Spanish poem
Lolita La De Ojos Negros
by Manuel Bretón de los Herreros
Lolita la de ojos negros Sobre nacarada tez, Tan modesta como linda, Tan donosa como fiel; Hermosa andaluza, que eres La gala de aquel edén Y, sin ser Rabicortona, El asombro de Jerez, Hanme dicho que en París, Corte del trono francés, No has encontrado, Lolita, Zapato para tu pie. ¿Qué mucho, si es tan pulido Que Amor se deleita en él Y tan breve que al moverse El más lince no le ve? ¡Dios te perdone el tormento Que sufrió... tú sabes quién Cuando vio tu pie en la mano De un zapatero soez! Pero antes de consentir Tal sacrilegio ¿por qué No consideraste, Lola, Que tu clima no era aquel? Ya se ve, tú pedirías Zapatos para mujer, Y los debiste pedir Para niña de ocho a diez; Que pasan allí por bellos Pies de a tercia, y puede ser Que no asusten los que midan Cinco dedos más o seis; Y diz que al tarso condenan Para que parezca bien A ser descarnado y seco Cual tablero de ajedrez. De gustos nada hay escrito, Dice el refrán, bien lo sé; Y no ha de tirar guijarros A su tejado el francés; Y en cada tierra hay su estilo. Por eso en Babel-Mandeb Agrada el rostro atezado Que suda gotas de pez. Pero árido zancarrón Con sólo huesos y piel ¿Quién lo puede celebrar Hablando de buena fe? O le es fuerza confesarme Que lo admira contra ley, O serán de pie de banco Las razones que me dé; Y si hay quien tribute versos A tales pies, ese quién Hará en vez de un madrigal Un epigrama cruel. ¡No así Fidias memorable Los esculpiera, ni fue Tan chata la inspiración De Murillo y Rafael!; Que pie druida, es enemigo De la pasión, del placer, Y el instinto de lo bello Fue guía de su pincel. ¿Qué talle hicieran garboso Las patas que allí se ven? Es imposible... ¿Y la pierna?... Jesús, María y José! Alma de cántaro abriga Quien no sabe comprender De un túrgido pie menudo La elocuente morbidez. ¡Oh cuánto suelen decir Artero amor a través Del tabinete y la galga, Y la media de patén! Pero un pie de estado llano, Que no altera su nivel, Si no es cola de abadejo Es cecina de Avilés. Por eso cuando en España, Que es país de honra y de prez, «A los pies de usted, señora». Exclama noble doncel, Quizá se declara amante Con achaque de cortés, Y llamárase dichoso Si le dijeran amén; Que un pie lacónico y blando, ¡Vaya! es lo que hay que comer, Lolita, y gracia de Dios Poner los labios en él; Pero en la orilla del Sena Sería absurda sandez El decir a una madama: «Señora, a los pies de usted».
Rabicortona
El asombro de Jerez
pie de banco
Fidias
chata
Murillo Rafael!;
druida