Spanish poem
Inspiración
No hay más que un solo Dios. ÉL solo es grande, Solo infinito, omnipotente solo. Nada hay que para ser no le demande Licencia: ÉL pesa la virtud y el dolo, Y el premio envía ó el azote blande. Todo lo oye y lo ve de uno á otro polo, Y cosa no hay por elevada ú honda Que á su mirada universal se esconda.
No hay más que un solo Dios, cuya crëencia Luz es y salvación: doquier la marca Brilla de su poder y de su ciencia. Dios solo es triunfador; solo monarca Del universo es ÉL: su omnipotencia Con ley universal todo lo abarca: Su presencia inmortal todo lo inunda, Todo lo vivifica y lo fecunda.
ÉL los mundos arregla ó desordena Según su excelsa voluntad divina: ÉL al tiempo dirige: ÉL encadena Los elementos á sus pies: domina El huracán: tras el nublado truena: Luce á través del alba purpurina: Entapiza con nieve las montañas, Y abrasa con volcanes sus entrañas.
El murmullo del agua, el són del viento, El susurro del bosque estremecido Por sus inquietas ráfagas, el lento Arrullo de la tórtola, el graznido Del cuervo vagabundo, todo acento Por ave, fiera ó eco producido, El nombre santo de su Dios pronuncia, Su gloria canta, su poder anuncia.
ÉL los errantes astros encamina: ÉL azula la atmósfera serena: ÉL crea y ÉL destruye, alza y arruina: ÉL, infalible juez, salva y condena: ÉL solo ni envejece, ni declina: ÉL solo el hueco de los mundos llena: El orbe encima de su palma cabe: Solo ÉL no yerra nunca: solo ÉL sabe.
No hay más que un solo Dios. Los que le niegan Con altivez blasfema, palidecen Cuando al umbral de su sepulcro llegan: Los que en su ciencia ruin se ensoberbecen Y de ÉL se mofan, al morir le ruegan. Por ÉL existen y por ÉL perecen Todos. No hay más que un Dios. Ante su nombre ¿Qué es el orgullo y el saber del hombre?
Siglo, que audaz el de la luz te llamas Y por miles de plumas y de bocas El manantial de tu saber derramas: Siglo de ciencia, que el error derrocas, La virtud premias y el ingenio inflamas: Siglo, que dices que á la cumbre tocas De la dicha, que el mundo civilizas Y tu raza de sabios divinizas:
Siglo de prensas y de bolsa y agio, Que, en carros de vapor, hasta la luna Intentas difundir el gran contagio De la ciencia, y parar á la fortuna Con tus empresas mil..... ¡siglo de plagio Que, en solos nueve lustros, en sí aduna Más maestros, artistas y doctores Que hubo en ciento estudiantes y lectores!....
¿De dónde vienen los que nacen? ¿Dónde Van los que mueren? ¿Dónde, en qué lejano Lugar se acuesta el sol? ¿En cuál se esconde La luna de su luz? ¿Cuál es la mano Que les guía á los dos? Habla, responde, Orgullo necio del saber humano, Hojea el libro de tu ciencia osada: ¿Qué es lo que sabes de tu origen?—NADA.
No hay más que un solo Dios, que nada ignora: ÉL conoce las puertas de la tierra; Abre las de la cuna y de la aurora: Las de la noche y de la tumba cierra. Más allá de las dos ÉL solo mora, ÉL solo sabe lo que allá se encierra; De allá viene, allá va quien nace y muere. ¿Por qué? Su voluntad así lo quiere.
Mas detente ¡oh Espíritu divino! ¡Oh Arcángel de la Fe! Tú, cuyo paso Buscando un día al corazón camino Ahogó á las Musas y aplanó el Parnaso: Único fuego que del cielo vino, Calma tu inspiración en que me abraso: No ensayes en el arpa del poeta Los cantos del salterio del Profeta.
Mi limitada comprensión humana, Mi ruda voz y tosca poesía Eleve, sí, tu inspiración cristiana Y dignas sean de la patria mía. Enaltece mi ingenio, porque ufana Pueda hijo suyo apellidarme un día, Y de mi nombre, si al olvido vence, La tierra en que nací no se avergüence.
Mas dejemos al siglo ir desbocado De los pasados siglos tras la herencia, En el carro del oro arrellanado, Ó suspendido en alas de la ciencia. Dejémosle seguir la ley del hado Según su voluntad ó su conciencia, Sin que perturbe su insensata orgía El himno audaz de la creencia mía.
Tiéndeme, pues, tu alas de zafiros, Y lejos de él transpórteme tu vuelo Donde sus carcajadas y suspiros No desgarren del aire el puro velo. De él á través con luminosos giros Álzame adonde, con eterno hielo Cubriendo su cerviz, Sierra Nevada Salutíferas auras da á Granada.
Llévame á los recónditos asilos De aquellas misteriosas soledades, Cuyos monstruos de nieve ven tranquilos Nacer y perecer razas y edades. Muéstrame las cavernas y los silos Donde van á dormir las tempestades, Por cima del peñón desconocido En que suspende el águila su nido.
Del Supremo Hacedor la sabia mano No creó sin destino esos lugares Inaccesibles al orgullo humano: Ni envueltos en sus mantos seculares De nieve espían sin cesar en vano Esos gigantes blancos tierra y mares. Subamos, pues, sobre las auras leves Al misterioso alcázar de las nieves.