Versos Spanish Miguel Antonio Caro Sánchez El Rey De La Natura

Spanish poem

El Rey De La Natura

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El rey de la natura, Que el ancho suelo de trofeos llena; El que adiestra en obscura Mar osado bajel, y en la honda arena Tesoros busca y monstruos encadena; El que al viento y la nube Burlando, al rayo señaló camino; Que en leves globos sube Por el éter inmenso y cristalino, Y de la muerte ríe y del destino; Si la atrevida planta, ¡Oh Tequendama! en soledad perdido Por tu bosque adelanta, De tus ondas al hórrido bramido Siéntese de pavor sobrecogido; Y al contemplar alzada Sobre ese abismo, do el espanto mora, Del iris coronada, Tu frente de los siglos vencedora, El paso tiene y tu deidad adora. Que tú al Omnipotente Retratas, Tequendama, en tu grandeza: Igual y permanente; Misterioso y terrible, y de belleza Rodeado en tu misma terribleza! Cíñete en cerco inmenso Tajada roca; y cual del ara santa Sube devoto incienso, Del lecho que tu cólera quebranta, A ti 1a niebla en ondas se levanta. Nudos entorno, inmobles, Sobre el hondo inclinados, compañía Te hacen los yertos robles; Y los ecos se aluengan a porfía Reclamando la horrísona armonía. Contigo su ventura Trocarán ríos que abatió el humano A servidumbre dura: ¿Qué mucho, si su propio orgullo, vano Siente salir, gimiendo, el Oceano? Si nunca sujetarte La fuerza osó, tampoco te sujeta Con su poder el arte: Fijo el pintor tu instable faz respeta: Tu voz ahoga el canto del poeta. ¿Cuál semidiós, cuál hombre Te vio primero, Tequendama ondoso? ¿Cuán antiguo es tu nombre? ¿O cuándo hubiste un punto de reposo En siglos de furor vertiginoso? Mi alada fantasía Tu origen indagando, en balde afana: En balde sube al día En que asombraste a la bravura hispana Y tumba diste a la riqueza indiana. De míticas memorias Te halló cercado la invasora gente: No si disipa glorias La razón tales; no si de repente Se renueva la faz del continente. Cambió el que te decora, Anciano bosque, ni el furor mesuras: Como truenas ahora, Allá tronaste en épocas obscuras, Y seguirás tronando en las futuras. En tu roca cimera Sentó entre espumas tuyas su pisada Bolívar: pasajera Cual la conquistadora de Quesada Brilló ante ti su redentora espada. Que de tropel los años Tú ves pasar impávido delante, Ajeno de sus daños; ¡Y de imperios que se hunden ignorante, Tu diadema sustentas radiante! Si no es silencio frío La muerte; holgura sí y esparcimiento: No lóbrego vacío, Mas cobrar voz y luz y movimiento En la mar, en los astros, en el viento; ¡Mirándote, la muerte Yo siento: en tu grandeza engrandecido Y con tus fuerzas fuerte, Y todo en ti, de mí desposeído, Gozo en tu gloria y mi miseria olvido! ¡Adiós! Mi frágil canto Cual tus nieblas que el cierzo desparrama, Fallece: tu voz tanto Durará igual, cuanto del sol la llama... ¡Mas no sin fin, soberbio Tequendama! ¡Día vendrá en que al suelo Hable el Hijo del Hombre, y resplandezca En las nubes del cielo, Y el astro-rey sus rayos oscurezca, Y tu cólera súbito enmudezca!