Versos Spanish Juan Eugenio Hartzenbusch Ellas Y Ellos. Romance

Spanish poem

Ellas Y Ellos. Romance

by (1806–1880)

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Años ha que hay en el mundo Reñidísima cuestión Sobre cuál, de hombre y mujer, Es en lo moral mejor. Cada uno defiende el pleito Pidiendo sentencia en pro; Y a falta de juez que pueda Fallar sin apelación, Uno y otro litigante Se proclama vencedor. Satisfechos de este modo Entrambos con su opinión, Viven en tregua apacible Hombres y mujeres hoy, Y para el día del juicio Se aplaza la decisión Que a ellas y ellos manifieste Quién acertaba y quién no. Pero como a cada riña Que tienen hembra y varón, La suspendida contienda Se renueva con calor, Y es en circunstancia tal La salida de cajón Decirse ambos al sacarse Todos los trapos al sol: «Ustedes son los peores,— Ustedes sí que lo son;» Yo, sin ánimo de hacerme De ninguno defensor, Quiero agregar a los autos, Por vía de ilustración, Unos apuntes históricos, Obra de ignorado autor, Que hallé por casualidad En un viejo cronicón. Cuando la alta Omnipotencia La obra del mundo acabó, Al poner a hombre y mujer En su plena posesión, Árbitro de su destino Hizo al hombre el Criador. Todos los vicios y males Encerrados se los dio En una caverna horrible, Segurísima prisión, De cuya puerta de acero La llave al hombre fió. Las virtudes y placeres En tanto a su discreción Dueños del orbe quedaron: Edad venturosa, ¡ay Dios! Y tanto más envidiable Cuanto más breve pasó. Tuvo una vez la mujer El deseo tentador De ver qué clase de gente Guardaba aquella mansión; Pues conociendo de trato La paz, el gozo, el amor, Quiso conocer de vista Y oír un rato la voz A la tristeza, la envidia, La cólera y la ambición. Cogió por desgracia un día Al hombre de buen humor; Cogiole luego la llave, Y sin más meditación Fue a la gruta, y para abrirla La osada mano tendió. Los firmes ejes del mundo Se estremecieron al son Que hizo la llave al girar De su punto en derredor, Abrió la puerta; los vicios Salieron en pelotón, Y tropezando de golpe Con la mísera que abrió, Hicieron en ella presa Sin ninguna compasión. El hombre, que estaba lejos, Mejor al pronto libró, Porque al fin sólo pudieron Entrar en su corazón Los vicios que, por salir Con ligereza menor, No hallaron en la mujer Desocupado rincón. Pero esta desigualdad Pronto desapareció; Pues llorando la curiosa, Aunque algo tarde, su error, En busca de su consorte Guió la planta veloz: Abrió el esposo los brazos; Ella en ellos se arrojó, Y al seno del hombre entonces Pasaron sin dilación Las demás calamidades Con que la mujer cargó, Heredando al abrazarla Cuanta humana imperfección Cifró en la naturaleza La ley del Sumo Hacedor, De esta memoria secreta Infiere el que la escribió Que, a vivir hombre y mujer Con total separación, Quizá el hombre en ese caso Fuera de ambos el mejor; Mas como ella y él se tienen Invencible inclinación; Como es, a pesar de todo, Ese sexo encantador La maravilla que puso Término a la creación, Busca el hombre a la mujer, Copia de ella lo peor, Y así junta en su persona Los vicios de ambos a dos.