Spanish poem
Inconsecuencia
- I -
Tórtola que solitaria En vez de cantar suspiras, ¿Es tu canto una plegaria, O es la voz con que respiras A tu voluntad contraria?
Ese arrullo dolorido, ¿Se exhala en ti a tu despecho Sonando alegre en tu oído, o es en verdad un gemido Que se te arranca del pecho?
Triste pájaro, ¡lo sé!… Por eso en ocultas ramas Tu nido ondear se ve; Tú te escondes porque amas, Mas tu voz vende a tu fe.
Naciste, ave desdichada, Para llorar tu ternura, Por eso en selva apartada Vas a arrullar tu amargura, Del campo ameno enojada.
Enojos te dan las flores, Enojos la luz del día, Enojos ¡ay! los amores Que en dulcísima armonía Murmuran los ruiseñores.
Te enoja el murmullo vano De la bulliciosa frente, Y el céfiro cortesano Que susurra mansamente A los jardines cercano.
Te enojan las otras aves Con su inocente amistad Y con sus gorjeos suaves; Tú, que llorar sólo sabes, Vives en la soledad.
Menos en el monte inculto, Vivir te cansa o extraña; Porque allí despeña oculto El torrente que le baña, Sus espumas en tumulto.
Porque allí el viento perdido Que entre las malezas rueda Con sordo y medroso ruido, En lánguido son remeda Tu monótono gemido.
Porque allí el césped salvaje Que a pedazos ha brotado Por el agreste paisaje, Borda el terreno olvidado Con pliegues de tosco encaje.
Y a fe, a los ojos del triste No son gala los primores Con que natura se viste, Que otro placer no resiste Que pensar en sus dolores.
Y los amorosos duelos Son males antojadizos Que se quejan a los cielos, Y no admiten más consuelos Que hallar en el duelo hechizos.
Porque es tan grato saber Que nos podemos quejar, Que cuando tan ruin placer Pensamos que ha de faltar, Le volvemos a querer.
Por eso, tórtola bella, Dió el cielo a tu ronco canto El compás de una querella, Porque al cantar tu quebranto Lloraras tu gozo en ella.
Y si es cierto que así en pos De tu canción va tu queja, ¡Ay, tórtola, vive Dios Que en el mal que nos aqueja Nos parecemos los dos!
Pues si abriga tu garganta En vez de voz un lamento, Cuando mi voz se levanta, En vez de darme contento Mis amarguras me canta.
Si nada tu voz te vale Porque en la selva escondida Nadie a escuchártela sale, Bien creo, ave dolorida, Que tu mal al mío iguale.
Y si buscas en tu anhelo De que alguno te responda El miserable consuelo, Yo pido en mi canto al cielo Quien a mi voz no se esconda.
Pues ambos somos cantores, Y ambos somos desdichados, Conmigo es justo que llores: Tú, tórtola, tus amores; Yo, mis males olvidados.
¡Olvidados, ¡ay de mí! Que cuando el arpa tomé. Cantando ahogarlos creí; Y tantas glorias soñé, Cuantos desengaños vi!
Vi el mundo tan hechicero, Que no le alcancé falaz; Alcé mi canto primero, Y el alma lanzó fugaz Un suspiro lastimero.
Que es bien inútil consuelo Nuestras desdichas cantar, Si por tan cercano el suelo Nuestra voz no ha de escuchar, Y por tan remoto el cielo.
- II -
Dime, ¿qué nos valen, Pájaro infeliz, A ti tus lamentos, Mis cantos a mí? Tú a selva escondida Te vas a gemir, Porque el canto alegre Te es lúgubre a ti; Porque el tuyo amarga El canto feliz, Y las otras aves No te le han de oír; Y yo, que angustiado Llorando nací, Si le canto al mundo Su gloria pueril, La espalda me torna, Dice que mentí. Si vuelvo mis duelos De nuevo a plañir, Me dice con mofa Que es dulce vivir: Si el lloro y el canto Nos desoye así, Dime, ¿que nos valen, Pájaro infeliz, A ti tus lamentos, Mis cantos a mí? El mundo, ceñido Del aire sutil, Vestido de flores Con rico tapiz, Tocado con ancho Dosel de zafir, Prendido con nubes Que el alto cenit Circundan de nieblas De azul y carmín, Sembrado de estrellas Que el turbio confín Tachonan brillantes En montones mil Con pálidas perlas Y rojos rubís, Nos miente sin duda Vistoso jardín, Convida a cantarle Mirándole así. Mas si esos hechizos Y gayo matiz Caminos son sólo Que llevan al fin De breves placeres, y el fin es morir; Si el que llora o canta Concluyen allí, Si el triste se mofa Del rico y feliz, E insulta el alegre Del triste el sufrir, Dime, ¿qué nos valen, Pájaro infeliz, A ti tus lamentos, Mis cantos a mí?
Que es la tierra de lágrimas camino, Valle de tumbas que pasando vemos; Féretro y cuna nos abrió el destino Para entrar y salir, en los extremos; Fantástico al entrar y peregrino, Y asqueroso al salir le comprendemos; Que al vivir despertamos en la cuna, Y al despertar nos ríe la fortuna.
Imperfectos traemos los sentidos Porque a sentir no alcancen tanto duelo, Sordos aún traemos los oídos Porque no escuchen el clamor del suelo; La lengua y pensamientos obstruídos Porque al ánima falte ese consuelo; Sólo abrimos al sol nuestra pupila Porque asombrada con el sol vacila.
Feliz quien, despertando cuando nace, En ilusiones de esperanza crece, Y un bello mundo de ilusiones hace Donde loco soñando se adormece. Que mientras duerme y delirando yace, La árida realidad se desvanece, Y mientras sueña su falaz ventura, A su camino el término apresura.
Más vale delirar lindas quimeras En ilusión de sueños seductores, Que roer esperanzas pasajeras En este valle de ponzoña y flores, Donde, aguardando dichas venideras, Lloramos sobre el pan de los dolores; Donde, al buscar el necesario aliento, Mortal cicuta nos regala el viento.
Porque en sueños los bienes y los males, Dorados en la loca fantasía, Al ánima dormida son iguales: El desdichado canta su agonía, Y lamenta el feliz bienes mortales, Mas ninguno en perderlos se holgaría, Que son dulces los bienes lamentados, Y los males lo son desesperados.
Si tan bellos son los bienes Soñados como los males, Ya, tórtola, no me afligen Tus melancólicos ayes; Que a ti te dieron lamentos En vez de alegres cantares, Y tú cantando le cuentas Tus amarguras al aire. Las endechas y los himnos Los mismos consuelos traen, Que a la par nos adormecen Las dichas y los pesares. Tú te arrullas tristemente Con tan lúgubres compases, Porque tus duelos son gozos Con el placer de contarles; Yo al mundo canto mis cuitas Porque cuando otros las saben, El placer de que las sepan, Dichas de mis penas hacen. Y así, cuando entrambos, tórtola, Con lamentaciones graves En guisa de querellarnos Atormentamos los aires, Pues nuestra queja es contento Por el placer de quejarse, Con extravíos tamaños, Con inconsecuencias tales, No hacemos más que soñar Y mentir calamidades, Tú llorando bien de amores, Y yo delirando males.