Versos Spanish Martín del Barco Centenera 04 (Demás de que en nosotros señalada)

Spanish poem

04 (Demás de que en nosotros señalada)

by (1535–1602)

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Demás de que en nosotros señalada la lumbre está de Dios como creemos, y el alma por él mismo fue criada a su bendita imagen, lo leemos. Para que de esta suerte doctrinada en bien fuese así mismo, si queremos mirar las corporales criaturas, veremos que son vivas escripturas.

La flor de la granada o granadilla de Indias, y misterios encerrados, ¿a quién no causará gran maravilla? Figúranse los doce consagrados de una color verde y amarilla; la corona y los clavos tresmorados tan natural están, y casi al vivo, que yo me admiro agora que lo escribo.

Un árbol hay pequeño de la tierra que tiene rama y hoja menudita; en tocando la hoja ella se cierra, y en el punto se pone muy marchita. Yo he visto yendo veces a la guerra por los campos aquesta yerbecita, Caycobé se llama, y es tenida por yerba viva, y nómbranla de vida.

Quién no se admirará luego en oyendo que hay un papagayo muy hermoso, la hembra cuando huevos va poniendo, tres pone, que es el número gracioso. Al punto que los pollos van saliendo conoce el papagayo el que es vicioso y sobra; y así le mata en aquel día, dejando macho y hembra para cría.

Al Micuren dio Dios una bolsilla por medio de los pechos, en que encierra siete u ocho hijuelos; si seguilla procura otro animal, le hace guerra a quien le sigue, y guarda su cuadrilla como suele hacer la brava perra; y en viéndose de mal libre y de duelos, abre la bolsa y salen los hijuelos.

El Yumirí, que es oso hormiguero, ¿a quién no espantará su compostura? Por boca tiene un muy chico agujero, como un novillo grande, y de hechura del oso acá común; no es carnicero, y prívale de serlo el angostura de la boca, mas vence al tigre fuerte, causándole por hambre cruda muerte.

El instinto de un vil animalejo, Eyra ha por nombre, me ha admirado; de suerte es y de forma de un conejo, mas mata, como vemos, un venado, salta y aferra firme en el pellejo, y en el seceso da fiero bocado, haciendo con las uñas tal camino que saca al animal el intestino.

Lo mismo hace al hombre y otra cosa una horrenda culebra, que es nombrada Curiyú, muy grande y espantosa, de largo y de grosor descompasada; lo que ha comido y traga no lo bosa, ni echa por abajo, mas posada en tierra la barriga, se abre y echa aquello que de nada le aprovecha.

Las víboras que son más ponzoñosas, cascabel en la cola tienen puesto, de diversas colores son vistosas, saltando de la tierra, y de su puesto, arremeten al hombre muy furiosas hasta morder con rabia el rostro y gesto. A do las hay crió Dios una yerba que es dicha por su nombre contrayerba.

El hombre o animal a quien le hiere algunas de estas víboras malvadas, en un día natural, sin falta, muere, y en él son medicinas excusadas. Empero si la yerba el tal bebiere, antes que doce horas sean pasadas, escapa. Aquesta yerba Dios le ha dado el mismo cascabel muy apropiado.

¡A quién no admirarán las cosas tales! Pues más he de decir en este canto, que contaré en él cosas desiguales, muy raras, peregrinas y de espanto. Agora de la tierra y naturales de la Asumpción digamos tanto cuanto, y luego escribiremos mil cosillas que bien podré llamarlas maravillas.

El temple la Asumpción tiene gracioso, apacible, sereno y claro cielo; invierno frío, estío caloroso, algunas veces nieve, también yelo. De invierno y de verano está hermoso el campo todo el año, verde el suelo, porque de cuando en cuando bien se moja, y casi siempre está de verde hoja.

La gente natural y comarcana es de muchas naciones diferentes. Empero la más es la Chiriguana, que están a los cristianos obedientes. Ya no comen aquéstos carne humana, si no es por exquisitos accidentes en guerras y conquistas con paganos, empero no de carne de cristianos.

