Spanish poem
Fragmentos a Catalina
Yo adoré la hermosura De angelical doncella encantadora, Bella como la aurora, Como las flores pura.
En su labio risueño Yo contemplé mi amor con ufanía; Ella me amaba un día, Yo la llamé mi dueño…
Reclinado en su seno Sentía yo su mano dulcemente Resbalar por mi frente, De orgullo el pecho lleno.
Y la impresión ligera Sentí que por mi sien acalorada Hacía perfumada Su negra cabellera.
y oí su juramento Que enlazando su mano con la mía Mil veces repetía Con cariñoso acento…
Y era su voz mas grata Que del aroma la flotante nube Que en la mezquita sube Del pebete de plata.
¡Ay! que ella fue mi orgullo, Y yo la amé porque era más hermosa Que de temprana rosa El naciente capullo…
Con pompa sus ramas al cielo elevaba El álamo en medio del bosque frondoso, Y arroyo entre guijos al pie deslizaba Su curso penoso.
Bajó irresistible del monte cercano Furiosa torrente, y el manso arroyuelo Creció, y el follage del álamo vano Postró por el suelo.
¿Qué te valdrá, Catalina, La hermosura peregrina De ese rostro angelical, Cuando falsos amadores Se rían de tus amores Y se rían de tu mal?
Cuando el álamo pomposo Levantó tan orgulloso Su cabeza, Todas las aves del valle Bajaron á celebralle Su grandeza.
Cuando por tierra caído, Solo el siniestro graznido Del búho entorno se oía: ¿Qué se hacía el ruiseñor Con sus cantares de amor? Medroso del valle huía.
Cuando llores los afanes Que tus mentidos galanes Te mostraron,
¿Dónde estará de tu llanto El irresistible encanto Que probaron?
¡Alma mía! yo te amaba, Y en amarte me gozaba, Y halagabas tu mi amor: ¡Qué te hice, mi querida! Que así abandonas mi vida Á la rabia del dolor?
¡Ay! mis días se pasaron Y un recuerdo me dejaron Cual de un sueño! Cual de un sueño de delicias, Que formaron tus caricias Dulce dueño!
Cuando apenas ví malhora Tu belleza seductora Si muriera… Catalina!… Viera entonces derramada Esa copa empozoñada Que la suerte me destina.
Que entre el lúgubre reposo Del sepulcro silencioso, No se agita Esa sombra que nos ciega, Y abandona cuando llega nuestra cuita.
Cuando ví tus labios rojos, Cuando ví tan lindos ojos, Tantas gracias, prenda mía, Sentí un amor tan profundo Que un arcángel en el mundo De ternura, te creía.
¡Insensato, me engañaba! Un espíritu adoraba En mi delirio.
No ví entonces, ciego amante, En tu mágico semblante Mi martirio.
Ojalá nunca te viera, Y nunca eschura te hiciera Mis amorosas querellas Que tan bella… eras muger, Y voluble en el querer Como sois todas las bellas.
Mas los álamos cayeron Cuando las aguas vinieron Mas crecidas. Y sus hojas, ¡Catalina! Fresca rosa purpurina Vió caídas.
Y pasarás cual pasaron Los álamos que prestaron Su gala y su sombra al valle; Pasarás, y en el olvido Tu nombre una vez hundido Fuerza será el olvidalle.
Solo, yo solo en tu sepulcro helado Elevaré mi cántico enlutado En noche tenebrosa. No brillará la luna, y hará el viento Que retumbe fatídico mi acento En tu cóncava losa. Y buscará mi cántico tu oído, Y aquel mundo hallará desconocido Dó estará tu morada; Y te dará tormento inextinguible Hasta que en tu mansión incomprensible Mi alma tenga entrada.
Mas tú, Catalina, como eres de bella Así veleidosa te precias de ser, Deslumbras la mente, fantástica estrella, Y pasas cual aura d evago placer.
Pluguiérate un tiempo ¡feliz! prenda mía, Pluguiérate un tiempo mis versos oír, Entonces tu labio falaz sonreía… Reías traidora de verme morir.
Y tú me jurabas de allí á eternamente Un inextinguible volcánico amor, Tu mano pasabas en torno á mi frente, La frente, decías, de tu trovador.
Solo, con la luna bajo tu ventana Mil veces por verte contento esperé, Ay, porque si entonces me amabas, tirana, Me esquivas ahora ¿responde, por qué?
¿Hallastes acaso amor más cumplido? ¿Te llama su bella más fino galán?… Cien torres robustas al fin han caído, Las iras calmaron del recio huracán.
»Que llore el poeta, digiste, por eso »Sublimes cantares le inspira un desdén, »Por eso á las damas es dulce embeleso, »Por eso el guerrero le aplaude también».
¡Tirana! que aplauda mi canto el guerrero, Que aplauda mi canto su estúpida voz, También el poeta se viste de acero, También el poeta combate feroz.
Y vence, y su triunfo con vaga sonrisa Contempla y la sangre con júblio vé, y humea y es roja la tierra que pisa, respira sereno, no tiembla su pie.
Mas, perdona hermosa mía, Perdona á tu trovador, Fué la pasión, fué el amor, Fué mi loca fantasía.
Te amo más que á las flores La risueña primavera, Te amo, hermosa hechicera, Cual aman los trovadores.
Que eres linda castellana, Como la rosa temprana, Que se abre en fresca mañana Al soplo de brisa inquieta.
Más que el albor de la aurora, Más que la fuente sonora, Más que la ilusión que adora En su delirio el poeta.
Mas ¡ay! que al pie de tu reja en vano el poeta llora, Tú no le escuchas, señora, Que es importuna su queja.
Ni sus denuestos te irritan, Ni te dueles de tu llanto, Ni los ayes de su canto Ese corazón agitan.
Que solo me escucha el viento; Y con bramido violento Arrebata al firmamento Mi dolorida canción.
Catalina, tú serena, De llanto y de amor agena Ni oirás mi cantinela, Ni sentirás mi pasión.
Y tal vez en tu ventana, Ceñida la sien de flores, Verás nuevos amadores Venir de tierra lejana:
Y en cansado palafrén, Mal vestido el roto acero, Vendrá algún aventurero Á darte obsequio también;
Mientras yó, el primer amante, En esta arena distante, Lloro mi bella inconstante, Lloro mi perdido amor…
Tus caricias quqe pasaron Como cierzos que bramaron, Como soles que secaron Una solitaria flor.
Que el eterno llanto mío Mi rostro ardoroso oprima, Que riegue en estraño clima Algún sepulcro sombrío:
Ó cerca de una laguna Moje el pie de rota cruz que bañe la parda luz De la misteriosa luna.
Y pasen los días míos Como espuma de los ríos, Como allá en los montes fríos Muere al nacer triste lirio.
Y perezca el trovador; Y en un suelo abrasador, Que le acabe de su amor El fantástico delirio.