Spanish poem
Adiós a la Macagua
by María de Santa Cruz (1831–1895)
Admite en este romance En vez de versos el alma, Y un suspiro y un recuerdo Y mi adios á la Macagua. Adios dulce como triste, Cual toda dicha pasada; Adios triste, porque entónces Me despedí como ingrata; Adios dulce, porque enjugas Tú mis lágrimas amargas.
Es de noche.— Entre las sombras Triste el pensamiento vaga En dulces melancolias Y en ilusiones doradas. La hermosa luna aparece En trono de nubes blancas, Y allá á lo lejos se oculta Entre las nubes opacas. La brisa murmuradora
Mis mejillas tierna halaga, O jugando con las flores Se mece entre verdes ramas; Y yo triste y conmovida Oigo el rumor de las auras, El cielo miro, las flores, Y la bóveda azulada; Y un recuerdo por mi mente Como un relámpago pasa, Un recuerdo de otros tiempos Encerrado aquí en el alma. ¿Por qué recuerdo tan triste? Como esa noche estrellada Así fueron tan hermosas Las noches de la Macagua. Esa fué su despedida, Aun así pienso mirarla. La luna pálida y bella Rodaba entre nubes blancas, Que á mis ojos parecian Mil palomas en bandadas. Bellas flores su perfume Me regalaban ufanas, El cefirillo un suspiro, La luna rayos de plata. Un jobo coposo y alto En nuestro huerto se alzaba, Y verdes enredaderas A su tronco se abrazaban. La olorosa madreselva Adornó sus secas ramas Con ramilletes de flores Y follage de esmeralda. Y los ojos del poeta Y otras flores enlazadas Formaban del alto jobo Una gigante enramada. La enramada al verme triste
Tiernamente suspiraba, Y parece que decia: ==«Adios, adios, niña amada.»== Y el campo ¡con qué tristeza Su despedida me daba! La fresca brisa amorosa Besaba las verdes cañas, Y acariciando mi frente Parece que murmuraba: ==«Abandonas estos campos Y te vas alborozada, Olvidando á los amigos De la infancia, niña ingrata. ¿Piensas tú que en las ciudades Cual lo pinta tu esperanza, Encontrarás corazones Mas firmes? ¡Ilusion vana! La amistad fiel y sencilla Vive siempre desterrada De la ciudad; vive solo En los valles y montañas. Mas no escuchas mis suspiros, Abandonas tus cascadas, Tus palmeras y tus bosques.... Adios, adios, niña ingrata.»== Los grupos de verdes mangos A lo lejos divisaba Que tiernos me despedian Doblando sus copas altas, Y mas lejos todavia, Miraba las guardarayas, Y los güines y penachos Que coronaban las cañas. ¡Cómo mirando los güines Les hallaba semejanza, A los indios ó guerreros De las edades pasadas! La luna ¡con qué tristeza
Parece que me miraba! De los árboles frondosos Penetrando por las ramas Envió á mi abatida frente Un rayo de luz plateada. Y==«parte, me dijo entónces, Pero pierde la esperanza De volver á ver, Maria, Estos campos de esmeralda. Me verás en todas partes, Pero nunca niña amada, Me encontrarás tan hermosa, Como aquí me contemplabas. Adios por siempre Maria, Las noches de la Macagua; Adios, adios, para siempre, Para siempre niña ingrata.»== Adios bosques y palmeras, Adios bellas guardarayas, Adios altos algarrobos, A cuyo tronco abrazada Ví nuestros campos un dia Presa de terribles llamas; Allí levanté á la Vírgen Mi fervorosa pleg iria Viendo el voraz elemento Reducirlos á la llama. Adios paisage que al Norte Pintoresco te levantas, Cuyas fábricas risueñas Divisaba en lontananza Entre el humo de sus torres Y entre un mar de verdes cañas. Y ¡adios hogar, hogar mio; Que tan hermoso te alzabas! ¡Con qué natural belleza Circundaban tus barandas Las rosas y cambusteras
En caprichosas guirnaldas! Tú eres mi cesto de flores, ¡O pacífica morada! Y yo, la elegre paloma Que en las flores me posaba. Si allí muy queridas prendas Me arrebataron las Parcas, Allí las luces primeras Vieron otras prendas caras. Adios pobres labradores, A quienes la suerte infausta Miró con sañudo rostro Cual hijos de la desgracia; A quienes mi padre un dia, (Memoria querida y santa) Consoló con voz afable En pura uncion empapada. Adios, todos mis recuerdos, Adios, huertos y enramadas, Adios violas y jazmines, Y lirios y rosas blancas; Adios, luna. Donde quiera Miraré tu faz nublada, Hallaré tus rayos tristes Y tristes tus nubes blancas, Y esclamaré adolorida: ¡Con qué pesar me mirabas! ¡Con qué dolor me decias: ==«Adios, adios, niña ingrata!»== No soy tan ingrata, luna, Pues siempre llevo en el alma, Con su luna y sus estrellas, Las noches de la Macagua.