Una pestilencia grande hubo venido de que muchos Guaranís se murieron que carne de cristianos han comido, la peste les sucede atribuyeron. También por desabrida aborrecido la tienen, según muchos me dijeron, que más les sabe carne de un pagano que no la de español o castellano.

Los Guaycurús habitan la otra banda, es gente muy valiente y belicosa. Cuando nuestro español en guerras anda, alquila Guaycurús por donde osa al Guaraní seguir, que le dan tanda aquéstos de tal suerte, que medrosa la gente Guaraní queda y deshecha, que el Guaycurú jamás teme su flecha.

Los Agaces estaban bien poblados en tiempo de don Pedro de Mendoza, y aun eran muy valientes y esforzados. Los cristianos hicieron tal destroza en ellos, que los indios y soldados mataban sin piedad a toda broza, y así vino la cosa a tal estado que no hay hoy del Agaz pueblo poblado.

También había muchos Guatataes, que es gente muy amiga de cristianos, y otros que se llaman Mogolaes, que viven en esteras por los llanos; aquéstos, y también Coñamequaes, están de la ciudad algo cercanos; acuden a servir con gran contento, aunque de ellos no hay repartimiento.

Los Guaraníes solos repartidos están, que las demás generaciones, aunque lo están, y han sido sometidos al español, mas son por ocasiones, que tienen los que mandan eximidos del servicio, y acuden con mil dones, de suerte que hablando más de vero es de éstos el que manda encomendero.

Junto a la Asumpción está una sierra, nombrada Lambaré, sierra afamada; en gran parte de toda aquesta tierra ninguna tan alta hay, tan encumbrada. Allí dio Salazar muy cruda guerra a Lambaré y su gente rebelada. Y muy cerca de allí, bajando al río, oíd una batalla y desafío.

Habiendo Salazar aquí vencido el bravo Lambaré y toda su gente, a los pies de alta sierra le ha salido una terribilísima serpiente. Con ánimo gallardo y muy crecido embraza la rodela diligente, y comenzando a darla con la espada, en tierra echa una mano destroncada.

La sierpe con la cola revolviendo al buen Capitán diera muy airada un golpe tan terrible, que cayendo venía el Capitán, y con la espada en el suelo se tuvo, y acudiendo con una venturosa cuchillada, tal golpe de revés da con destreza, que ahí la sierpe queda sin cabeza.

La del tigre no fue tan grande hazaña, aunque era muy terrible y espantoso; matolo antes que fuese a nuestra España aqueste Capitán tan valeroso. Y habiendo ido, volvió, cosa extraña, que siendo tan valiente y poderoso, murió pobre, dejando muchos hijos, con pleitos y demandas y litijos.

Por armas le dio el Rey el tigre fiero con Lambaré, la sierra que he contado, y un hábito y señal de caballero, con que a las Indias vuelve muy honrado. Mas como nunca dio en tener dinero, murió sin dejar solo ni un cornado, que aquesto de tener la plata a sobra, yo tengo firmemente que Dios obra.

De qué me sirve a mí querer riqueza, y andar aperreado por habella, si Dios por me azotar me da pobreza. ¿A quién presentaré yo mi querella si la Suprema Causa y Suma Alteza dispone que no haya de tenella? De arriba, de lo alto todo viene, dejadlo al que poder en todo tiene.

Volviendo a nuestra historia, río arriba una laguna está muy afamada, Itapuá se llama una peña viva, está en medio de aquélla levantada. Compéleme el temor que no lo escriba, mas no lo dejaré; es prolongada de cien codos la piedra, y muy derecha y arriba en lo supremo una vestecha.

Es como el Ave Fénix muy graciosa que pintan los autores, y su nido compuesto es de especiosa y olorosa madera, que en mis manos la he tenido; la sirena también, bella y hermosa como una bella dama, ha parecido en medio esta laguna, y aun gimiendo y sus doradas crines esparciendo.

Otra laguna grande más crecida de más admiración que aquésta vemos, que está la tierra adentro algo metida; los indios del Acai en sus extremos habitan, y ellos dicen que fundida antiguamente fue gente, y creemos, nos dicen, está el diablo atormentando aquellos que pecaron en nefando.

