Versos Spanish Vicenta Castro Cambón A la tuna

Spanish poem

A la tuna

by (1882–1928)

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Cierto día me dijo una chiquilla: "Quiere dar un paseo mi muñeca y la llevo a la quinta. ¿Me acompañas?..." Imposible negarme: fuí con ella.

Con la gracia pueril de los tres años cantaba a su bebé mi compañera y a veces el paseo interrumpía para jugar del sauce con las hebras.

Yo escuchaba el murmullo de las hojas que movía la brisa de la siesta y hasta se me antojaba que la fronda aplaudía el capricho de la nena.

¡Qué buenas son las plantas! me decía y dejábame guiar por la pequeña sin poder sospechar, oh tuna mala, que tu saña aguardándome estuviera.

Pasamos junto a ti; sin advertirlo te rocé y de tus pencas la más gruesa asestando en mi frente un fuerte golpe la cara me dejó de espinas llena.

Tuna! Si alguien caer hubiera visto sobre el rostro indefenso de la ciega esa vara cual látigo de fuego... con qué odio y rencor te maldijera!

Pero... nadie la vió; sólo los sauces, el laurel y la tierna madreselva testigos fueron de tu acción innoble. Tampoco yo maldije su fiereza.

Espinas más agudas que de tunas hallamos en la vida con frecuencia que lastiman, no el rostro sino el alma, y la herida que causan es eterna.

Arrancar de mis sienes y mejillas una capa de agujas fué tarea que afligió a los de casa aquella tarde y puso mi paciencia a duras pruebas.

Y a pesar de mis lágrimas, reía comentando la bárbara ocurrencia: cuando al alma no llegan las espinas la risa borra del dolor la mueca.

Porque sólo en mi rostro hiciste blanco perdón hallaste, tuna de mi huerta; mas si en vez de mi rostro, tus espinas hirieran un dedito de la nena, de la querida nena que conmigo jugaba y que hacia ti me condujera...