Spanish poem
Gloria y orgullo
¡Lejos de mí, placeres de la tierra, Fábulas sin color, sombra, ni nombre, A quien un nicho miserable encierra Cuando el aura vital falta en el hombre!
¿Qué es el placer, la vida y la fortuna, Sin un sueño de gloria y de esperanza? Una carrera larga e importuna, Más fatigosa cuanto más se avanza.
Regalo de indolentes sibaritas, Que velas el harén de las mujeres, Opio letal que el sueño facilitas Al ebrio de raquíticos placeres.
Lejos de mí. No basta a mi reposo El rumor de una fuente que Murmura, La sombra de un moral verde y pomposo, Ni de un castillo la quietud segura.
No basta a mi placer la inmensa copa Del báquico festín, libre y sonoro, De esclavos viles la menguada tropa, Sin las llaves de espléndido tesoro.
De un Dios hechura, como Dios concibo; Tengo aliento de estirpe soberana: Por llegar a gigante, enano vivo: No sé ser hoy y perecer mañana.
Yo no acierto a decir «la vida es bella», Y descender estúpido al olvido; Amo la vida porque sé por ella Al alcázar trepar donde he nacido.
De esa inmensa pasión que llaman gloria Brota en mi corazón ardiente llama, Luz de mi ser me abrasa la memoria, Voz de mi ser inextinguible clama.
Gloria, ilusión magnífica y suprema, Ambición de los grandes en quien quiso Velar Dios esa mística diadema Que nos dará derecho al Paraíso,
Nada es sin ti la despreciable vida, Nada hay sin ti ni dulce ni halagüeño; Sólo en aquesta soledad perdida La sombra del laurel concilia el sueño.
Sólo al murmullo de la excelsa palma Que el noble orgullo con su aliento agita, En blando insomnio se adormece el alma, Y en su mismo dormir crea y medita.
Zeusis, Apeles, Píndaro y Homero, Bajo ese verde pabellón soñaron; César, Napoleón y Atila fiero, Bajo ese pabellón se despertaron.
Por ti el delirio del honor se adora, Por ti el hinchado mar hiende el marino, Por ti en su gruta el penitente llora, Y empuña su bordón el peregrino.
Por ti el soldado se vendió a sus reyes, Y lidia agora con porfía insana, No por esas que ignora pobres leyes, Por comprar una lágrima mañana.
Por ti le canta el orgulloso amante Dulces trovas de amor a una querida Porque tal vez un venturoso instante Tenga en su canto prolongada vida,
Por ti del negro túmulo en la piedra Ambicioso el mortal graba su nombre, Porque tal vez entre la tosca hiedra Otro día al pasar le lea un hombre.
Por ti acaso el cansado centinela Que incendió una ciudad en la batalla, Su cifra indiferente o mientras vela, Pinta con un tizón en la muralla.
El polvo en que hubo sus cabañas Roma, Por ti con templos y palacios pisa; Por ti su gesto satisfecho asoma Tras su inmenso sarcófago Artemisa.
Por ti vencida se incendió a Corinto, Por ti la sangre en Maratón se orea, Por ti una noche con aliento extinto, Tumba Leonidas demandó a Platea.
Por ti trofeos el cincel aborta, Y álzanse torres con tenaz porfía; Porque es la vida deleznable y corta, Y todos quieren prolongarla un día.
Por eso velo con la noche obscura Sobre un volumen carcomido y roto, Y un mañana me sueño de ventura, Y otra existencia en porvenir remoto.
Por eso en mis estériles canciones El blando son del agua me adormece, Y entre pardos y errantes nubarrones, De la noche el fanal se desvanece.
Oigo en mi canto el lánguido murmullo Del aura que los árboles menea, De la tórtola triste el ronco arrullo, Y la sonora lluvia que gotea.
Veo las sacrosantas catedrales, Los antiguos y góticos castillos, Y el granizo se estrella en sus cristales, O azota sus escombros amarillos.
¡Oh! Si sentís esa ilusión tranquila, Si creéis que en mis cánticos murmura Ya el aura que en los árboles vacila, Ya el mar que ruge en la tormenta obscura;
Si al son gozáis de mi canción, que miente Ya el bronco empuje del errante trueno, Ya el blando ruido de la mansa fuente Lamiendo el césped que la cerca ameno;
Si cuando llamo a las cerradas rejas De una hermosura, a cuyos pies suspiro, Sentís tal vez mis amorosas quejas, Y os sonreís cuando de amor deliro;
Si cuando en negra aparición nocturna La raza evoco que en las tumbas mora, Os estremece en la entreabierta urna Respondiendo el espíritu a deshora; Si lloráis cuando en cántico doliente, Hijo extraviado, ante mi madre lloro, O al cruzar por el templo reverente, La voz escucho del solemne coro;
Si alcanzáis en mi pálida mejilla, Cuando os entono lastimosa endecha, Una perdida lágrima que brilla Al brotar en mis parpados deshecha;
Todo es una ilusión, todo mentira, Todo en mi mente delirante pasa, No es esa la verdad que honda me inspira; Que esa lágrima ardiente que me abrasa,
No me la arranca ni el temor ni el duelo, No los recuerdos de olvidada historia: ¡Es un raudal que inunda de consuelo Este sediento corazón de gloria!
¡Gloria! Madre feliz de la esperanza, Mágica alcázar de dorados sueños, Lago que ondula en eternal bonanza Cercado de paisajes halagüeños,
¡Dame ilusiones! Dame una armonía Que arrulle el corazón con el oído, Para que viva la memoria mía Cuando yo duerma en eternal olvido.
¡Lejos de mí, deleites de la tierra, Fábulas sin color, forma, ni nombre, A quién un nicho miserable encierra Cuando el aura vital falta en el hombre!
¡Gloria, esperanza, sin cesar conmigo Templo en mi corazón alzaros quiero, Que no importa vivir como el mendigo Por morir como Píndaro y Homero!