Spanish poem
Merced A Tus Traiciones
GRAZIÈ À GL'INGANNI MOI Merced a tus traiciones al fin respiro, Nice; al fin de un infelice el cielo hubo piedad. Ya rotas las prisiones, libre está la alma mía; no sueño, no, este día mi dulce libertad. Cesó la antigua llama, y tranquilo y exento ni aun un despique siento do se disfrace amor. Mi rostro no se inflama si oigo tal vez nombrarte; el pecho no al mirarte palpita de temor. Duermo en paz y no creo tu imagen ser presente, ni al despertar la mente se empieza en ti a gozar. Lejos de ti me veo, sin que de ti haga cuenta cerca estoy sin que sienta ni gusto ni pesar. Si hablo en tus perfecciones, no enternecerme siento; si mis errores cuento, ni aun indignarme sé. Delante te me pones, y ya no estoy turbado; con mi rival al lado hablar de ti podré. Mírame en rostro fiero, háblame en faz humana: tu altanería es vana, y es vano tu favor; que en mí el mandar primero perdió tu hablar divino; tus ojos no el camino saben del corazón. Lo que me place o enfada, si estoy alegre o triste, no en ser tu don consiste, ni culpa tuya es; que ya sin ti me agrada el prado y selva hojosa; toda estancia enojosa me cansa aunque allí estés. Mira si soy sincero: aún me pareces bella, pero no, Nice, aquella que parangón no ha; y, no el ser verdadero te ofenda, algún defecto noto en tu lindo aspecto, que tuve por beldad. Al romper las cadenas, dígolo sonrojado, mi corazón llagado romper se vio y morir; mas por salir de penas y de prisión librarse, en fin, por rescatarse ¡qué no es dado sufrir! El colorín trabado tal vez en blanda liga, la pluma en su fatiga deja por escapar; mas presto matizado se ve de pluma nueva, ni, cauto con tal prueba, le tornan a engañar. Sé que aún no crees extinto aquel mi ardor primero porque callar no quiero y de él hablando estó; sólo el natal instinto me aguija a hacerlo, Nice, con que cualquiera dice los riesgos que sufrió. Pasadas iras cuento tras tanto ensayo fiero. De la herida el guerrero muestra así la señal; así muestra contento cautivo que de penas escapó, las cadenas que arrastró por su mal. Hablo, mas sólo hablando satisfacerme curo; hablo, mas no procuro que crédito me des. Hablo, mas no demando si aprietas mis razones; si a hablar de mí te pones, que tan tranquila estés. ¿Yo pierdo una inconstante? tú un corazón sincero: yo no sé cuál primero se deba consolar. Sé que un tan fiel amante no le has de hallar, traidora; mas otra embaucadora bien fácil es de hallar.