Versos Spanish Juan Eugenio Hartzenbusch Epístola De Don Quijote, En Rancio Lenguaje Caballeresco, Adereszada Al Muy Respectable Público Matritense

Spanish poem

Epístola De Don Quijote, En Rancio Lenguaje Caballeresco, Adereszada Al Muy Respectable Público Matritense

by (1806–1880)

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En un humilde aposento De una posada en la corte, Forastero y forastera Se dicen castos amores. Mujer y marido son, Joven él, y ella más joven: Lágrimas vierte la dama, Y pide perdón el hombre. «Matábanme, Félix mío, Mis celosas aprensiones... Cuando aprensiones las llamo, Yerro a propósito el nombre. Sin avisártelo, vengo De Asturias a que me informes Qué tan cierto es que en Madrid Ofendes a tu consorte. No ha de amarte más que yo La que tu fe me soborne; Y algo por bella me debes, Y algo por discreta y noble.» Suspendió aquí la quejosa Las tiernas reconvenciones, Porque en el rostro el deudor Le dio con la paga entonces. Fatigada la viajera, Y siendo bien que repose, La lleva Félix en brazos... Dios les bendiga la noche. 25 DE NOVIEMBRE DEL MISMO AÑO Devoción me merece San Lope obispo: Lope quiero que sea Nombre del niño. —Ponle dos, ponle, Por mi amor y tu gusto, Félix y Lope. 1573 Bajo el rústico dintel Del Corral de la Pacheca, Cisneros el comediante Habla con Félix de Vega. «Pasmado (le dice) estoy De que haya en edad tan tierna Quien ya en sus cuatro jornadas Componga en verso comedias. Once años cuenta Lopico, Y pasos encuentro en esa, Que no los tiene mejores, Virués ni Juan de la Cueva. De amor y de celos hay Dos asombrosas escenas: ¿Cómo adivina un muchacho Lo que no es dable que sienta? —De amor y celos nació (Modesto el padre contesta), Y amor y celos retrata Por él su naturaleza.» Llegaba Lopico en esto Con los chicos de una escuela, Cañas cabalgando todos, Pisando recio en las piedras. Por bandera en otra caña Llevaba un cartel de iglesia, Y al pasar por el teatro, Batió Lope su bandera. 1635 «Úsase un dicho en Madrid, Curiosa prima Dolores, Que allá sin duda ignoráis En las indianas regiones. A lo más bello y mejor En cualquier género y orden, Ya no se llama excelente: Dicen todos que es de Lope. Cosas de Lope se llaman Libros, espadas, sermones, Joyas, telas, cuanto tiene Gran brillo, mérito y coste. De Lope son los tocados Que el gusto nuevo dispone, Las justas de ingenio dignas, Las ruidosas diversiones. Las villanas de Aranjuez Que venden ramos de flores, De Lope dicen que son Rosas y claveles dobles.» Así a una doncella linda Cortesanas instrucciones Daba, al entrar en Madrid, Cierta señora en su coche. De Cádiz la trae consigo, Para que a su lado goce Lo que en Méjico ganó Su padre, que Dios perdone. Tomar la calle de Francos Pretende el automedonte: Mas el paso le embaraza Tropel de gentes enorme. De las calles convecinas, Ya despacio, ya de golpe, Desembocan sin cesar Mozos, viejos, ricos, pobres, Placeras, dueñas, beatas, Soldados y sacerdotes: Sólo se ve luto, y manos Con amarillos blandones. No hay en la calle pared, En cuyos huecos no asomen Apiñadas las cabezas De compasivos mirones. La cruz de San Sebastián Por entre la turba rompe; Cánticos de muerte suenan; Claman las lenguas de bronce. No se ve féretro aún; Saldrá, si en marcha se pone La muchedumbre que llena Puerta, zaguán y escalones. Hacia la iglesia, por fin, Se mueve la prieta mole, Revueltas las cofradías, Vacilando los pendones. Pasan, y pasan, y pasan Grandes, familiares, monjes, Cómicos, freiles, poetas... ¿Quién hay a quien tantos honren? La primita mejicana, Diestra en aprender lecciones, Prorrumpe: «Si no es de rey, Entierro es éste de Lope.» Acertaba la niña: Lope, el famoso, Va de ocho capellanes Llevado en hombros.