Versos Spanish Manuel Fernández y González Introduccion — III (¡Granada, mi Granada! yo soy…)

Spanish poem

Introduccion — III (¡Granada, mi Granada! yo soy…)

by (1821–1888)

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¡Granada, mi Granada! yo soy tu peregrino que vago en lo pasado, buscando gloria y fe: yo tengo entre sepulcros abierto mi camino, é impúlsame potente la mano del destino, á recibir aliento de lo que grande fué.

Al rayo de la luna que cruza solitaria del infinito espacio por la region azul, yo elevo á los que fueron mi lánguida plegaria, y rompe de sus tumbas la losa funeraria el canto que suspira gimiendo mi laud.

Y villas olvidadas que muestran sus almenas, levántase á mis ojos la vieja catedral, recobran sus escombros aljamas sarracenas, y resonar escucho las ásperas cadenas al desplomarse el puente de torre señorial.

Un mundo, que ya es polvo, se eleva en torno mio, un pueblo, que ya es sombra, me signe por do quier, y del presente, pobre, descolorido y frio, los soñolientos ojos aparté con hastío, buscando las grandezas del olvidado ayer.

Yo soy cantor de glorias; las hadas me han contado leyendas prodigiosas que yo te cantaré: yo soy tu bardo errante de sueños coronado: yo arrancaré á las sombras de su sepulcro helado, y voz, y aliento, y vida, potente les daré.

¡Granada, mi Granada! aportillada y rota, hundidos tus alcázares, desierto tu Albaicin, ni tu pendon bermejo en Bib-Arrambla flota ni en tus marciales fiestas ondula la marlota del lidiador zenete ó el fiero mogrebin.

Pasaron, y con ellos tus zambras, tus cantares, tus damas, escondidas en el celoso haren, de encantos y proezas tus cuentos singulares, tus amorosas pláticas en rejas y alfeizares, y en la callada noche los sueños de tu eden.

Pasaron; fiera, altiva, su incontrastable garra ascética, terrible, en tí clavó la cruz, y tu gemido triste, que el corazon desgarra, sin recordar tu pena, al són de su guitarra, en la doliente caña, repite el andaluz.

¡Granada, mi Granada! fantástica leyenda de amor y desventura hoy tengo para tí; concede al amor mio que de ella te haga ofrenda y un beso de tu boca que, mágico, en mí encienda la inspiracion ardiente que un tiempo te debí.