Spanish poem
Los Dos Remeros
by Rafael Pombo
De la orilla floreciente De la alegre juventud, Bajo un cielo azul, sereno, Sobre un río manso, azul, Una barca se desprende, Cual la nota de un laúd, Con dos jóvenes remeros Y una vela en una cruz. Coronados van de flores, Frescas, vírgenes aún; Cariñosos los amigos Les dirigen tierno agur; Y en su barca los regala Con etérea pulcritud De seráficos deleites Suavísimo ambigú, El banquete de dos almas Que en nupcial beatitud Forman juntas una vida, Y una llama y una luz. Acarícianse imanados, Cual la rosa y el bulbul, Y hechos uno, sus dos nombres Se convierten en un tú. Van mirándose y remando Con acorde tan común, Cual dos bocas que se besan, Cual la dicha y la virtud; Y tan muellemente avanzan De auras y olas al runrún, Que parecen, barca y bogas En estática quietud. Dicen siglos de contento Sus miradas, y ese agur Lo confirma un casto abrazo A la sombra de esa cruz, Santo mástil que del viaje Garantiza el serio albur Mientras remen tan acordes Cual la dicha y la virtud, Y que anuncia el puerto eterno Donde irán, juntos aún, Transbordados por la muerte A otra barca, el ataúd.
tú.
Ella calla, y él no entiende Su silencio de mujer; Él se agravia, y en su agravio Tampoco ella su amor ve. Y ella aparta dél los ojos Para no dejarle ver Una lágrima que asoma, Que aunque es llanto, de amor es. Y esa angélica vergüenza De su iluso azar primer El traduce por desprecio Y devuelve con rudez. El amor —mayor que nunca— Enmascárase cruel, La sonrisa torna en risa, Y el sabroso tú en usted. Ella canta un aire al aire Por no cantárselo a él, Y acaricia a un pececillo Por no ser su amado el pez; Y festivo el aire entonces Suelta un rizo de su sien, Y en su mano el pez goloso Busca alegre blanda red. Y él la insulta, y en su orgullo Ájalo ella con sus pies, Y él reniega de aquel día, Y ella gime por ayer, Y se apartan cuando el alma Un abrazo implora fiel, Y no se hablan, cuando entrambos Corazones claman ¡ven! Y ambos rostros son de hielo Cuando el río, todo él, No pudiera con sus aguas Apagar su amante arder.
tú usted.
él,
¡ven!
Ya no reman cual remaban Tan acordes y tan bien, Y en lugar de adivinarse Obediente su querer, Basta que ella vire al Norte Para que él al Sur bordee, Y en queriendo algo al derecho Él prefiérelo al revés. Ella, que antes hizo a bordo Mesa, fuego, altar, vergel; Ella, fiesta permanente, Sol constante de placer, Ya descuida esos amores En que un solo amor se ve, Y a la par también descuida Su timón el timonel. Ni ella pule ufana y cándida Para el dulce solo bien Aquel rostro, espejo diáfano, Do él pulíase a su vez. Y hasta un tierno pajarillo, Embeleso della y dél Que envió el cielo cual paloma De su arca y de su fe, Hoy sin mimos ni cuidados Pía en vano de hambre y sed, Y ha olvidado sus dos nombres Que cantaba ufano ayer. Ella sufre horrendas penas En colérica mudez, Sin contarlas al que sabe Convertirlas en placer; Y él, adusto timonero, Cual soldado sin su pre, Trabajando y detestando Su antes plácido deber, Hoy no acude a quien de rosas Coronábalo y laurel, Transformando en paraíso El Sahara de su sien, A esa fuente milagrosa Más sabrosa que la miel, Que doblaba caída día Su energía y su poder. Así dos que se aman, se odian Sin saber ni haber porqué, Y sus lazos son cilicios Y un infierno atroz su edén. Y pues reman sin concierto. Más discordes cada vez, La barquilla no adelanta, O anda loca, de través, Y arreciando a cada golpe Su fatídico vaivén, Al fin vuélvese, y sepúltase Uno y otro Lucifer; Y el cuitado pichoncillo (¡Se olvidaron, monstruos, dél!) Va flotando a la ventura Sin la estrella de Moisés. Aún asoma en aquel punto La cruz santa, el mástil fiel. Avisando que hay peligro Y diciendo al que la ve: «No deis remo al amor propio, Que es pueril insensatez. Todos llegan a buen puerto Con amor, paciencia y fe».