Spanish poem
A la memoria del malogrado sacerdote don Gregorio M. Céspedes
by Olegario Víctor Andrade (1839–1882)
Amó la libertad con patriotismo. Abrazó la virtud, y del civismo A todo un pueblo iluminó la huella. M. A. M.
¡Silencio! que la brisa murmura en la ribera, las ondas agitando con fúnebre clamor; y un eco misterioso repite por doquiera fatídicos acentos que mueven mi dolor.
Los gritos aterrantes de un pueblo condolido se lleva por los aires el céfiro veloz, y un canto de ternura cual lúgubre gemido se eleva hasta el alcázar magnífico de Dios.
¡Ha muerto! todos dicen ; el pérfido elemento robó las esperanzas de un bello porvenir, cual flores arrastradas al ímpetu del viento, que pierden su belleza, su mágico vivir.
¡Ha muerto! cuando apenas su frente levantaba mecido por los sueños de paz y de virtud; ¡ha muerto! y a ese pueblo que tanto le adoraba le ofrece un bello ejemplo su tierna juventud.
Dejad al pobre vate que, trémulo, la lira pulsando en el momento levante su cantar, y el eco lastimero del pecho que suspira consagre a ese virtuoso ministro del altar.
Y arroje en esa tumba que cubre sus despojos diamelas y jazmines con hojas de cipré, que borren del sepulcro los ásperos abrojos, naciendo blancas rosas, emblema de la fe.
Ceñid su frente con esas flores que altivo el viento no marchitó ; pues ya la luna con sus fulgores bosques y llanos iluminó.
Mece la brisa del manso río las blancas olas sin murmurar; noches hermosas las del estío para el que siente triste pesar!
Venid, amigos; todos unidos alcen plegarias del corazón, que si lo agitan fuertes latidos, cede al impulso de una emoción.
Venid, amigos; con tierno llanto bañemos todos ese ataúd ; nadie suspire, calle mi llanto, que es el asilo de la virtud.
Uruguay, Enero de 1856.