— «¡Sánchez! ¡Maestro! Decid a esta indianita Quién era el muerto.» El señor Sánchez, persona Muy conocida en Madrid, Zapatero es de aguadores Y de gente baladí. Aficionado a la farsa Desde la edad infantil, Con pan y comedia vive, Cómicamente feliz. Por jefe le reconoce La turba mosqueteril Que en el Príncipe y la Cruz Mueve a menudo motín. Más de un galán le ha doblado La engarrotada cerviz, Enviándole presentes, Que él desdeñó recibir. De un novel ingenio cuentan Que visitándole, a fin De que estrenándose en tablas, No se le mostrara hostil, «Mancebo (saltó el Maese), Justicia os haremos: id, Id en paz, si es tal la obra Que yo la pueda aplaudir.» Entrose en el coche Sánchez Como en ganado país, Y al paso que el duelo siguen, Habla a las damas así: —«Nace el hombre con deseo De ver y oír cuanto pueda; Lo que en propio ser no viere, Codicia verlo en comedia. Pide el escribirla bien Alto ingenio y muchas letras, Alma, inventiva y gracejo, Que Dios a pocos dispensa. Farsas en España, ya Divirtieron a mi abuela: Para entonces no eran malas, Para después no eran buenas. Salieron al fin a luz Dos, tres, seis y una docena, Que asombraron a Madrid, Sevilla y España entera. En paseos y en saraos, En las plazas y las tiendas, Nadie a la sazón trataba Más que de la farsa nueva. «¿Quién ha escrito El verdadero Amante? —Lope de Vega. —Y Las Amazonas? —Lope. —¿Y El molino y la Aristea? —Lope. —¿Y la Abderite? —El mismo Lope, y el Vamba y la Angélica, La Melindrosa, El Maestro De danzar, La Montañesa, Lo cierto por lo dudoso, Psiques, Muza, El Turco en Viena, Los milagros del desprecio, El pleito de Ingalaterra, Amar sin saber a quién, La Danza boba, La siega, Los enredos de Celauro, La Serrana de la Vera, El mejor Alcalde el Rey, Peribáñez, Las Batuecas, El remedio en la desdicha, El cerco de Orán, La Estrella De Sevilla... —¡Señor! ¿cuánto Escribe ese hombre? —Unas treinta Comedias al año...» Luego Compuso más de cincuenta: Cincuenta y cuatro nos daba Desde cuaresma a cuaresma; Y esto ¿cuándo! cuando ya Pasaba de los sesenta. Dos días, y en cada uno Doce horas de tarea, Veinticuatro de bufete Con otras tantas de huelga, Tiempo bastante le fueron Para llevar a la escena De La noche de San Juan La fábula placentera. Con prisa igual más de ciento Produjo su fácil vena, Y ha tres años que contaba Cabales mil y quinientas. Esto, amén de cuatrocientos Autos y de diez poemas, Y romances infinitos, Canciones y cantilenas, Los sonetos a puñados, Los epigramas por gruesas, Epístolas, no sé cuántas, Y ocho, en fin, o diez novelas. Y este hombre comió y durmió, Y santificó las fiestas, Y estudió filosofía, Cánones, historia y lenguas. Y este hombre trató mil gentes; Que no hay nación en la tierra Que no enviase a Madrid Persona que a Lope viera. Del Padre Santo en la corte, Del Gran Señor en presencia, Con vítores resonó El nombre del gran poeta. Grande, sí, porque