Spanish poem
Almas egoístas
by Vicenta Castro Cambón (1882–1928)
“¡Olas, tened un momento vuestra diabólica danza! ¡Que alguien pueda socorrerme!” dice una voz angustiada. Y cada ola responde con un rugido que espanta: “Muera quien muera ¡qué importa! si yo hago lo que me agrada”.
Vosotros, los que miráis indiferentes las lágrimas vertidas por vuestra culpa sin procurar enjugarlas; los que no tenéis escrúpulo de levantar vuestra casa sobre. las ruinas de aquella que destruyó vuestra infamia; los que hacéis la caridad no la que en Dios nos hermana —esa. que alivia dolores en el cuerpo y en el alma,
cuyo Maestro es el Cristo que sobre la Cruz sagrada implora al Padre piedad por los que en la Cruz le clavan — sino la que al indigente inspira ideas anárquicas al prodigarle la afrenta juntamente con la dádiva; los que amontonéis riquezas con hambre ajena amasadas; los que el ajeno derecho pisoteáis cuando os cuadra; los que no os privéis de un gusto para que otros tengan calma; en fin, los que buscáis dicha labrando ajenas desgracias, mirad, mirad en las olas la imagen de vuestras almas! en esas olas que al náufrago el salvavidas le arrancan hundiéndole en el abismo después de estrellar su barca,
¡barca que flotó al impulso de ilusiones y esperanzas!... Miraos en esas olas vosotros, olas humanas: si aquellas alma tuvieran con la vuestra se hermanara.
“Muera quien muera ¡qué importa! si yo hago lo que me agrada” dicen las olas bravías en su diabólica danza. Y dicen los egoístas con acciones y palabras “Sufra quien sufra ¡qué importa! Hágase mi gusto y basta”.
Mas... esas olas perversas que tragan hombres y barcas, nada piensan, nada temen: las olas no tienen alma.
Pero vosotros... vosotros los que veis correr las lágrimas vertidas por vuestra culpa sin procurar enjugarlas; los que no os privéis de un gusto para que otros tengan calma; los que buscáis vuestra dicha labrando ajenas desgracias, ¿olvidáis que sois mortales? ¿no os acordáis que la Parca ha de segar vuestra Vida? ¿no tembláis por vuestras almas?
La ola en su hipocrecía (sic) se viste de espuma blanca y son sus entrañas negras puesto que la muerte guardan. Y vosotros, egoístas, que mostráis amable cara, si el egoísmo es tan negro ¿de qué color es vuestra alma?