Spanish poem
Exposición
En el nombre de DIOS omnipotente, Cuya presencia el universo llena, Cuya mirada brilla en el Oriente, Nutre las plantas y la mar serena, Canto la guerra en que la hispana gente Al África arrojando á la agarena, Selló triunfante con la Cruz divina Las torres de la Alhambra granadina.
¡Espíritu de Dios único y trino, Ángel Custodio de la Fe Cristiana, Único fuego que del Cielo vino, Única fuente que incorrupta mana, Único rayo del fulgor divino, Única inspiración que soberana Eleva al Criador la poesía: Yo invoco tu favor para la mía!
Sostén mi voz, mi espíritu aconseja: Mas tolera que en carmen Africano Recoja alguna flor con que entreteja Cairel morisco á mi laúd cristiano: Ni juzgues que mi fe de Ti se aleja, Si algunas veces del harén profano Las alkatifas perfumadas piso, Ó invoco á las hurís del paraíso.
Voy la gloria á cantar de dos naciones Por religión é instintos enemigas, Que, fieles á la par á sus pendones, Prodigaron al par sangre y fatigas, Rojas brotar haciendo sus legiones Con la sangre común aguas y espigas: Y cual la de los dos corrió mezclada, Junta debe su gloria ser cantada.
Pues no porque en su límpida entereza Conserve yo la fe de los Cristianos Que hicieron del desierto á la aspereza Volver á los vencidos Africanos, Del vencedor loando la grandeza Trataré á los vencidos de villanos. No: siete siglos de su prez testigos Los dan por caballeros si enemigos.
Lejos de mí tan sórdida mancilla: Antes selle mi boca una mordaza Que llame yo en la lengua de Castilla Á su raza oriental bárbara raza. Jamás: aún en nuestro suelo brilla De su fecundo pie la extensa traza, ¡Y, honrado y noble aún, su sangre encierra Más de un buen corazón de nuestra tierra!
¡Augusta sombra de Isabel! perdona Si mi ruda canción osa atrevida, Llegando irreverente á tu persona, Del féretro evocarte á nueva vida. Sé que la gloria que inmortal te abona No puede por mi voz enaltecida Ser: mas yo bajo á tu mansión mortuoria No á engrandecer, sino á adorar tu gloria.
Díselo así al Católico Fernando, Si en medio de las dichas celestiales Alguna vez, por el Edén vagando, Recordáis vuestras glorias terrenales, La obscura tierra desde el sol mirando: Y al escuchar mis cánticos mortales, Mirad á vuestra gloria, que me inspira, No al rudo canto de mi tosca lira.
Y vosotros, guerreros de Castilla, Honor de sus más ínclitos solares, Nobles Condes de Cabra y de Tendilla, Merlos, Téllez, Girones y Aguilares, Cárdenas y Manriques de Sevilla, Fieles Vargas, intrépidos Pulgares, Córdovas generosos de Lucena, Impávidos Clavijos de Baena:
Mendozas de alta prez, Portocarreros Y Ponces de León, de cuya historia Sus anales jamás perecederos Henchidos guarda la Española gloria: Y vosotros también, ¡oh caballeros Árabes! dignos de gentil memoria: Muza, postrero campeador del Darro, Indeciso Boabdil, Zagal bizarro,
Aly-Athar insepulto, Hamet Rondeño, Lince de las fronteras castellanas, Reduán inalterable y zahareño, Gazul de las doncellas africanas Querido, Hacén tenaz, Ozmín trigueño, Tarfe, horror de las crónicas cristianas; Y vosotras, sultanas granadinas De nombres y leyendas peregrinas:
Aija la varonil, matrona osada Jamás rendida á su fatal destino: Zoraya, la cautiva renegada, Por cuyos hijos la discordia vino Á derribar el trono de Granada: Moraima la de Loja, á quien su sino Obligó á encomendar sin esperanza Vida y honor á Castellana lanza;
Perdonadme también si mis canciones, Á través de los mármoles tendidos En vuestros solitarios pantëones, Hieren en ronco són vuestros oídos. Sé que merecen más vuestras acciones Que elogios en mi voz mal atendidos: Mas si, en fuerzas escaso, á tal me atrevo, Es porque sé lo que á mi patria debo.
