Versos Spanish Vicente Barrantes La misma conciencia acusa

Spanish poem

La misma conciencia acusa

by (1829–1898)

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A pasos agigantados, leyendo ansioso un papel, Moreto cruza por el Pradillo de los ahorcados

Alma viviente ninguna viene el silencio a turbar: solo el que acaban de ahorcar cuelga a la luz de la luna.

La triste visión la inquieta, y reza un credo, que al fin es el buen don Agustín hombre y cristiano y poeta

Aun doblada la rodilla siente de la yerba el roce, cuando sonaron las doce en el reló de la villa.

En sobresalto cruel Moreto se levantó, y en torno a mirar volvió, y a repasar el papel.

«Si el sitio no os pone miedo, »quien esto escribe, os espera »hoy a media noche, fuera »de la puerta de Toledo.

«Otro mejor no elegí, »porque asegura la gente, »que vos y yo, solamente »podemos vernos allí.»

Poniendo mano a la espada, mano fría y temblorosa, don Agustín dijo: -«¿es cosa »de burlas? ¡no está firmada!

«¿Quién me sacó de la villa »a este maldito lugar? -»Aquí maté a Baltasar »Elisio de Medinilla.»

Esto al decir, asomaba en su tez color de plomo, y su mano sobre el pomo con lúgubre son temblaba.

En vano el embozo cubre su faz, que el dolor reviste de palidez honda y triste, como la vid en Octubre.

Con máscara engañadora, cubrir el dolor secreto, es doble dolor, Moreto; más en secreto se llora.

Presta la luz a la pena consuelo, aunque baladí; quien llora dentro de sí con su llanto se envenena.

Los ojos tiende adelante casi cegados de miedo, y ve en el espacio un dedo que le señala constante.

Vuelve a otros lados la cara, y ve en uno y otro lado que se movía el ahorcado sin que nadie le tocara.

Y una campana en la villa dobla a muerto sin cesar: -¡Aquí murió Baltasar Elisio de Medinilla!

De hinojos, y la cabeza sobre el pecho doblegada, pega a la cruz de su espada los labios, suspira y reza.

Mas cuando a mirar se atreve, que un punto domina al miedo, siempre le señala el dedo, siempre el ahorcado se mueve.

Así le halló la mañana en actitud silenciosa, su faz mucho más rugosa, su cabellera más cana.

Los ojos clava en aquel papel, que oprime su mano, y grita: -¡Dios soberano!... (estaba en blanco el papel).