Spanish poem
Reniego Del Astro Pésimo
by Manuel Bretón de los Herreros
Reniego del astro pésimo Cuya influencia recóndita Me aficionó a la poética, Que ya maldice mi cólera. Harto más valido hubiérame Estudiar forenses fórmulas, Y henchir mi mente del fárrago De jurisprudencia lóbrega. Con esto, y charlar ex cáthedra, Y con un poco de mónita, Rico viviera y espléndido A expensas de gente estólida; Que en este valle de lágrimas Campa la avaricia sórdida, La verdad no tiene apóstoles, La moral es una andrómina; Y en el agitado piélago De las pasiones indómitas Pesca sin temer al Ábrego De un abogado la góndola. O el valor de ruines géneros Centuplicar en la alhóndiga, Ahogando en el frío cálculo Tus gritos, conciencia incómoda. O miembro hacerme pacífico De nuestra iglesia católica, Y ya sería canónigo De Cartagena o de Córdoba. O alistarme en el ejército; Que si en las batallas hórridas A muchos abren el Báratro La bayoneta y la pólvora, Otros sin valor ni táctica Labrando fortunas sólidas Lucen entorchados áuricos; Si no en el campo, en la ópera. Basta adular a los próceres Y saber cobrar la nómina Ya del pueblo, ya del príncipe, Ya de facción aristócrata, Y antes imitar a un sátrapa De la gente babilónica Que el denuedo de Temístocles, De Cimón y de Pelópidas. Es verdad que eternas páginas Prestó a las antiguas crónicas Aquel espartano célebre Que feneció en las Termópilas; Mas ¿quién es hoy el estúpido Que aspirando a fama póstuma De su vida anhela el término, Que ya es demasiado prófuga? O a ser asentista diérame, Y con marañas diabólicas Saqueando al Rey y al público Llenara de oro mi cómoda; O estudiara terapéutica Y nociones fisiológicas, Y empuñara desde párvulo La cimitarra anatómica. Hoy asesinando al prójimo Mi suerte sería próspera, Ducho en la ciencia de Hipócrates A los profanos incógnita. Broussais, con tu goma arábiga Y sanguijuelas hidrópicas Todo lo curara; cólicos, Úlceras, fiebres, parótidas. O con Le Roi sin escrúpulo, Dejando antiguas teóricas, Del vomi-purgante bárbaro Sería mi mano pródiga. O bien sectario impertérrito De las medicinas tónicas, Daría a Plutón más súbditos Que Bonaparte el de Córcega. Brown, Le Roi, Broussais, idénticos Son todos, si no en su lógica, En atestar de cadáveres Del campo santo las bóvedas. O fuera yo farmacéutico, Y por medicinas óptimas A peso de plata un tósigo Vendería en cada pócima. O, aunque antes mano quirúrgica, Mejor dijera antropófaga, Me dejase como a Orígenes, Que no es desventura módica, ¡A Dios pluguiera que en Nápoles Nacido, en Turín o en Módena, Dado me hubiera a la música, Que en Madrid manda despótica! Mas ¿qué digo? Sastre, acólito, Maestro de baile, hipócrita, Histrión, cocinero, dómine, Rufián, alguacil, apóstata... Todo es mejor, oh Teótimo, Cualquiera industria es más cómoda Que hacer versos para el pábulo En esta edad macarrónica. ¿Qué vale de las Piérides Sentir la influencia próvida? La inopia y el arte métrica Ya son palabras sinónimas. ¡Ay! mientras nada en la crápula O yace en inmunda cópula, Un creso niega a tu mérito La suspirada bucólica. Aunque cual Homero célebre Cantes el luto de Andrómaca, O excedas al alto Píndaro Y al autor de las Geórgicas; Ni de la imprenta los tórculos Te han de adquirir una almóndiga, Ni tener capa te es lícito Que te guarde de la atmósfera. Ni te darán dulce tálamo Tropos y flores retóricas; Que huyendo de ti las vírgenes Se irán a la zona tórrida. Ni aun si canto epitalámico Produce, o farsa alegórica Do vean su panegírico Padres, consortes, y prónuba, Logra un coplero parásito De su hambre acabar la prórroga, Aunque hinchado y metafísico Veinte veces más que Góngora. ¿Qué son ya las glorias épicas? ¿Qué las dulzuras eróticas? ¿Qué son los ejemplos trágicos, Y qué en fin las sales cómicas? Ya clama ignorante clérigo Que con impiedad insólita Atentas en cada párrafo A la doctrina canónica; O ya gacetero díscolo En sus columnas periódicas A tus obras llama inútiles, Descomunales o apócrifas. Pides protección leyéndolas A un señor de sangre gótica, Y oye tus endecasílabos Como si fuera un autómata. Te sometes a la férula De algún erudito cócora; Y mide los raptos líricos Con el compás de un geómetra. Si con inocente júbilo En sencilla anacreóntica Cantas el vino y los céfiros Y el arrullo de la tórtola, Adormecen tus versículos Como bebida narcótica, O desaparecen rápidos Cual las ilusiones ópticas; Que ya sólo gusta a Flérida, La de la cintura mórbida, Alguna charada, insípida alguna novela exótica. Mordaz se llama a la Sátira, A la Epopeya monótona, Al Idilio sandio y rústico Y a la Elegía platónica. ¿Y qué hace el triste dramático Entre cabezas tan cóncavas Cuando huella el orbe escénico La manía filarmónica? ¿Quién no arrolla al vate indígena, Ya con calumnias anónimas, Ya con silbidos horrísonos, O ya con risa sardónica? Y en tanto al gorjeo lánguido De una cantarina nómada, Plebe rutinaria y frívola, ¡Cuál victoreas atónita! ¡Qué de riquezas a un músico! ¡Qué de honores, santa Mónica! ¡Y en tanto a mi triste estómago Aqueja gazuza crónica! Y en tanto al terrible tránsito Mi vida veo muy próxima Si no renueva algún síndico La antigua sopa económica.
ex cáthedra,
Le Roi
Brown, Le Roi, Broussais
charada