Versos Spanish Martín del Barco Centenera 02 (Del indio Chiriguana encarnizado)

Spanish poem

02 (Del indio Chiriguana encarnizado)

by (1535–1602)

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Del indio Chiriguana encarnizado en carne humana, origen canto solo. Por descubrir el ser tan olvidado del argentino reino, ¡gran Apolo!, envíame del monte consagrado ayuda con que pueda aquí, sin dolo, al mundo publicar, en nueva historia, de cosas admirable la memoria.

Mas, ¡qué digo de Apolo!, Dios eterno, a vos solo favor pido y demando. Que mal lo puede dar en el infierno el que en continuo fuego está penando. Haré con vuestra ayuda este cuaderno, del argentino reino recontando diversas aventuras y extrañezas, prodigios, hambre, guerras y proezas.

Tratar quiero también de sucedidos y extraños casos que iba yo notando. De vista muchos son, otros oídos, que vine a descubrir yo preguntando. De personas me fueron referidos con quien comunicaba, conversando de cosas admirables codicioso, saber por escribirlas deseoso.

Perú de fama eterna y extendida por sus ricos metales por el mundo; la Potosí imperial ennoblecida por tener aquel cerro tan rotundo; la tucumana tierra bastecida de cosas de comer, con el jocundo estado del Brasil, darán subjeto a mi pluma que escriba yo prometo.

Que aunque en esta obra el fundamento primero y principal, Río de la Plata, y así es primero su descubrimiento; con todo no será mi pluma ingrata, que aquí pintará al vivo lo que siento del nuevo orbe al marqués Mora; y si trata contrario a la verdad, yo sea borrado de su libro, y a olvido condenado.

También diré de aquel duro flagelo que Dios al mundo dio por su pecado, el Drake que cubrió con crudo duelo al un polo y al otro en sumo grado. Trataré de castigos que del Cielo parece nuestro Dios nos ha enviado: temblores, terremotos y señales que bien pueden juzgarse por finales.

En todo hallará bien si lo quisiere a su gusto el lector, gusto sabroso. Y guste lo que más gusto tuviere, y deje lo sin gusto y disgustoso, hará al fin lo que más gusto le diere, que esto de escribir es azaroso. En nombre de Jesús comienzo agora, y de la Virgen para Emperadora.

Después del gran castigo y gran justicia que hizo nuestro Dios Omnipotente por ver cómo crecía la malicia del hombre que compuso sabiamente, habiendo recibido la propicia señal del amistad, Noé prudente, de Japhet, hijo suyo, así llamado, Tubal nació valiente y esforzado.

Aquéste fue el primero que en España pobló; pero después viniendo gentes con la de aqueste Tubal y otra extraña más, del mismo Noé remanecientes, España se pobló, y tanta saña creció entre unos hombres muy valientes Tupís que por costumbre muy tirana tomaron a comer de carne humana.

Creciendo en multitud por esta tierra Extremadura bella, aquesta gente de tan bestial designio y suerte perra, por atajar tal mal de incontinente hicieron los Ricinos grande guerra contra aquestos caribes fuertemente; en tiempo que no estaba edificada la torre de Mambrós tan afamada.

Ni menos el alcázar trujillano, en que vive la gente trujillana, ni la puente hermosa que el Romano en Mérida nos puso a Guadiana. Ni había comenzado el lusitano, que habita en la provincia comarcana. Empero había Ricinos en la tierra, muy fuertes y valientes para guerra.

Aquéstos son nombrados Trujillanos, cual pueblo Castrum Julii fue llamado, que cuando le poblaron los Romanos el nombre de su César le fue dado. Fronteros de estas tierras los profanos de aquel designio pérfido, malvado, caribes inhumanos habitaban, y toda la comarca maltrataban.

Corriendo las riberas del gran Tajo, y a veces por las sierras de Altamira, ponían en angustia y en trabajo la gente con su rabia cruda y dira. No dejan cosa viva, que de cuajo, cuanto puede el caribe, roba y tira; a cuál quitan el hijo y los haberes, y a otros con sus vidas las mujeres.

Vistos por los Ricinos trujillanos, con ánimo invencible belicoso, contra aquellos caribes inhumanos formaron campo grande y poderoso. Venido este negocio ya a las manos, de entre ambas partes fue muy sanguinoso; mas siendo los caribes de vencida, las reliquias se ponen en huida.

