Versos Spanish Vital Aza ¡Cómo cambian los tiempos!

Spanish poem

¡Cómo cambian los tiempos!

by (1851–1912)

Listen in the reader

Cuando de niño empecé a darme a la poesía, tan en serio lo tomé, que sólo en serio escribía.

Romántico exagerado, era lo triste mi fuerte. ¡Válgame Dios!, ¡le he soltado cada soneto, A la muerte!

La fatalidad, el sino, el hado, la parca fiera, el arroyo cristalino y la tórtola parlera...

Todo junto le servía a mi necia inspiración para hacer una elegía que partía el corazón.

No hubo desgracia ni duelo que en verso no describiera... ¡Si estaba pidiendo al cielo que la gente se muriera!

¿Qué airado el mar se tragaba la barca de un pescador? Pues yo en mi lira lanzaba los lamentos del dolor.

¿Que un amigo se moría, viejo, joven, listo o zafio? Pues, ¡zas!, al siguiente día publicaba su epitafio.

¿Que una madre acongojada gemía en llanto deshecha? ¿Que por una granizada se perdía la cosecha?

Pues yo enjugaba aquel llanto en versos de arte mayor, y maldecía en un Canto al Granizo destructor.

Escéptico y pesimista, ¡me hacía unas reflexiones!... Sirva de ejemplo esta lista de varias composiciones:

Ludibrio, Dios iracundo, Profanación y adulterio. Los desengaños del mundo, El ciprés del cementerio.

Pues, ¿y una composición en que imitando a otros vates, con la mejor intención decía estos disparates?

«¡Ay! El mundo en su falsía aumentará mi delito, vertiendo en el alma mía la duda de lo infinito.»

«Triste, errante y moribundo, sigo el ignoto sendero, sin encontrar en el mundo un amigo verdadero.»

«¡Todo es falsedad, mentira! ¡En vano busco la calma! ¡Son las cuerdas de mi lira sensibles fibras del alma!»

«¡El mundo, en su loco anhelo me empuja hacia el hondo abismo! ¡Dudo de Dios y del cielo, y hasta dudo de mí mismo!»

«¡Esta existencia me hastía! ¡Nada en el mundo es verdad!» ¡Y todo esto lo decía a los quince años de edad!

Francamente, yo no sé cómo algún lector sensato no me pegó un puntapié por necio y por mentecato.

Por fortuna, ya no siento aquellas melancolías, ni doy a nadie tormento con vanas filosofías.

Ya no me meto en honduras, ni hablo de llantos y penas, ni canto mis amarguras ni las desdichas ajenas.

He cambiado de tal modo, que soy otro diferente; pues hoy me río de todo, ¡y me va perfectamente!