Spanish poem
Mal Conocía Al Hombre El Ignorante
by Manuel Bretón de los Herreros
Mal conocía al hombre el ignorante Que dijo, no sé a quién, dónde ni cuándo: El espejo del alma es el semblante. ¡Pluguiera a Dios, y el crimen execrando, Cuanto más solapado más temible, De la virtud no hiciera contrabando! Su sed de sangre, su índole irascible Muestra el león en su rapante garra Y de su boca en el abismo horrible; Y ruge de furor si triple barra Tornar le niega al arenal ardiente; Y muerde la cadena que le amarra. No esconde el jabalí su corvo diente; Ni el águila caudal remeda astuta El arrullo de tórtola inocente; Ni llorando a sus víctimas se enluta Hiena voraz; ni el lobo y el cervato Reposaron jamás en una gruta. No hay ser irracional, excepto el gato Que del hombre aprendió la hipocresía, Que en sus obras desmienta su retrato. Mas del género humano la falsía Tal es, que aun la virtud más acendrada Se avergüenza al brillar la luz del día. Yerta galantería almibarada Ordena a don Simón besar la mano Que quisiera, a fe mía, ver cortada. ¡Oh cuánto y cuánto ofrecimiento vano Contraria al corazón dicta la boca, No digan: ¡qué grosero es don fulano! ¡Oh cómo al cielo don Froilán invoca Jurando a Cloris amistad eterna, Y dice en el café que es una loca! ¡Oh cómo Lucio de su Laura tierna Celebra el lindo pie!... ¡Guarda, cuitada! Si el pie le das, avanzará a la pierna. Cuentan que en otra edad afortunada, Edad que algún enfermo visionario Improvisó roncando en la almohada, Ninguno te ultrajaba temerario, Sacrosanta verdad, aunque a tu apoyo El ante mí faltase de un notario. ¡Oh siglo de Saturno! En algún hoyo Para siempre te hundieron. Ya no brota De leche ni de miel ningún arroyo. Sólo de ti nos queda la bellota; Y yo sé quién comerla debería Mejor que pan de Meco o de Grijota. ¡Eh! Sueños son de ilusa fantasía. Fiel la historia esas fábulas desmiente Que forjó la entusiasta poesía. No te hubieran hollado impunemente, Mísera humanidad, tantos tiranos Del Norte al Sur, del Este al Occidente, Si incensando al poder con ambas manos Encomiado no hubieran sus excesos Viles y aduladores cortesanos. Ni aun después de hechos polvo nuestros huesos La raza acabará de los Sinones Y de los Judas los traidores besos. Este el lote será de las naciones Si algún milagro celestial no arranca Del corazón humano las pasiones. Unos nadando en oro; otros sin blanca... ¿Y embusteros no habrá, cuando este oficio Se aprende sin cursar en Salamanca? ¿Quién ya de la virtud distingue al Vicio, Si almas sumidas en su lodo inmundo Cubre tal vez el áspero cilicio? ¿Quién restituye la verdad al mundo, Si el que mejor del prójimo se mofa Filósofo se llama el más profundo? ¿Si aquel poeta que en sublime estrofa Nos encomia la cándida inocencia No daría por ella una alcachofa? ¿Qué más? El noble título de ciencia Se arroga ya en el orbe la impostura, Y sin cargo se ejerce de conciencia. Su alianza el ruso al otomano jura, Y más codicia el bósforo de Tracia, Que la amistad de un turco mal segura. La falacia en un quidam es falacia. ¿La comete un ministro? ¿Hay protocolo? Entonces se apellida diplomacia. El bien de su país le mueve sólo, Y si al sármata engaña y al tudesco Del dolo se defiende con el dolo. ¿Y a quién ofende en pabellón chinesco El amistoso fraude cortesano Precedido de opíparo refresco? Quizá ese fraude del bifronte Jano Cierra el templo feroz, y el que lo signa Es buen padre tal vez, buen ciudadano; Como el soldado de índole benigna Fulmina ardiente bala matadora Obediente a la bárbara consigna. Mas del orbe despótica señora, Ello es que triunfa la mentira impune Y con soberbios timbres se decora. La mentira es el lazo que nos une, Gracias al padre Adán. ¿Dónde hay un santo, Dónde que sin mentir se desayune? Miente la viuda con el negro manto; Miente en su boca el funeral sollozo; Miente en sus ojos el acerbo llanto. Proponedla, si no, gallardo mozo Que consuele su tálamo desierto, Y veréis su pesar trocado en gozo. Miente ya el mercader menos experto; Miente el sello también con que atestigua Que el tanto de arancel pagó en el puerto. Miente casto rubor la cara ambigua Del dómine que vive amancebado, Y si oye decir porra se santigua. Un pliego y otro de papel sellado Con fehaciente rúbrica embadurna Quien nunca tuvo fe ni lo ha soñado. Y yo pondría a Elisa en una urna, Cual ángel de virtud, si no supiera Que es ave de reclamo, aunque nocturna. ¡Cuánta calva con riza cabellera! ¡Cuánta canosa greña reteñida! ¿Qué cabeza en Madrid no es embustera? Finge cadera y pecho la escurrida, Finge el color de sus mejillas rojo La pálida coqueta presumida; Y en la cara de Lucas miente un ojo; Que de cristal de roca es el izquierdo; ¡A tanto, oh vanidad, llega tu arrojo! ¡Oh! Si algún día los estribos pierdo, No dirás, infernal