Versos Spanish José Zorrilla Fragmentos de «Mi última brega»

Spanish poem

Fragmentos de «Mi última brega»

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Permitidme, aunque os aburra, y sin ser más que un poeta, que a raciocinar me meta y a mi manera discurra.

Todo lo que se os ocurre sé, y lo que a decirme vais: mas ruégoos antes que oigáis cómo mi musa discurre.

Me diréis que, ajeno a mí, hoy de mí mismo me salgo; mas si hemos de servir de algo los poetas, es as

Si el quid divinum existe y por él a los poetas del carácter de profetas su inspiración les reviste,

fuerza es que del estro ardiente el poder les agigante, y algo al menos les levante sobre el vulgo de la gente.

Hasta hoy se los ha tratado por gente de baja estofa, y aun con desdén y con mofa por mucha gente de Estado:

pero tal vez gente tal no deja tras sí más huella que una estrofa, en que habla de ella un poeta nacional.

La historia, en breve memoria, consigna, tal vez, sus nombres, pero el poeta, a estos hombres desdeñosos, da la gloria.

De hoy en la declinación decadente y bizantina, la poesía divina está aguantando un ciclón.

Hoy los versos se desdeñan por más prácticas conquistas; filósofos y realistas contra ellos la lid empeñan.

Pide el siglo, y con razón, poesía natural propia de él, trascendental: pero ¿trae su inspiración?

En su vida material, en su práctica social ¿no le ocurre otra invención para traerla a la razón,

que arrojarla al albañal, y hacer de ella exhibición pornográfica, inmoral, sin pudor ni educación?

El verso cae en desprecio porque hoy rompe toda valla, y se embriaga y se encanalla en poder del vulgo necio.

Versos no son poesías, y van en sentido inverso cuando se escriben en verso vulgares majaderías;

y escribir en verso ideas estúpidas y vulgares, es como incensar altares con tufo y humo de teas.

El verso es el rico engarce de los idiomas del cielo: preguntádselo, yo apelo, a Cano y a Núñez de Arce

y a Ferrari, que son tres poetas paisanos míos, de alto vuelo y grandes bríos, o a Campoamor y a Sellés.

Tiene más alta misión y raya más alto el verso: sin él en el Universo no hubo fe ni religión.

Todos los libros sagrados y los códigos benditos, en versos están escritos y en liturgias salmodiados.

El sentimiento profundo de fe con que a Dios adoran, en verso expresan cuando oran todos los pueblos del mundo:

Esdras, David, Salomón, Job y los grandes profetas, son tan grandes por poetas cual por profetas lo son.

Tiene el verso dignidad tan alta, que es el idioma en que Dios escucha y toma cuentas a la humanidad.

Lo prueban la salmodía del sereno canto llano y del canto gregoriano, que en prosa hacen poesía.

Y en la corte celestial a Dios cantan y subliman los ángeles; luego riman en un ritmo musical:

que el oído se revela a escuchar cantar en prosa; jamás nadie hizo tal cosa: a no hacerlo la zarzuela.

Pero, en fin, si ya en el día por vieja se desarraiga y es ya forzoso que caiga por tierra la poesía,

yo me echo con ella atrás aunque en ella soy maestro: mas si prescindir del estro puedo…, ¡del verso jamás!

El verso es arma muy fina, y al que es maestro en su brega, jamás a la piel le llega lengua ni pluma dañina.

Di por hastío o enojo echáis ya el verso a la calle, yo, dondequiera que le halle, como le halle, le recojo.

¡Fuera, pues, la poesía! y pues el verso desciende ya hasta el mercado y se vende, allá va mi mercancía.

Hay quien cree que a España sola es a quien Dios da la gracia y que ésta es la idiosincracia de nuestra raza española.

Partiendo de base tal, lo que es gracia y ser gracioso con lo que es hacer el oso se confunde en general.

Consecuencia de esta idea vulgar, es que por lo pronto no nace en España un tonto que gracioso no se crea.

Y tiene otra tontería nuestra gracia nacional, y es creer que no hay más sal que la de Andalucía:

con lo cual a un dos por tres se nos da muy campechano un payés por jerezano o un vasco por cordobés.

Ser gracioso es muy gran cosa; mas de ello hacer profesión, es echarse a ser bufón, profesión indecorosa.

Nación y mujer bonita bueno está que tengan gracia; mas la mucha gracia sacia y gracia guasona ahita.

Arrojarse a un desacato grosero sin ton ni son, reventar una función, meterlo todo a barato

y echarlo todo a chacota, no tener respeto a nada, y entonar por bufonada en un entierro una jota,

nadie habrá que me convenza que en pueblo o mujer sea gracia, sino la peor desgracia, la de no tener vergüenza.

Jamás podré comprender que, por gracia, el dar de codo y el echarlo a perder todo, puede nunca gracia ser.

Ni cabe en mis convicciones que cabe gracia en el crimen, y que de la ley se eximen por graciosos los ladrones:

ni entender tampoco puedo que quien roba y quien delinque campe suelto, y triunfe y finque y que el juez le tenga miedo;

porque todo eso es señal de que la ley ya no rige, y que hoy la moral transige con la corrupción social.