Expulsos de la tierra, fabricaron las barcas y bateles que pudieron, y a priesa muchos de éstos se embarcaron y sin aguja al viento velas dieron. A las furiosas aguas se entregaron, y así de Extremadura se salieron; y a las islas, que dicen Fortunadas, aportan con sus barcas destrozadas.

Platón escribe y dice que solía el mar del norte, Atlántico llamado, ser islas lo más de él, y se extendía la tierra desde España en sumo grado. Y que en tiempos pasados se venía por tierra mucha gente; y se han llamado las islas Fortunadas que quedaron, cuando otras del mar Norte se anegaron.

Y así a muchos pilotos yo he oído que navegando han visto las señales y muestras de edificios que han habido (cosas son todas estas naturales, que bien pueden haber acontecido) por donde los Tupís descomunales irían fácilmente a aquellas partes, buscando para ello maña y artes.

Llegando, pues, allí ya reformadas sus barcas y bateles, con gran pío, tornáronse a entregar a las hinchadas ondas del bravo mar a su albedrío. Las barcas iban rotas, destrozadas, cuando tomaron tierra en Cabo Frío, que es tierra del Brasil, yendo derecho al Río de la Plata y al Estrecho.

Comienzan a poblar toda la tierra, entre ellos dos hermanos han venido. Mas presto se comienzan a dar guerra, que sobre un papagayo ha sucedido. Dejando el uno al otro, se destierra del Brasil, y a los llanos se ha salido. Aquel que queda ya Tupí se llama, estotro Guaraní de grande fama.

Tupí era el mayor y más valiente, y al Guaraní menor dice que vaya con todos sus soldados y su gente, y que él se quedará allí en la playa. Con la gente que tiene incontinente el Guaraní se parte y no desmaya, que habiendo con su gente ya partido, la tierra adentro y sierras ha subido.

Pues estos dos hermanos divididos la lengua guaraní han conservado, y muchos que con ellos son venidos en partes diferentes se han poblado, y han sido en los lenguajes discernidos, que por distancia nadie ha olvidado. También con estos otros, aportaron, que por otro viaje allá pasaron.

Mahomas, Epuaes y Calchines, Timbúes, Cherandíes y Beguaes, Agaces, y Nogoes, y Sanafines, Maures, Tecos, Sansoues, Mogoznaes. El Paraná abajo, y a los fines habitan los malditos Charruaes, Naúes y Mepenes, Chiloazas; a pesca todos dados y a las cazas.

Los nuestros Guaranís, como señores, toda la tierra cuasi dominando, por todo el Paraná y alrededores andaban crudamente conquistando. Los brutos, animales, moradores del Paraguay sujetan a su mando. Poblaron mucha parte de esta tierra, con fin de dar al mundo cruda guerra.

Poblando y conquistando han alcanzado del Perú las nevadas cordilleras, a cuyo pie ya tienen subyugado el río Pilcomayo y sus riberas. Muy cerca de la sierra han sujetado a gente muy valientes y guerreras en el río Condorillo y Yesuí, y en el grande y famoso Guapaí.

Una canina rabia les forzaba a no cesar jamás de su contienda. Que el Guaraní en la guerra se hartaba (y así lo haría hoy, sin la rienda que le tenemos puesta), y conquistaba sin pretender más oro, ni hacienda, que hacerse como vivas sepulturas de símiles y humanas criaturas.

Que si mirar aquéstos bien queremos, caribe dice, y suena sepultura de carne, que en latín caro sabemos que carne significa en la lectura. Y en lengua guaraní decir podemos ibi, que significa compostura de tierra do se encierra carne humana; caribe es esta gente tan tirana.

Teniendo, pues, la gente conquistada, en mil parajes se poblaron de hecho. El Guaraní con ansia acelerada a los Charcas camina muy derecho. La cordillera y sierra es endiablada, parece le será de gran provecho parar aquí, y hacer asiento y alto, con fin de allí al Perú hacer asalto.

Muy largos tiempos y años se gastaron, y muchos descendientes sucedieron desde que los hermanos se apartaron. De Tupí en el Brasil permanecieron Tupíes, y destotros que pasaron Guaraníes se nombran, y así fueron guerreros siempre aquestos en la tierra, que el nombre suena tanto como guerra.

Aquestos Guaraníes se han mestizado y envuelto con mil gentes diferentes, y el nombre Guaraní han renunciado, tomando otro por casos y accidentes. Allá en las cordilleras, mal pecado, Chiriguanaes se dicen estas gentes, que por la poca ropa que tenían de frío muchos de ellos perecían.

