Versos Spanish José Zorrilla IV (Levantóse el caserío)

Spanish poem

IV (Levantóse el caserío)

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Levantóse el caserío de aquella granja del conde de un castillo de los moros con los viejos paredones. Sobre unas ruinas romanas por los moros fabricóse; quemáronle los cristianos: y, abandonado en el bosque, creció sobre la maleza, sus ruinas guardando el monte ocultas desde su pérdida por los moros hasta entonces; y cuando el conde Lozano con el rey vino a la corte de Castilla y fincó en ella, las descubrió en el desmonte.

Era el castillo condal de piedra una inmensa mole, que campeaba sobre un cerro sin que las vistas le estorbe nada en torno: dominando sus macizos torreones llano y valle, cual vigía de aquellos alrededores. En tiempo de Cárlo-Magno unos ricos borgoñones con el rey mal avenidos fueron de él los fundadores. Rico en agua, esbelto y sólido, sobrado de habitaciones, abundante en caza y aguas su comarca, superiores sus terrenos, su aire sano, buenos y bravos sus hombres, de palacio y fortaleza tiene a un tiempo planta y dotes. Así que al hallar en ruinas el moruno, desprecióle el conde, y a sus colonos pudiendo útil ser, cediósele al marido de Bibiana, de cachicanes, pastores y motriles para albergue. El colono, más que pobre ruin, aprovechó los muros y los bajos de las torres; y escombros vendiendo y piedras a ricachos hidalgotes de lugar, para él se hizo en ellas habitaciones: y en torno de ellas y a vista de sus mismos miradores, dejó el recinto en que tiene cuadras, rediles y trojes, y las demás dependencias de su tráfico y labores. Pero por fuera y por dentro, todo ello fué hecho conforme del viejo castillo moro permitieron trecho y corte; de modo que la alquería era un conjunto deforme de partes heterogéneas, en el más gayo desorden. Aquí de un arco cargado de cúficas inscripciones cerraba el hueco un tabique hecho de toscos adobes. Más allá, y entre dos tapias de escombros y de cascote, se abre un pórtico arabesco festonado de agallones, frisado de alicatados y cargado de labores laberínticas, miniadas con minuciosos primores. Allá, en la esquina en que corta el viento de Oriente al Norte, junto a un ajimez esbelto gira un balconaje enorme, del cual formó el buen labriego un corredor sobre postes, y sobre el cual dan las luces del aposento en que come. Este ajimez pintoresco y este corredor que corre a Oriente con escalera a un jardinillo sin flores, están sombreados y orlados por los verdes pabellones de las hojas de una parra que bajo de ellas les coge: y tras de la celosía de aquel ajimez, fué donde se apostó muda Jimena, y allí permanece inmóvil.

Por cuanto alcanza la vista su vista el campo recorre y escucha atenta, mas nada alcanza a ver, nada oye.

Jimena a quien ama espera, y en su tardanza supone falta de amor o palabra, o empeños que desconoce. El corazón amoroso vagas sospechas la roen, y hacen tal vez que las lágrimas a sus pupilas se agolpen, ¡Ella espera… y él no viene! y el sol en el horizonte corrió ya un cuarto del cielo: ya envió a los trabajadores de su primera comida Bibiana las provisiones: y su marido muy pronto es fuerza que a casa torne.

Las dos veces que ha venido el enamorado joven, para acercarse ha tomado minuciosas precauciones. Una, apenas era día, otra, empezaba a ser noche: y ambas para no ser visto amparábase del bosque; y obró en ambas el mancebo como caballero noble, que evita cauto, apariencias que la calumnia provoquen: que el español que es hidalgo, jamás a su dama expone en lenguas y ojos del vulgo por cartas, ni por balcones.

Hoy, si viene, no ser visto es imposible que logre: todo el campo está ya lleno de sol y trabajadores.

Ya no vendrá: tal vez tenga para ausencia tal razones, para falta tal excusas que en tal conducta le abonen; mas como no las alcanza Jimena, que en vano absorbe todos los ruidos del aire, que, apoyos engañadores de sus esperanzas frágiles, al alzarse en él se rompen, desesperanzada al cabo del ajimez retiróse.