Todas esas novedades, que sólo aceptara un bobo, de que la estafa y el robo son irregularidades:

que la hampa y la pillería de la sociedad son parte, y que el robo es hoy un arte ejercido en compañía:

ese esquivar concertado de dar nombre de ladrón al que roba, y condición tolerable en el Estado:

eso, en vez de criminales, de darles de tomadores, espadistas, timadores, como títulos legales,

y hasta el cuasi sacrilegio de prenderles por blasfemia, dando así a tal epidemia cuasi un santo privilegio,

¿no prueba ya, por desgracia, que obtienen un patrocinio la estafa y el latrocinio, porque ya han caído en gracia?

Y si sus viles campañas, fechorías y delitos en teatros y en escritos por gracias se dan y hazañas;

y si hasta, a lo que parece, se acepta una dinastía de ratas y ratería que aplauso y loa merece,

¿quién no cree, con gente tal, al ver tal gracia y tal mimo, que son el robo y el timo una industria nacional?

¿Ni quién habrá que extraño halle que si el juez se va de toros, a echar una baza a oros el ladrón se eche a la calle?

Y a propósito del tal juez en los toros: celebro esta proporción casual, para echarme a dar un quiebro a la fiesta nacional.

¿Que haya toros? —Norabuena: pero no que noche y día por doquier y a boca llena, sólo se hable de faena, de brega y de torería.

¿A los toros? —Muy contento que voy yo: mas que no impida la junta de Ayuntamiento, ni sesión del Parlamento interrumpa la corrida:

porque ya es ley, por lo visto, y para nadie un misterio: con toros, ni por un Cristo se encuentra un servicio listo en caja ni en ministerio.

¿Que toros? —¿Y por qué no? ¿Por qué me había de oponer a que haya corridas yo? Mas no puedo comprender que sean el san-se-acabó.

No comprendo por qué el juicio ha de perder todo el mundo y parar todo servicio, y en delirio tremebundo sacarse todo de quicio.

¿Que toros?… ¡Hasta en Valaquia! ¡Si me he roto yo la traquia en les toros cuando chico, y aun hoy, viejo, si me pico farfullo una tauromaquia.

Yo aprendí en mi mocedad de Montes y el Morenillo, que eran una autoridad, la excelencia y laverdad del arte de Pepe-Hillo:

y aun conservo yo un librejo con un grabado en madera, retrato no, mal reflejo, de aquel gran maestro viejo, prez de la gente torera:

y aún corre un soneto mío, que explica en frase muy clara qué es un picador de brío con un ganado bravío en una suerte de vara:

y sé desde el tiempo aquel las leyes del redondel; y, sin jactarme, no ignoro lo que es en la plaza un toro y un diestro delante de él.

Bajo el sol del Mediodía y en una anillo de sol, de hermosura y de alegr, es la sin par bizarría de un corazón español:

el garbo, el valor, la audacia, la agilidad, la destreza, el tiempo, la perspicacia, la inteligencia y la gracia de la res a la cabeza.

El quiebro contra el empuje; un hombre contra una res, un monstruo que de ira ruge: y entre una seda que cruje, de un hombre un toro a los pies.

Esto es cuando el diestro es diestro; porque cuando no es maestro, pese al humano decoro, queda, por caso siniestro, el hombre a los pies del toro.

El diestro es la vertical; el toro, la horizontal; ésta ha menester de tierra y de un punto él: se sen encierra éste en ella, es una guerra en que vence el animal.

Es la quiebra del oficio: da prez, fama y beneficio; y hoy, como en el tiempo viejo, un desliz trae el perjuicio de pagar con el pellejo.

Sé bien lo que es fiesta tal: la más noble y peregrina, típica y original, única, propia y genuina de nuestra tierra natal.

Juego olímpico y heroico, de intrepidez sin medida, prueba la más atrevida del desprecio más estoico de la res y de la vida:

el alarde más brioso del valor más generoso, que, al jugar con una fiera, testimonio da valioso del valor de España entera.

Eso es: y yo noblemente quiero que sea fiesta tal diversión de un pueblo ardiente y alegría de la gente del país meridional:

mas no quiero yo que sea de social delito rea, perversión del bien social, con instintos de pelea y de holganza general:

no quiero que, tremolina de pagana saturnal, sea el delirio que hoy declina en absurda y bizantina chifladura nacional.

¿Que haya toros? —Norabuena: mas, por Dios, España mía, que te chifles me da pena por tu gente macarena, la brega y la torería.

Sé que era más conveniente a mi popularidad dejarme ir con la corriente, no meterme con la gente ni a campeón de la verdad:

mas, en caliente o en frío, esto, en verso bueno o malo, prueba que es el estro mío re brava y de buen trapío, que carga y se crece al palo.

SÍNTESIS

¿Toros? —Muy enhorabuena: no desmiento yo mi raza; mas el diestro a la faena y los toros en la arena; que no salgan de la plaza.