sus místicos placeres De los santos Querubes los salterios Y cuyo corazón, libre de amores, Se espigó y se secó como las flores.

En medio de estos seres ideales, Que no están amasados con la escoria De que fuimos formados los mortales, La vanidad de la mundana gloria Despreció y halló bálsamo á los males De nuestra frágil vida transitoria, Tejido espeso de miserias largas, De días de pesar y horas amargas.

Allí es donde, á la luz de las creencias De nuestra infancia, quemo á las memorias De nuestra hermosa patria las esencias De la fragante poesía. Historias Cuyo relato embarga las potencias Son las de estas visiones ilusorias, Compañeras alegres de mis cuitas, De edad mejor imágenes benditas.

Espíritus que en torno de mi lecho Velan y por mi bien se multiplican, La pesadilla ahuyentan de mi pecho, Mis penosos ensueños dulcifican, Del corazón en la impureza hecho Los malignos intentos purifican, Y transforman el campo de mi mente En un florido Edén resplandeciente.

Ellos en mis vigilias solitarias Me distraen con dulcísimas memorias, Me hechizan con sus himnos y plegarias Y á que escriba me incitan sus historias: Por sus regiones vago imaginarias, Abrazo sus visiones ilusorias, Y en otra creación, con otros seres Paso mi vida, parto mis placeres.

Por eso elijo las nocturnas horas Para hacer el relato de mis cuentos, Labrando en las tinieblas incoloras Las torres de mis locos pensamientos. Por eso de sus sombras protectoras, Asaltando á favor tus aposentos, Vengo á hacerte, Muriel, la pobre ofrenda De esta loca y fantástica leyenda.

Tú que, amigo sincero, mis pesares Cariñoso y leal has consolado: Tú que del infortunio en los azares Apoyo generoso me has prestado: Tú que con honda fe de mis cantares El poder misterioso has invocado Del duelo y el afán como anatema, Escucharás benigno mi poema.

Tú, que sabes del mundo retirarte, Sin que pueda el turbión de sus insanos Delirios en su vértigo arrastrarte: Que de una noble sociedad de hermanos Has sabido en tu cámara cercarte Para escuchar mis cuentos africanos, Quiero que des tu nombre á la portada De mi oriental leyenda de GRANADA.

¡Y ojalá dure la memoria mía Cuanto duren los siglos venideros, Y corra este papel, famoso un día, De la tierra los ámbitos enteros: Para que desde Norte á Mediodía Vayan nuestros dos nombres compañeros, Y el tuyo brille en la futura historia Al resplandor de mi futura gloria!

Óyeme pues, Muriel, antes que vuelen Las horas de los sueños y visiones: Antes de que los genios se desvelen Contrarios de mis vagas creaciones, Y las parleras auras les revelen El oculto poder de mis canciones: Antes, en fin, que el Sol con rayos puros Disipe mis poéticos conjuros.

Óyeme lejos del tumulto loco De la revuelta sociedad, y fía Que no nos faltará, si yo la evoco, Para escuchar mis versos compañía. Yo, que á mi voz animo cuanto toco, Voy á poblar la atmósfera vacía De multitud de espíritus atentos Que contigo á la par oigan mis cuentos.

Al soplo de mi aliento poderoso, Va á circundarnos y á prestarme oído Ese mundo de sombras vagaroso Por tus preciosos lienzos repartido. Ese mundo fantástico en reposo Mantenido hasta hoy, va desprendido Del muro á hacer de mi velada parte: Porque, ¿qué hay imposible para el arte?

Yo amo, Muriel, los lienzos y esculturas Que tu curiosa cámara guarnecen; Sus soñadas ó históricas figuras Amigos de mi infancia me parecen: De otra vida anterior memorias puras, Recuerdos que mi sér rejuvenecen, Genios tal vez de mi existencia guías, Que la conducen á mejores días.

La causa ignoro, mi razón no alcanza Por qué ha unido, Muriel, mi loca idea Á un porvenir de luz y de bonanza Cuanto el lugar de tu mansión rodea: Mas cuanto en mis delirios de esperanza Mi corazón, supersticioso, crea, Lo veo de tus cuartos y pinturas Ornado con los muebles y figuras.

Ellos han escuchado los primeros De mi laüd morisco la armonía, Y, á crëer en fanáticos agüeros, Padrinos son de la fortuna mía. En brazos de esas damas y guerreros Salen mis versos á la luz del día, Y yo de su presencia no renuncio, Crédulo, en mi favor, al fausto anuncio.

Yo, en el campo del arte peregrino, Doquier del arte adorador profundo, Que presentado á ser voy imagino En brazos de las artes en el mundo: Y pues me trajo entre ellas mi destino Á desplegar las hojas en que fundo Mi esperanza á la gloria que ambiciono, Á ilusión tan dichosa me abandono.

Murillo, Rafaël, Salvator Rosa, Piombo, Teniers, Tiziano, Stein, Morales, Cuyas firmas de mano vigorosa Leo sobre esos lienzos inmortales, Aunque, viles, no logren otra cosa, Para mis pobres cantos orientales, Yo de vuestra presencia los auspicios Acepto con afán como propicios.

Y tú, dulce y amante Garcilaso, Cortesano cantor de los pastores, Que cuenco pastoril el áureo vaso Hiciste do libaste tus amores: Tú que entre miel y ámbar á tu paso Sembraste versos que brotaron flores, Ve si á los míos tu dulzura inspiras Desde ese marco en que tenaz me miras.

Y vosotros, bizarros personajes, Seres faltos de sér, á quien del caos Para adornar sus fondos y paisajes Sacó el genio vivífico: animaos. Á mis cristianos himnos y salvajes Sonatas africanas despertaos: La poesía en las pasadas eras Movió los montes y domó las fieras.

Vivificaos, pues, y en torno mío Agrupaos ¡oh imágenes hermosas Del amor, el pesar, la fe y el brío! Venid ceñidas de fragantes rosas, Ó devorado el corazón de hastío, Visiones del desierto pavorosas, Diana impura, llorosa Magdalena, Vigorosa Judit, robada Elena.

Alba severo, incógnitos señores De plegados vuelillos y valonas, Apáticos flamencos fumadores, Zagales cuyas cabras juguetonas Pasto buscan de céspedes mejores: Del marco desprended vuestras personas, Formad una callada fantasía Que auditorio idëal preste á la mía.

Revivid á mi acento, yo os conjuro, Creaciones que estáis en el dominio De la imaginación: congreso impuro De dioses ya sin cielo, del triclinio Baja á mi voz, y aunque te sea duro Renunciar del Parnaso al patrocinio, Ven á adorar en mis severos cantos La gloria de otros númenes más santos.

Venid lúbrica Venus, rubia Ceres, Diosas en otros tiempos inmortales, Otros genios á ver y otras mujeres Hollando vuestro altar y pedestales. Nuevas Divinidades, nuevos seres De prez y de virtud más celestiales, Dan hoy á una mejor mitología Con más íntima fe más poesía.

¡Gracias, bellas quimeras! ya os percibo; Dejad de mis conjuros al acento La vil materia en que creó cautivo Vuestro ficticio sér un pensamiento. Apréstate, Muriel: al soplo vivo De mi fecundo é inspirado aliento, Voy á abrir á tu atónita mirada El recinto de la Árabe GRANADA.