Spanish poem
Introduccion — XIII (A la Alhambra le llevó)
by Manuel Fernández y González (1821–1888)
A la Alhambra le llevó el Rey, y con él entrando en la sala de Comares, viendo que su acervo llanto no cesaba, interrogóle: Ataide en acento opaco le contó su desventura, y el Rey atento escuchando, cuando brevemente Ataide finó su triste relato le dijo con grave acento, pero cariñoso y blando: —Es misterioso y terrible el decreto de los hados: se cumple lo que está escrito: si por tu madre en espanto, Ben Jucef el Meriní huyó en su fuga lanzando una maldicion, ¿qué piensas que esto fué? —Yo no lo alcanzo —exclamó Ataide abatido. —Ben Jucef sabrá explicárnoslo —dijo el Rey:—y de su guardia al punto un kaid llamando le mandó fuese á la casa de Aben Jucef con mandato de que, sin perder momento, se presentase en palacio. El kaid salió, y á poco volvió trayendo recado de que en aquel mismo dia Ben Jucef, abandonando á Granada con su hija, con una guardia de esclavos y á su torre de Almuñécar el camino enderezando, á pasar al Mogreb iba resuelto y determinado. —¿Cuándo partió?—dijo el Rey. —Al amanecer. —¡No ha estado entónces en la batalla! Que enjaecen dos caballos; tú kaid con cien zenetes nos iréis acompañando. Véte.—Y tú no desesperes, que, pues salvaste bizarro mi vida, yo salvaré tu corazon en los brazos de Leila, ó con su cabeza Ben Jucef me dará el pago.— Poco despues, sin reposo de su abrumador cansancio, el Rey y Ataide partian, sirviéndoles de resguardo cien alentados zenetes en poderosos caballos, y por la puerta de Lachar lanzándose sobre el campo, atravesando el Genil, hácia la costa bajando, por la falda de la sierra tomaron al trote largo.