de España Reprodujo la grandeza: Cuanto hay bello y grande aquí. Sus farsas nos representan; Y no con frase trivial, Ni en rima pobre y grosera: Garcilaso y Castillejo Brillan a la par en ellas. ¿Qué español no quiere ser Aquel galán, que él diseña En Las flores de Don Juan, Flores de oro, no de seda! ¿Quién pudo sin llanto ver A la divina Isabela, Que allá en Irlanda padece La más lastimosa fuerza! Por templar al padre airado, Que un hijo de amor desecha, Esclava de su galán, Suspira celosa Elena. Corona Sol merecida Ciñe de cónyuge honesta: Porque un rey de amarla deje. Sus brazos al fuego entrega. Ley natural hace al hombro Amar a su compañera; Lope la pone en altar, Y al pie del altar nos lleva. Teatro español tuvimos Antes que Lope naciera; Mas era teatro en cuna, Y aun era español apenas. Él le dio forma y valor Y sello que nunca pierda: Si hombre como yo lo ve, Marcadas tendrá las señas. De Lope el arte aprendieron Cuantos en él se le hombrean, Tirso, Rojas, Alarcón, Y el que hoy su laurel hereda. De autores hablar no quiero, Que usando mi oficio medran: Zapatos remiendo yo, Y ellos a Lope remiendan. Pródigo maestro, a mil Cortada dejó la tela: Desperdicios de su pluma Son gala de ciento ajenas. El Fénix de los Ingenios Le han llamado; no lo aciertan: El fénix de sí renace, Y un Lope no se renueva. No da Dios tan a menudo Tanto ingenio y tales prendas. Flaquezas en Lope vimos: Ejemplar vimos la enmienda. Galán, soldado con brío, Dulce humor y habla discreta, Gran defensor de las damas, Pagáronle el defenderlas. Dos veces casado fue; Dos hijas casadas deja, Una bien, otra mejor: Monja vive aquí a la vuelta. Hija de culpa nació La hermosísima Marcela; Dios ángel volverla quiso, Que gloria del padre fuera. Sacerdote él ventiséis Años, y en clausura estrecha Catorce ella ya, virtud A siglo y a claustro enseñan. Jamás de labios de Lope Salió palabra soberbia; Jamás la envidia en su pecho Vertió su ponzoña negra. Con su ingenio iban al par Su bizarría y modestia; Quien no le trató por gusto, Le buscó por conveniencia. Ved esos pobres que gimen, Siguiendo la turba densa: Padre era de todos él, Y pobre por ellos era. Mas ya se paran allí... Las Trinitarias son esas... De frente a una celosía Veis que el ataúd presentan... Sor Marcela de San Félix, Tras la celosía puesta, A dar a su padre va La despedida postrera. Las manos al ataúd Tiende amante una profesa. ¡Ella es! ¡ella es! la hija santa Del gran Frey Lope de Vega.» Silencio reinó profundo, Mudas las campanas quedan, Beberse quieren los ojos El eco flébil que esperan. «¡Santos del Señor (se oyó), Cuyas virtudes excelsas La fe celebró de Lope Con rima imperecedera! ¡Vos, Apóstol de las gentes, Penitente Magdalena, Roque, Diego, Nicolás, Casilda, Julián de Cuenca! ¡Vos, Cardenal de Belén; Vos, Ángel de las escuelas, Brígida, Isidro, Agustín, Y vos, mi Madre Teresa! Con vosotros ha vivido El alma de Lope tierna: Recibidla en brazos, hoy Que al pie del Eterno vuela, Recibe tú, padre mío, De este mi dolor la ofrenda: Sin corazón para el mundo, Me mata por ti la pena. ¡Padre! ¡Adiós! Del viaje largo Descansas en paz perpetua; Y en vez de laurel caduco, Ciñes corona de estrellas. ¡Yo lloro, y eres feliz! ¡Bendita la mano sea, Que gloria te da en el cielo, Tras gloria tanta en la tierra!