Spanish poem
El mendigo
by María de Santa Cruz (1831–1895)
Cuando con trémula mano Toque un mendígo á mi puerta, La encontrará siempre abierta Como amigo y como hermano.
Si el que implora mi clemencia Peina ya blancos cabellos, Me hace recordar á aquellos Que me dieron la existencia.
Y digo á solas conmigo: «Si la fortuna traidora
«Fuesa con ellos ahora «Cual fué con este mendígo.
«¡Si entre crudos desengaños «Viese á mis padres del alma, «Sin tranquilidad ni calma «Al fin de sus largos años!»
Entónces mis labios frios Al consolar al anciano Así murmuran, hermano Pedid á Dios por los mios.
Si es un huerfano inocente, Si una mujer desvalida, Pionso que tambien mi vida Pudo ser tan inclemente;
Y digo: —Dios poderoso ¿Qué mérito he tenido Para haber yo merecido Destino tan venturoso?
Que pruebas, que sacrificios Me impusistes en el mundo, Si no son tu amor profundo, Tus inmensos beneficios?
Si la brillante fortuna Me negó sus resplandores, Ni el hambre ni sus horrores Cercaron mi pobre cuna.
Y si he llorado algun dia Por fugaces desventuras, ¡Cuantas esperanzas puras Aun renacen todavia!
Mas no he visto á mi familia Para buscar el sustento, En contínuo sufrimiento Y en una eterna vigilia.
¿Quién soy yo, Dios justo y pio; Para tal merecimiento? ¿Cómo probarte, Dios mio, Mi amor, mi agradecimiento? ...............................................
Por eso cuando la mano De un pobre toque á mi puerta, La encontrará siempre abierta Como amigo y como hermano.