Versos Spanish José Zorrilla IX (Y aquí, Carmen de mis ojos)

Spanish poem

IX (Y aquí, Carmen de mis ojos)

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Y aquí, Carmen de mis ojos, va a revelártelo el viejo y a contrariar tus antojos, y a darte, aunque te dé enojos, una razón y un consejo.

Tú, que de un tu antepasado, Príncipe de Ravagorza por una corza criado, debes de haber heredado instintos y pies de corza,

tú no te cansas jamás por lo visto; pero vas a entender esto: o nos das cama en Motrico esta noche, o volvámonos al coche y volvamos pies atrás.

¡A Zarauz, condesa mía! Si despertamos mañana y tenemos todavía en el cuerpo cosa sana, mañana será otro día.

Con que un adiós a Motrico y vámonos, que ya es hora de que cerremos al pico y esta jira mareadora y este país de abanico.

La luna en total creciente ya suelta del horizonte, pajiza y resplandeciente plateaba tímidamente mar y cielo, playa y monte.

¡A Zarauz! Y en el coche iba Carmen muda y algo esquiva entre el misterio que puebla las selvas en noche estiva, como un hada fugitiva con su aérea comitiva de duendes entre la niebla.

Y a Zarauz la vuelta al dar por la carretera angosta, cuyas combas dan al par cinto de piedra a la costa y franja de espuma al mar;

los que por ella costean, en muda concentración sólo en ver y oír se emplean de agua y cielo en la extensión, los astros que centellean, los faros que parpadean su constante irradiación, en cuya estela irisada, restringida y recortada, y en la haz del agua trazada pro el foco del peñón, se espejan y cabrillean, se besan y juguetean con la luz radiante y viva, pero siempre fugitiva, que las manda desde arriba el fanal en rotación.

Ya nosotros arrastrados por los potros, ya cansados, vamos viendo, adormilados, en vaga contemplación de la mar el movimiento; en cuya agua azul, que ondea sosegada y sin marea, se refleja el firmamento: y las olas de las playas que en la arena al arrastrase, escalonan combas rayas que se borran al trazarse por su efímera impresión; y veíamos acaso, y sentíamos al paso del pretil por sobre el borde el murmullo y movimiento sordo, unísono y acorde de las olas, que en montón hierven, bullen, culebrean, se rechazan, se aparean, y se rompen y espumean a los pies del malecón; y al romperse burbujean sin ahogar sólo un momento su incesante, soñoliento, manso, lento y vago son.

LA CONDESA. ¡Zarauz! —Silencio y apriesa: arriba; metan los coches y a dormir: orden expresa.

EL POETA. Muy buenas noches, condesa.

LA CONDESA. Adiós, José, buenas noches.