Sé que es la empresa donde me he empeñado Dédalo obscuro, inmensurable abismo, Do sólo penetrar han intentado Necia temeridad ó alto heroísmo: Conozco que, en mi orgullo, demasiado Fío en mi corazón, fío en mí mismo: Mas supera la fe mi atrevimiento, Y fío en Dios que abonará mi intento.
Deliciosos recuerdos de otros días De honor y de placer, de amor y gloria, Que envuelta en romancescas fantasías Guardáis oculta vuestra bella historia, Exhalada en confusas armonías De himnos de amor y gritos de victoria: Dad á mi corazón, dad á mi aliento Generoso poder, canoro acento.
Águilas que os cernéis con corvo vuelo Sobre el Atlas y el Cáucaso; pastores Que sesteáis á la sombra del Carmelo Y bajáis al Jordán los baladores Ganados: y vosotros los que en pelo Montáis salvajes potros voladores, Hijos de los ardientes vendavales Que barren los egipcios arenales;
Tribus perdidas y á las de hoy extrañas, Para quienes la Europa no se ha abierto, Que incendiáis al huir vuestras cabañas Y en la Zahara avanzáis el paso incierto; Gacelas de las árabes montañas, Apareadas palmas del desierto; Caravanas errantes á quien ellas Dátiles dan y leche las camellas;
Palomas de los cármenes floridos Que bordan las colinas de Granada; Golondrinas leales que los nidos En la Alhambra colgáis; enamorada Raza de ruiseñores que escondidos Gorjeáis de su bosque en la enramada, Arroyos que, á su sombra, bullidores, Laméis su césped y mecéis sus flores;
Sierras que cubre el sempiterno hielo Donde Darro y Genil beben su vida; Valles salubres, transparente cielo De la Alpujarra aún mal conocida; De Málaga gentil alegre suelo De la hermosura y del amor guarida; Mar azul cuyo lomo cristalino Á las quillas de Agar prestó camino:
Abridme los tesoros encantados De vuestras glorias mil tradicionales; Dadme á beber los que guardáis sagrados De inspiración inmensos manantiales; Germinad en mi mente, no estudiados, Vuestros cantos de amor meridionales, Por que pueda brotar del arpa mía Vuestra oriental y virgen poesía.
De sus cuerdas despréndanse sonoras Esas modulaciones nunca oídas Por los pueblos de Europa, y de las moras Tribus por nuestros pueblos aprendidas; Esas notas ardientes, tentadoras, Que aun hoy por tosca mano repetidas Renuevan en los huertos de la Alhambra La de veloz compás morisca zambra.
Venid en torno á mí, generaciones Ateridas del Norte, que con pieles Vestís nuestras moriscas tradiciones, Rasgando sus bordados alquiceles: Venid á oirlas en sus propios sones Y lengua original de bocas fieles, Al pobre són de bárbara guitarra Debajo de un peñón de la Alpujarra.
Venid, aprenderéis del Mediodía Cuál el origen es de los cantares Que jamás comprendió vuestra alma fría; Sabréis cómo entre bélicos azares Nació la abrasadora poesía De nuestros bellos cantos populares; Y en el lujo oriental de su riqueza, Considerad su bárbara grandeza.
Pues por hijos de bárbaros osada Vuestra historia nos da, sea en buen hora: No esa bárbara estirpe renegada Será por mí; mas á admirar ahora Venid el rastro que dejó en Granada La ilustración de nuestra estirpe mora: Y en el lujo oriental de su riqueza Adorad nuestra bárbara grandeza.
Sí: yo os voy á contar la historia bella De esos á quien llamáis fieros salvajes, Y fío en Dios que entenderéis por ella Que puede despreciar vuestros ultrajes Quien Alhambras dejó sobre su huella, Quien labró fortalezas como encajes, Y quien colmó por cóncavo arrecife Las albercas del real Generalife.