Gran grito y alarido y gran estruendo allá dentro parece que resuena cuando se allega junto, estremeciendo el cuerpo queda todo con gran pena. Algunos de temor vuelven huyendo; pajas, se les antoja, y el arena que son diablos que vienen en pos de ellos, y vuelven erizados los cabellos.

Y no lejos de aquí, por propios ojos, el carbunclo animal veces he visto. Ninguno me lo juzgue por antojos, que por cazar alguno anduve listo. Mil penas padecí, y mil enojos, en seguimiento de él, ¡mas cuán bien quisto y rico y venturoso se hallara aquel que Auagpitán vivo cazara!

Un animalejo es, algo pequeño, con espejo en la frente reluciente como la brasa ignita en recio leño, corre y salta veloz y diligente. Así como le hirieren echa el ceño y entúrbiase el espejo de repente, pues para que el carbunclo de algo preste en vida el espejuelo sacan de éste.

¡Cuán triste se halló, y cuán penoso Rui Díaz Melgarejo! Que hallado había, a mí me dijo, de uno hermoso; perdiolo por habérsele volcado una canoa en que iba muy gozoso. Yo le vi lamentar su suerte y hado diciendo: «si el carbunclo no perdiera, con él al Gran Philipo yo sirviera».

Andando por la guerra y escuadrones, de mí fueron mil cosas conocidas. Trataré de una forma de ratones, y de vista hablaré y no de oídas. Unas cañas he visto, y cañutones tan gruesos como piernas muy crecidas; catorce y quince tiene pocos menos cada caña, y de agua todos llenos.

El agua es muy sabrosa, clara y fría, mas yendo ya la caña madurando, un gusano se engendra adentro y cría, y al cañuto el gusano horadando afuera mariposa parecía; con las alas comienza de ir volando, y por tiempo las pierde, y queda hecho de forma de ratón hecho y derecho.

Al tiempo que en la caña están metidos, a gente natural son nutrimento. Frutos sabrosos son, mas ya salidos a luz, causan dolor, pena y tormento, porque tornados ya y convertidos en ratones, consumen el sustento, y privan muchas veces de la vida al natural, quitando su comida.

De veinte mil pasaron, naturales, que murieron a causa del estrago que hicieron aquestos animales, que en todo el Ubay dejaron pago de planta, ni maíz, ni sementales, sin pasar por aquel tan crudo trago. Dejando desta vez tan asolada la tierra, que tardó de ser poblada.

No hay bruco, ni langosta perniciosa, ni erugo, ni otra plaga que yo entienda, que iguale a esta maldita mariposa, terrible si comienza su contienda. Así está desta plaga tan medrosa la gente del Ubay, que viendo senda por do huir su tierra y nacimiento, la dejan por tener algún contento.

También hay otras cañas muy mayores (del grueso son de un roble bien crecido) en que se crían gusanos, y mejores; de los unos y de otros he comido, en muy poco defieren sus sabores. Estando el uno y otro derretido, manteca fresca a mí me parecía, ¡mas sabe Dios el hambre que tenía!

En los mojos de aquestas cañas vimos, con agua bien sabrosa, más gusanos, ni dentro ni de fuera los sentimos en toda la montaña ni en los llanos. Las cañas por cumbreras las pusimos, con tener otros palos muy cercanos, mas no había qué temer, que la corteza tenían de terrible fortaleza.

Es tanta la espesura de las cañas, a do las hay, que es cosa de gran grima; y aunque dentro se crían alimañas, están tan encerradas como encima. Quien a cortar va cañas, por mil mañas que tenga, a las veces se lastima con púas, con espinas, con abrojos, y el mal sale mil veces a los ojos.

Mas ya estoy enfadado en este canto, ¡cuánto más lo estará quien le leyere! Dejemos de contar cosas de espanto, volver quiero a don Pedro. Quien quisiere las mudanzas saber y crudo llanto de fortuna, y de aquel que las siguiere, con mucha atención lea diligente el canto lastimoso aquí presente.