Spanish poem
La Envidia De Morder Nunca Se Sacia
φθόνος δὲ ἀρχῆθεν ἐμφύεται ἀνθρώπῳ
La envidia de morder nunca se sacia pues no come; por eso es que no engorda, y a la pobre alma a la que sola aborda de puro soledad la pone lacia. Mas si su hiel en muchedumbre vacia de gratitud al llamamiento sorda suele dejarla y la convierte en horda, que ella es la madre de la democracia. Fue su hijo Caín el que erigiera primero la ciudad en que sustento buscan los lacios, pues la envidia era, es y será el más firme cimiento de la hermandad civil, y ley primera; ¡del crimen fundador el testamento!