Hipocresía, Que te ladro cual gozque y no te muerdo. Y ¡qué! ¿No fuera mengua y cobardía A tus veniales culpas solamente Lanzar el dardo de la saña mía? ¡Qué! Denuncio a la risa de la gente El falso dengue, el polisson maldito, El muerto rizo y el intruso diente; ¿Y no alzaré contra mayor delito, De Juvenal la férula empuñando, Hasta los cielos el airado grito? ¡Oh patria, patria mísera! ¿Hasta cuándo Te insultarán hipócritas infames Tu sacro y dulce nombre profanando? ¿Cuándo querrá Satán que no declames Contra tanta perfidia al vago viento Y lágrimas perdidas no derrames? ¿Cuándo será que un sátrapa avariento, Con el público bien siempre en la boca, Fije sólo en el suyo el pensamiento? ¡Numen de libertad! ¿Por qué te invoca En insidiosa y pérfida proclama Quien tus aras sacrílego derroca? ¿Por qué abrasado en tu divina llama Se finge sin rubor el mal patricio Que la anarquía y el desorden ama? ¿Hasta cuándo sufrir el artificio Del que hoy pide congreso, instituciones... Y victoreaba ayer al Santo Oficio? ¡Tolerancia! ¡Igualdad!... ¡Y a sus pasiones Suelta la brida el que a tirano yugo Quiere forzar las libres opiniones! Honra tu nombre, pues al cielo plugo La cadena romper que te oprimía, Y no seas ni esclavo ni verdugo. Si de la patria el bien sólo te guía, ¿Por qué tu brazo envilecer blandiendo Las armas de la odiosa tiranía? Mas reprimir no es fácil al que, ardiendo En patrio amor, tras luenga servidumbre Ve derribado al despotismo horrendo. Así tras de aparente mansedumbre Traga la puente el Rin, la vega inunda Y del monte amenaza a la alta cumbre. Así el toro escapado a la coyunda, Tal vez arremetiendo al que le uncía Clava en su hermano el asta furibunda. ¡Oh! ¡Luzca presto el suspirado día, Término justo al ansia generosa Del que en la santa ley su gloria fía! ¡Oh cuánto tarda en resonar briosa La voz inmune del prohombre libre, Rota ya la mordaza vergonzosa! ¿Cuándo, cuándo será que Astrea vibre Inflexible su espada, y Manzanares Pueda las glorias renovar del Tibre? ¿Cuándo será que en respetados lares Se goce el antes mudo ciudadano Entonando patrióticos cantares? ¡Ah! No abriguemos la esperanza en vano De unir al esplendor de la diadema La libertad del pueblo castellano. Y la discordia en su agonía extrema Bramando lleve al fondo del abismo De la ibera región el anatema. Y con la pura voz del patriotismo No más en nuestros valles se confunda El alarido atroz del fanatismo. Sí, de bienes sin número fecunda Ya resplandece la anhelada aurora Después de noche tétrica y profunda. Y la misma facción que ciega adora Al ministro falaz que la fascina Le arrancará la máscara traidora; Ya no osará de inspiración divina Embriagado fingirse, el druida torvo Que cual vándalo roba y asesina; Más espantoso que el asiano morbo, No ya en vez del pacífico incensario Blandirá de Mahoma el hierro corvo. Ni convertido se verá el santuario En bélico arsenal, ni en su recinto Se albergará seguro el incendiario; Ni un brazo, ¡justo cielo! en sangre tinto Bendecirá a la turba que enajena De estúpido furor el ciego instinto. En vano un alma de maldades llena Esconderán dobladas las rodillas Y los ojos clavados en la arena. Tú, que feroces hordas acaudillas, No eres quizá quien el sagrado nombre Del Supremo Hacedor más amancillas. Muestras al menos el valor de un hombre, Y el mismo arrojo que tu ruina labra Quizá algún día al universo asombre. Maldito el que la mística palabra Tuerce mañoso a rebelión injusta Que a su oculta ambición las puertas abra; El que osa calumniar con frente adusta Del Redentor del mundo la incruenta, Dulce, fraterna religión augusta; El que a la faz del público aparenta Paz, mansedumbre; y sigiloso trama La ruina del país que le sustenta; Aquel que horrible tósigo derrama Sobre el incauto pueblo penitente Que celestial oráculo le llama. ¡Oh! No le creas, no: su lengua miente; Que es el eco del Tártaro sombrío, No intérprete de un Dios justo y clemente. Libres por dicha del contagio impío Ministros hay en el cristiano templo Que condenan tan ciego desvarío. Postrado, absorto su virtud contemplo, Si detesto al indigno sacerdote Que de un Opas traidor sigue el ejemplo. ¡Ah! Sólo un iroqués, un hotentote Pudiera... Mas mi mano se fatiga De tanto sacudir el crudo azote. Basta. Aunque más la punce y la maldiga, El vértigo censorio de mi vena ¿Podrá del mundo desterrar la intriga? La torpe Hipocresía que envenena La humana sociedad ¿se irá al abismo Sólo porque un poeta la condena? ¿Ahuyentaré del mundo el embolismo Que es para tunos mil una cucaña? No, no presumo tanto de mí mismo. ¡Alerta! diré sólo; que en España De día es flor la que de noche ortiga: Y entre el grano se esconde la cizaña, Y el que más te acaricia más te engaña.
ante mí
quidam
protocolo?
polisson
Santo Oficio?