Spanish poem
En La Inauguración De La Escuela Central De Agricultura
by Juan Eugenio Hartzenbusch (1806–1880)
Al rico y al pordiosero, A la hermosa y al galán, Sustento y abrigo dan Labrador y ganadero. Del redil y del granero El tesoro bienhechor Esparce en su alrededor Raudal de vida fecundo: Son providencia del mundo Ganadero y labrador. ¿Por qué mirar con desdén Al que arte profesa tal? —Por ser estimado mal Quien vende barato el bien. —Pero tus quejas detén, Clase abatida hasta aquí: De haberte olvidado así Nuestra patria se avergüenza, Y hoy con ventaja comienza La justicia para ti. Hoy del polvo te alzarás En que tu humildad yacía; Mas también desde este día De ti España exige más. Con la ciencia adornarás Tus usos de antigua fecha; Mire el que siembra y barbecha Que está ya bien demostrado Que juntos libro y arado Multiplican la cosecha. Prueba ofrecerá segura, Que tanta verdad abone, La campiña ésta, en que pone Su trono la Agricultura. Cual rompe la nube obscura Vívido el rayo del sol, Matizando su arrebol Ardua cima y honda cuenca, Radiará de La Flamenca Bien para el suelo español. En él la divina mano, Que hoy se nos retira escasa, La copa vertió sin tasa De su favor soberano. Clima feliz, rubio grano, Frutos con dulce sazón, Reses de fardo y timón, Reses de aprisco y de guerra, Dote de la hispana tierra Fueron siempre y aún lo son. Hágase un día valer Esta abundancia sin par: Tener y no aprovechar Equivale a no tener. Bebió del Guadiana ayer La oveja, cuyo vellón Hoy en distante región Hace rico al hábil dueño: ¡Logre el pastor extremeño Lo que ha logrado el sajón! Ostenta con ufanía Su célebre vino el Rhin: Es fuerza que tenga fin Esa injusta nombradía. Las cepas de Andalucía Rinden jugo superior: Adelgazad su vigor, Traiga sin riesgo el placer; Echadle un poco a perder, Se le tendrá por mejor. Más trabajo os costará Del bruto amansar la casta, Que espanto, al bajar el asta, Al león de África da. Víctimas reciba ya Más pingües el matadero, Y el yugo del carretero Más altas cervices ate: No es de sentir, si combate, Que no peligre el torero. Principios ciertos y claros Vais a difundir, señores; Pero a luchar con errores Necesitáis prepararos. Por ignorantes reparos No os dejéis alucinar; Formad en particular Empeño de convertir Al que no deja vivir Ni arboleda ni tallar. Por librar de merma el trigo Echa el incauto en las llamas El álamo, cuyas ramas Dieron al gorrión abrigo. Mas al voraz enemigo Verá en su techo anidar. Sobra en España lugar Para selva y para mies: Yermarla de árboles es Agua a las fuentes robar. Sin ellas mueren los prados, Que dan al ganado vida, Y es la labranza perdida: No hay labranza sin ganados. A cabañas y sembrados, Al colmenar y al vergel Llevad con examen fiel Cuanta mejora es precisa. Marcha hoy el saber aprisa: Marchad a la par con él. En su estado natural Produce el espino adusto Mezquina baya sin gusto, Que ni aun la pica el zorzal. Injertadle con peral, Y el fruto mejor tendréis. Alumnos, esto hallaréis, Si a la rústica experiencia Vástagos nobles de ciencia Con tino aplicar sabéis. Y la patria os deberá Su más preciado tesoro. Que busque el minero el oro: Con el oro os buscará. Y cuando vuelvan acá Los que hoy nuestro suelo ven, Y justa alabanza den Al claro cielo de España, Clamen con sorpresa extraña: «Su campo es cielo también.» Y cuando quiera el viajero Saber quién pudo tornar Granja hermosa el tomillar, La ciénaga abrevadero, Un nombre dirá el vivero, Otro el taller de la miel, Otro el guía del corcel Recio, gallardo y veloz; Y España en sola una voz El de la augusta ISABEL.