Spanish poem
Esmera Su Respetuoso Amor; Habla Con El Retrato; Y No Calla Con Él, Dos Veces, Dueño
Copia divina, en quien veo desvanecido al pincel, de ver que ha llegado él donde no pudo el deseo; alto, soberano empleo de más que humano talento; exenta de atrevimiento, pues tu beldad increíble, como excede a lo posible, no la alcanza el pensamiento. ¿Qué pincel tan soberano fue a copiarte suficiente? ¿Qué numen movió la mente? ¿Qué virtud rigió la mano? No se alabe el Arte, vano, que te formó peregrino: pues en tu beldad convino, para formar un portento, fuese humano el instrumento, pero el impulso, divino. Tan espíritu te admiro, que cuando deidad te creo, hallo el alma que no veo, y dudo el cuerpo que miro. Todo el discurso retiro, admirada en tu beldad: que muestra con realidad, dejando el sentido en calma, que puede copiarse el alma, que es visible la deidad. Mirando perfección tal cual la que en ti llego a ver, apenas puedo creer que puedes tener igual; y a no haber Original de cuya perfección rara la que hay en ti se copiara, perdida por tu afición, segundo Pigmalïón, la animación te impetrara. Toco, por ver si escondido lo viviente en ti parece: ¿posible es, que de él carece quien roba todo el sentido? ¿Posible es, que no has sentido esta mano que te toca, y a que atiendas te provoca a mis rendidos despojos? ¿Que no hay luz en esos ojos? ¿Que no hay voz en esa boca? Bien puedo formar querella, cuando me dejas en calma, de que me robas el alma y no te animas con ella; y cuando altivo atropella tu rigor, mi rendimiento, apurando el sufrimiento, tanto tu piedad se aleja, que se me pierde la queja y se me logra el tormento. Tal vez, pienso que piadoso respondes a mi afición; y otras, teme el corazón que te esquivas desdeñoso. Ya alienta el pecho, dichoso, ya infeliz al rigor muere; pero, como quiera, adquiere la dicha de poseer, porque al fin, en mi poder serás lo que yo quisiere. Y aunque ostentes el rigor de tu Original, fiel, a mí me ha dado el pincel lo que no puede el amor. Dichosa vivo al favor que me ofrece un bronce frío: pues aunque muestres desvío, podrás, cuando más terrible, decir que eres impasible, pero no que no eres mío.
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