Yo os voy á hablar del mágico recinto De esta por ellos habitada tierra, Y á mostraros lo que este laberinto De jardines y alcázares encierra. En llanto y sangre le dejaron tinto, Pero tan fértil con su amor y guerra, Que la flor más silvestre aromatiza Y el más vulgar recuerdo poetiza.
Yo os haré ver, de nácar, concha y oro Sobre arcos, sus balsámicos pensiles, Do brotan junto al cedro el sicomoro, Junto al nudoso abeto las gentiles Palmeras, junto al álamo inodoro El plátano aromado, las sutiles Hebras de la ancha pita entre rosales, Y el fragante limón entre nopales.
Yo os haré ver su pueblo primitivo, Mitad rudo pastor, mitad guerrero, Cuyo robusto labrador activo, Cambiado en la ocasión en caballero, Lidió, veloz Numida al golpe esquivo, Con el jinete colosal de acero: Y aplazando con él treguas extrañas, Corrieron toros y jugaron cañas.
Yo os haré oir sus cuentos populares Y sus caballerescas tradiciones En torno y al calor de sus hogares; Vendréis á sus nocturnas reuniones Conmigo, sus combates singulares Juzgaréis, sus civiles disensiones Lamentaréis, saldréis á sus campañas Y testigos seréis de sus hazañas.
Vendréis á sus palacios construídos Para la guerra á un tiempo y los placeres, Y leeréis en sus muros, revestidos De miniaturas, de oro en caracteres Con sacra fe caballeresca unidos Los nombres de su Dios y sus mujeres: Sin que halléis en la casa que fué suya Nada que en pro de su saber no arguya.
De fakíes, de reyes, y vasallos Os contaré los gozos y las cuitas: Os haré penetrar en sus serrallos Y asistir á sus rondas y á sus citas: Y sus muebles, sus armas, sus caballos, Sus bazares, sus baños, sus mezquitas, Desde el hogar hasta la móvil tienda Todo lo váis á ver en mi leyenda.
Que es del poeta grande á maravilla El poder, y radiante su mirada, Como un fanal que las disipa, brilla En las tinieblas de la edad pasada. Venid, pues: con las lanzas de Castilla Os voy á conducir hasta Granada: Y, á pesar de sus fieros Africanos, En la Alhambra entraréis con los Cristianos.
Tal es, tan grave, tan inmensa y alta La empresa nueva y colosal que intento: Tal es la altura que atrevido asalta Descarriado quizá mi pensamiento; Mas si del vuelo en la mitad me falta Fuerza al impulso ó á las alas viento, Siempre sabré sin deshonor que, en suma, No me faltó el valor, sino la pluma.
¡Tierra oriental, mansión de la alegría, Favorita del sol y de las flores, Santuario del valor, cuna del día, Paraíso del ocio y los amores, Tesoro y manantial de poesía! Voy á cantar tu gloria y tus primores. ¡Tierra de bendición, al Cielo santo Pide la suya tú para mi canto!
¡Salve, ciudad del sol, Granada bella, Amor de Boabdil, huerto florido Que entre nieves estériles descuella, Taza de nardos, de palomas nido, Diamante puro que sin luz destella, Edén entre peñascos escondido, Ilusión de esperanza y sueño de oro Que halaga aún al corazón del Moro!
¡Salve, vergel en donde el alba nace Y donde el sol poniente se reclina, Donde la niebla en perlas se deshace Y las perlas en plata cristalina: Donde el placer sobre laureles yace Y Dios sonríe y la salud domina! Divino objeto de mi canto rudo, Yo al empezar mi canto te saludo.
Heme aquí, vueltos hacia ti los ojos, Descubierta al nombrarte la cabeza, Con amoroso afán puesto de hinojos, Rendido adorador de tu belleza, Ofrecerte mis cantos por despojos Si dignos son de tu inmortal grandeza; Tiéndeme, pues, bellísima Granada, Al elevar mi voz una mirada.
Y ¡plegue á Dios que mi amoroso acento Por cima de los montes y los mares Lleve á tu Alhambra sonoroso viento Que armonía mejor dé á mis cantares! Y si te dan á ti contentamiento Y algún premio por ellos me buscares, Dame á tu vez ¡oh flor de mis amores! Sepultura al morir entre tus flores.