Spanish poem
Yace Por Siempre Helada
by Adolfo Berro
Hélas! que j'en ai vu mourir de jeunes filles! C'est le destin. II faut une proie au trépas.
Yace por siempre helada Dentro ataúd profundo Una mujer manchada Que el Hacedor del mundo Tornó en arcilla, en nada. Luz funeraria, vierte Mustio, fugaz destello Sobre el rostro inerte Que de lozano y bello Fiero paró la muerte. Nadie eficaz consuelo Diole con labio amante Ni mitigó su duelo En el terrible instante De abandonar el suelo. Nadie doliente llora Sobre su faz marchita; Ni la piedad implora En oración contrita Del Dios que el justo adora. Que en ese enjuto seno Se aposentaba el crimen, Desque al rubor ajeno Pudo salvar el limen Que lleva al desenfreno, Fue su ventura gota De matinal rocío Que rudo viento azota, O que ferviente estío Con seco rayo agota. Mientras creciera oscura Bajo el paterno techo Nunca pasión impura Hizo latir su pecho Con desigual presura. La vanidad maldita Echola luego al mundo Que la inocencia incita Para que el vicio inmundo Deje su huella inscrita. ¡Ay! la que amada prenda Era del padre anciano Dando al deseo rienda Hizo en altar profano De su pureza ofrenda. Por el salaz camino Corrió con suelta planta, Pimpollo purpurino Que insecto vil quebranta Y arrastra el torbellino. ¡Cuanta ventura insana, Cuanto pesar impío Abrigó en el alma vana De ese cadáver frío Que fetidez emana! ¿Y esa, gran Dios, la hermosa Es que brilló en el suelo, Cual loca mariposa Que remontando el vuelo Cae en la mar undosa? Sí: que a la diestra fuerte Del Hacedor del mundo, El alma mía advierte, En ese cuerpo inmundo Que desecó la muerte.