Versos Spanish José Zorrilla Prestadme el dulce canto

Spanish poem

Prestadme el dulce canto

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Prestadme el dulce canto, Aves del valle y de la selva umbría, Y levantad en tanto, Para arrullar mi llanto, Frescas hojas, monótona armonía.

Y tú, sonoro viento, Tas alas de vapor lánguido mece, Y en blando movimiento, Con perfumado aliento Las hojas y las aguas estremece.

Porque estos mis cantares De vosotros no más serán oídos, Que el duelo y los pesares Sólo en nuestros hogares Ser deben, o en los bosques, repetidos.

Que el mundo maldiciente Murmura del que llora y del que pena, Del que placer no siente; Y el triste eternamente Ha de arrastrar cantando su cadena.

Que es el mundo un tirano Que sólo da suplicios y agonías, Y exige soberano Que llame el triste humano Imperio paternal su tiranía.

Mas ¿qué vale que errante Y sólo de los ecos atendido Mis amarguras cante, Y el aire se levante Devorando mi cántico perdido?

Aquí en la selva umbrosa, ¿No cantan a la par los ruiseñores? ¿No susurra armoniosa El agua bulliciosa, Y les escuchan las atentas flores?

Y el céfiro ligero, Cuando el rocío de su bosque orea, ¿No suena lisonjero, Y en murmullo hechicero Las hierbas y los árboles menea?

¡Maldita mi locura! ¿No valdrá más cantar cual ellos cantan, Que acrecer mi amargura Mientras en la espesura Tan alegres rumores se levantan?

¡Oh! Ven, arpa sonora, Y rompe loca en himnos bulliciosos, Cantando seductora Al son que bulle ahora De arroyos y de vientos sonorosos.

Pues que es breve la vida Y es el mando no más pompa liviana, Y al fin la tierra hendida Su farsa concluida, Sepulcro universal será mañana;

Cantará descuidado Lo inútil de esta mísera existencia, Ya el cielo esté nublado, Ya en calma y sosegado, Ya el huracán reviente con violencia.

Porque, en verdad, ¿qué importa El mundanal orgullo y la ventura De esta vida tan corta, Si en igual fin aborta, Tocando en fin igual nuestra locura?

¿De qué sirvió al valiente Alejandro ser rey en Macedonia, Y avasallar la gente, Y pretender demente Ser adorado un dios en Babilonia,

Si por extraño modo, Sin poder apurar el hondo vaso, Dio el aliento beodo, Y dio por fin de todo Desde su fiesta a su sepulcro un paso?

¿De qué sirvió la gloria Cantar de Grecia al inmortal Homero, Y a su nombre en la historia Dejar alta memoria, Si Grecia ingrata le olvidó primero?

¿De qué sirvió a Rodrigo La hermosa Cava, el cetro de los godos, Si huyendo al enemigo Dichas y amor consigo Perdió el monarca y se perdieron todos?

¿De qué sirve a Cervantes Que esas estatuas hoy le levantemos, De los años triunfantes, Si sus libros gigantes sola su miseria le debemos?

¿Qué sirven esos mudos Bustos dorados de los muertos reyes, Sus palacios y escudos, Si sus pueblos desnudos Ignoran por inútiles sus leyes?

¿Qué sirve a las naciones Que sus pueblos se inmolen y combatan Al pie de sus pendones, Si sus nobles legiones Han de morir al fin si no se matan?

¿Qué salvó la altanera, La grande Roma, de su pompa y brío Y su beldad primera… Esa vieja ramera Cuyo esqueleto duerme sobre un río?

Y ¿qué han salvado apenas De tal desorden y tamaño estrago Las de riqueza llenas Tiro, Palmira, Atenas, Tebas, Corinto, Menfis y Cartago?

¡Escombros y memorias!… Humo de aromas, tumba de tiranos Que manchan las historias, Dando en cifras mortuorias Polvo a la tierra y casa a los gusanos.

Y si esto sólo resta, Y esto por fin de nuestro afán nos toca, Tonos, arpa, me apresta, Que quiero en muelle siesta Reír cantando vanidad tan loca.

Aquí a mis pies resbala Claro, inquieto y sonoro un arroyuelo Que la arenilla cala, Y su margen iguala Entre las flores con que borda el suelo.

Los sauces de su orilla Le dan manso murmullo y grata sombra, Y la caña amarilla La alta cerviz le humilla, Dándole al paso pabellón y alfombra.

Y le saltan trinando Pardos mirlos y rojos colorines, Y en su césped posando, Las palomas pasando Le beben, y le pican los jazmines.

Junto al agua sonora De ese arroyuelo que en mis versos pinto, Cantar me place ahora, Y quédense en buen hora Con sus historias Menfis y Corinto.

¿Qué importa que mi nombre Legue a mi gente con baldón o fama En la mansión del hombre, Y al universo asombre, Si a mí la muerte a concluir me llama?

Cantar tranquilo quiero Mi voluptuosa y lánguida pereza, Pues ni pierdo, ni espero; Y otro cante altanero La gloria de su patria y su grandeza.

Que asimismo cantaron Tasso, Homero y Cervantes, y murieron Y sus pueblos amaron, Y los pueblos que honraron, Conocerlos en vida no quisieron.

Que es la vida un camino Sin medida ni fin, coto ni valla, Do desnudo y sin tino, Si encuentra el peregrino Sombra alguna o placer, eso se halla.

No estatuas algún día Cual dan a Homero y a Cervantes, quiero, Si hoy en la patria mía Fortuna tan impía Como Cervantes lloraré y Homero.

Y si el plazo cumplido En que esta vida y tierra se abandona, Libre acaso de olvido, Mi sepulcro escondido Me conserva tal vez una corona,

Eso hallará mi gente En mi sepulcro al encontrar mi nombre, Mas no dirá insolente Que me pesó en la frente Ese lauro quimérico del hombre.

Cantar tranquilo quiero Mi voluptuosa y lánguida pereza, Pues ni pierdo, ni espero; Y otro cante altanero Las glorias de su patria y su grandeza.

Junto al agua sonora De ese arroyuelo que en mis versos pinto, Cantar me place ahora, Y quédense en buen hora Con sus historias Menfis y Corinto.