Spanish poem
La Catedral De Barcelona Dice
La catedral de Barcelona dice: Se levantan, palmeras de granito, desnudas mis columnas; en las bóvedas abriéndose sus copas se entrelazan, y del recinto en torno su follaje espeso cae hasta prender en tierra, desgarrones dejando en ventanales, y cerrando con piedra floreciente tienda de paz en vasto campamento. Al milagro de fe de mis entrañas la pesadumbre de la roca cede, de su grosera masa se despoja mi fábrica ideal, y es sólo sombra, sombra cuajada en formas de misterio entre la luz humilde que se filtra por los dulces colores de alba eterna. Ven, mortal afligido, entra en mi pecho, entra en mi pecho y bajaré hasta el tuyo; modelarán tu corazón mis manos, —manos de sombra en luz, manos de madre— convirtiéndolo en templo recogido, y alzaré en él, de nobles reflexiones altas columnas de desnudo fuste que en bóvedas de fe cierren sus copas. Alegría y tristeza, amor y odio, fe y desesperación, todo en mi pecho cual la luz y la sombra se remejen, y en crepúsculo eterno de esperanza se os llega la noche de la muerte y os abre el Sol divino, vuestra fuente. Cuerpo soy de piedad, en mi regazo duermen besos de amor, empujes de ira, dulces remordimientos, tristes votos, flojas promesas y dolores santos. Dolores sobre todo; los dolores son el crisol que funde a los mortales, mi sombra es como místico fundente, la sombra del dolor que nos fusiona. Aquí bajo el silencio en que reposo se funden los clamores de las ramblas, aquí lava la sombra de mi pecho heridas de la luz del cielo crudo. Recuerda aquí su hogar al forastero, mi pecho es patria universal, se apagan en mí los ecos de la lucha torpe con que su tronco comunal destrozan en desgarrones fieros los linajes. Rozan mi pétreo seno las plegarias vestidas con lenguajes diferentes y es un susurro solo y solitario, es un salmo común, una quejumbre. Canta mi coro en el latín sagrado de que fluyeron los romances nobles, canta en la vieja madre lengua muerta que desde Roma, reina de los siglos, por Italia, de gloria y de infortunio cuna y sepulcro, vino a dar su verbo a esta mi áspera tierra catalana, a los adustos campos de Castilla, de Portugal a los mimosos prados, y al verde llano de la dulce Francia. Habita en mí el espíritu católico, y es de Pentecostés lengua mi lengua, que os habla a cada cual en vuestro idioma, los bordes de mi boca acariciando de vuestros corazones los oídos. Funde mi sombra a todos, sus colores se apagan a la luz de mis vidrieras; todos son uno en mí, la muchedumbre en mi remanso es agua eterna y pura. Pasan por mí las gentes, y su masa siempre es la misma, es vena permanente, y si cambiar parece allá en el mundo es que cambian las márgenes y el lecho sobre que corre en curso de combates. Venid a mí cuando en la lid cerrada al corazón os lleguen las heridas, es mi sombra divino bebedizo para olvidar rencores de la tierra, filtro de paz, eterno manadero que del cielo nos trae consolaciones. Venid a mí, que todos en mí caben, entre mis brazos todos sois hermanos, tienda del cielo soy acá en la tierra, del cielo, patria universal del hombre.