Spanish poem
V (Pero no bien apartó)
Pero no bien apartó la faz de la celosía, pasos de alguno sintió que al huerto saltado había; y al ajimez se volvió.
Jimena, con alborozo y sobresalto a la par, vió al enamorado mozo que procuraba el embozo sobre la faz conservar:
y en la amante imprevisión de tal gozo y sobresalto, corrió a la otra habitación y echóse, abriendo el balcón, en el corredor de un salto.
Bibiana al par, que tal ve, corrió al ajimez de junto al balcón: y a punto fué, porque ya el mozo en tal punto del balcón llegaba al pie.
Jimena intentó ordenar del huerto al mozo salir: pero no pudo llegar tal orden a pronunciar porque él la empezó a decir:
«Jimena del alma mía, si cual yo os amo me amáis, hoy ha amanecido el dia en que el alma a la alegría y a mi corazón me abráis.
Yo en decir como en obrar soy breve, recto y sencillo: mi padre acaba de entrar vuestra mano a demandar al conde, en vuestro castillo.
Mi padre lo ha consultado con don Fernando primero, y el Rey su venia ha otorgado; que salga el Rey desairado por vuestro padre no infiero.
Yo al mío hoy acompañe hasta el castillo, y corrí a deciros el por qué tanto a la cita tardé; mirad si el tiempo perdí.
Debo a mi padre aguardar del robledal a la vera; no me quisiera arriesgar a que un instante tuviera por su hijo allí que esperar.
Con que pues sabéis desde hoy el favor que con el Rey tiene mi padre, y yo estoy en que a su demanda es ley que acceda el conde… me voy.
Jimena del alma mía, si vuestra mano me dan, dijo el Rey que al otro día del casamiento, me haría de una hueste capitán.
Si tal mano y tal bandera llego en un día a lograr, Jimena, en España entera no ha de haber rey ni bandera que abata la de Vivar. »
Y así el mancebo diciendo, y el balcón tan bajo viendo, de la retorcida parra el pie en un nudo poniendo, trepa y del balcón se agarra:
y con esfuerzo pujante que la baranda estremece, ízase de ella delante; la da un beso y de un gigante salto… cae… y desaparece.
Por rápida que acudió Bibiana al balcón y a ella, ni el beso de él atajó, ni vió si se le volvió aturdida la doncella.
Jimena en su confusión y en su duda la asturiana, quedaron en conclusión como quien ve una visión al abrir una ventana.
Ninguna osando abordar la delicada cuestión de lo que se pudo dar ni tomar en el balcón, mirábanse sin chistar.
Colocándose por fin Bibiana en la situación, dijo: «Quien pudo al balcón saltar, bien pudo al jardín: mas no es ésta la cuestión.
Ya no hay remedio: tu mano dio ya o le negó a don Diego tu padre el conde Lozano. » JIM. Y a la boda el soberano ha accedido, desde luego. BIB. Que eso no te dé esperanza. JIM. ¿Por qué? BIB. Porque ni con Dios parte el conde la privanza; y aquí está la malandanza del negocio entre los dos. JIM. ¿Crees que mi padre quizás resistir osará al Rey? BIB. Tu padre es hombre que atrás nunca se hará, ni jamás sufrirá de nadie ley. JIM. ¡Dios sea entonces mi escudo! Ya he dado a Ruy el corazón para siempre. BIB. No lo dudo: sólo teniéndole pudo llegar hasta tu… balcón. Dios quiera que ese mancebo fatal a ambas no nos sea. JIM. ¿Ya vuelves a eso de nuevo? BIB. Creer en sueños no debo, lo sé: ¡mas tengo esa idea!
De silencio tras buen trecho, BIBIANA, oyendo arrancar a Jimena un ¡ay! del pecho, dijo: «Ya el mal está hecho: a lo hecho pecho y andar.»