Versos Spanish José Zorrilla Fe

Spanish poem

Fe

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- I -

«En manos del placer adormecido, Sin otro porvenir que los placeres, El oro y las mujeres Mi solo Dios y mi esperanza han sido. ¡Lindas quimeras de mi edad pasada Que me dejáis el alma emponzoñada, Decid, ¿dónde habéis ido?

»Lancéme a los deleites avariento, Gocé con ansia y apuré su hartura; Mi Dios y mi ventura Asentó en el placer mi pensamiento. Otro esperar mi corazón no quiso; Y hoy, ¿dónde hallar el dulce paraíso Que edifiqué en el viento?

»¿En dónde estás, riquísimo tesoro De placer y de amor, lánguida Elvira, Con cuyo amor respira Mi corazón, y cuya sombra adoro? Elena, Inés…, bellísimas traidoras, ¡Ay! ¿qué habéis hecho de mis dulces horas Y mis montones de oro?

»¿Qué he de hacer sin vosotras y sin ellos, Solo afán ¡ay de mí! con que he vivido, Solo Dios que he creído? Fe de mi juventud, delirios bellos, ¿Qué he de creer ni de esperar ahora Que tornándose van hora por hora Más blancos mis cabellos?

»Y ¿dó encender la lámpara apagada De mi dudosa fe, dó ir por consuelo, Si yo del santo cielo En el escrito azul no sé leer nada? ¡Si en su vieja impiedad endurecida, No ve tras dél el alma envilecida Su fin y su morada!

«¡Imposible creer! Pero ¡ay! cuán duro En duda pertinaz ir caminando, Sin creencia esperando Un negro más allá nunca seguro! ¡Ay del que nada cree y en nada espera, Y no encuentra una luz que alumbre fuera De caos tan obscuro!

»No, no me sé amparar del cielo santo, Que perdón no tendrá tanto delito. Y el castigo infinito, Si me le atrevo a imaginar, me espanto. ¡Mejor es no creer! Triste es la duda, Mas no hay puerto mejor adonde acuda Por entre escollo tanto.»

Así pensó el ateo, y ¡cuán en vano! Que al olvidar su celestial esencia, De la tenaz conciencia Dentro del corazón sintió el gusano. Tornóse al cielo en su árida agonía, Mas nada en él deletrear sabía Su corazón profano.

Ciego que sabe que la luz existe, Que oye elogiar el resplandor del cielo Y no le es dado desgarrar el velo Que ante sus ojos a la luz resiste, ¡Mira!, lo dicen, y en su audaz deseo Tórnase a ver, y exclama: ¡Nada veo! Desesperado y triste.

¡Mejor es no creer! Y abandonado Sin esperanza en brazos de sí mismo, Por el obscuro abismo De la duda fatal va despeñado: ¡Mejor es no creer! Y en su agonía Siente que llega el postrimero día: Y ¡ay dél si se ha engañado!

¡Ay del jardín donde las zarzas crecen! ¡Ay del palacio que las aves moran! Y ¡ay de los siervos que impiedad imploran Cuando en presencia del Señor parecen! Y ¡ay, ay de los que cruzan el desierto Y no conocen el camino cierto, Y en la mitad del arenal perecen!

- II -

Espíritu blanco y puro Que con tu fanal seguro Por el lóbrego recinto Del mundano laberinto Mis pasos guiando vas; Ángel que invisible velas Mi existencia, y me consuelas, Y en la noche sosegada A la orilla de mi almohada Mi sueño guardando estás;

Tú que con alas de rosa De mi mente calurosa Benigno apartas y atento El mundano pensamiento Y la torpe tentación, ¡Ay, nunca de mí te alejes, Nunca en soledad me dejes Sin que tu fanal me alumbre, Y esa ruin incertidumbre No me roa el corazón!

Espíritu soberano, Tiéndeme siempre tu mano, Y mi afán, mi pensamiento Endereza al firmamento, ¡Oh espíritu tutelar! Y en la noche silenciosa, Si brota mi fe dudosa Alguna plegaria impía, Con tu aliento de ambrosía Purifícala al pasar.

Ángel cuya sombra adoro, Cuyo nombre santo ignoro Cuyo semblante no veo, Y en cuya presencia creo, Y cuya existencia sé, Muéstrame el camino cierto De este mundo en el desierto, Y ¡guay que sin fin no vague Y con los vientos se apague La lámpara de mi fe.