La costa del Brasil es muy caliente, y el Paraguay y toda aquella tierra. Camina aquesta gente del oriente, y para en las montañas y la sierra, caminando derechos al poniente, haciéndoles el frío cruda guerra que mal puede el desnudo en desafío entrar y combatirse con el frío.

Llegaron, pues, al fin a aquel paraje do el frío les hizo guerra encarnizada, y frío chiri suena en el lenguaje del Inga, que es la lengua más usada; guana es escarmiento de tal traje. Aquesta gente iba mal parada, y el frío que tomaron, escarmiento fue para el Chiriguana y cognomento.

En este tiempo ya habían venido por otra parte y vía al Perú gentes; por ser tan exquisitos, no he querido sus nombres referir tan diferentes, en una lengua muchos se han unido, que es quichua, y los hidalgos y valientes de aqueste nombre Inca se han jactado, y a todos los demás han sujetado.

Estando de esta suerte apoderados los Incas, los Pizarros allegaron, y siendo del Perú bien enterados, la tierra en breve tiempo conquistaron. Los Guaranís sus dientes acerados alegres con tal nueva aparejaron, pensando que hartarían sus vientres fieros de la sangre de aquellos caballeros.

El corazón pedía la venganza de sus pasados padres, que habían sido de la tierra Extremeña a espada y lanza expulsos, como arriba habéis oído. Mas viendo de Pizarro la pujanza, temieron de pasar; y así han tenido por seguros los montes despoblados, sin ser a gente humana sujetados.

De allí hacen hazañas espantosas, asaltos, hurtos, robos y rapiñas, contra generaciones belicosas que están al rededor circunvecinas. En sus casas están muy temerosas, como unas humillísimas gallinas, con sobrado temor noche y mañana, temiendo de que venga el Chiriguana.

Usan embustes, fraudes y marañas, también tienen esfuerzo y osadía, y así suelen hacer grandes hazañas, que arguyen gran valor y valentía. A aquéstos vi hacer cosas extrañas en tiempo que yo entre ellos residía; y el que no me quisiere a mí escuchallo, al de Toledo vaya a preguntallo.

Dejemos esto agora; navegando Magallanes también vino derecho, la costa del Brasil atrás dejando en busca fue y demanda del Estrecho, salió del mar del sur atravesando, y hállase contento y satisfecho, y al mundo da una vuelta con Victoria, ganando en este caso fama y gloria.

Después a los quinientos y trece años, contados sobre mil del nacimiento de aquel que padeció por nuestros daños, dio Juan Díaz de Solís la vela al viento; al Paraná aportó, do los engaños del Timbú le causaron finamiento en un pequeño río de grande fama, que a causa suya de Traición se llama.

Por piloto mayor de Magallanes al Estrecho venido aquéste había; no harto de pasar penas y afanes, la conquista a don Carlos le pedía. Entró el río arriba con desmanes, hasta que ya el postrero le venía, en que su alma del cuerpo se desata, poniendo al Paraná nombre del Plata.

No fue sin causa, creo, de secreto, y señal de misterio y buen agüero. Aunque es así que todo está sujeto al alto, divino juicio verdadero, y aunque usó este nombre por respeto, que vido cierta plata allí primero, yo entiendo que ha de haber grande tesoro algún tiempo de plata allí y de oro.

La muerte pues de aquéste ya sabida, el gran Carlos envía el buen Gaboto con una flota al gusto proveída, como hombre que lo entiende y que es piloto. Entró en el Paraná, y ya sabida la más fuerza del río le ha sido roto del Guaraní, dejando fabricada la torre de Gaboto bien nombrada.

Algunos de los suyos se escaparon de aquel río Timbús do fue la guerra, al río de San Salvador después bajaron, donde la demás gente estaba en tierra. A nuestra dulce España se tornaron, huyendo de esta gente infiel y perra. Mas no pone temor esta destroza a don Pedro Guadix y de Mendoza.

Don Pedro de Guadix, como diremos, después de haber de Roma malvenido, cuando hubo disensión en los supremos, el gobierno argentino hubo pedido. Empero algún tanto ahora descansemos, que no le dejaremos por olvido, pues su hambre rabiosa y grande ruina ayuda a lamentar a la Argentina.

De nuestro río argentino y su grandeza tratar quiero en el canto venidero, de sus islas y bosques y belleza epílogo haré muy verdadero. Ninguno en lo leer tenga pereza, que espero dar en él placer entero de cosas apacibles y graciosas y dignas de tenerse por curiosas.