Versos Spanish Adolfo Berro Tierna Mujer Que La Lozana Frente

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Tierna Mujer Que La Lozana Frente

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Tierna mujer que la lozana frente Graciosa eleva de carmin teñida, Suelto el cabello que feliz desciende Al albo seno do el placer se anida, En danza alegre, sobre alfombra roja, El pie ligero, como el aura, mueve; Gota luciente sus mejillas moja Que blanco lino en el instante bebe. Mil lazos forman en voluble juego Sus altos brazos con primor velados, Mientras ardiendo en revoltoso fuego Las ojos giran, por amor formados. Cual vaga nube que sus alas tiende Sobre las aguas, a la luz primera, Vuela la veste que en el talle prende Con jalde broche, de gentil manera.

Imagen de los seres que la mente Del poeta adormido ve en la esfera, ¿Quién eres, di, mujer resplandeciente? ¿Un ángel? no, ¡gran Dios! —una ramera. ¡Ramera! nombre execrado Que nacido en la torpeza Es baldón de la belleza Que le lleva por su mal. Nombre de halago y misterio De perdicíón y ventura Que muere en la desventura Como el arista en la mar. ¿Y tú le llevas, hermosa, Cual reluciente diadema, Riendo de ese anatema Que la sociedad le echó? ¿No lloras, mujer, no lloras Cuando pasando altanera La esposa dice ¡ramera! Trémulo el labio de horror? ¿No lloras, cuando a tu rostro, Do nieve y rosa atesoras, Ves cual marchitan las horas Que pasas en embriaguez? ¿No tiemblas cuando procuras Rasgar el espeso velo Del porvenir, y tu anhelo Desprecios, miserias ve? ¡Terrible, cierto, es en medio De la festiva velada Oír esa voz helada Que marca el tiempo que fue! Terrible tras danza loca Dormir en lecho de amores Y despertar en dolores En la horfandad y vejez! ¿Y ríes, y herido el suelo Bajo tus plantas retumba, Ramera, mientras derrumba Su carro el tiempo veloz? En vano hermosa te ostentas, En vano en gozo te bañas, Que abrigan hiel tus entrañas, Veneno tu corazón. ¡Ay! ese cuerpo elegante Que adornas con tanto anhelo Pronto despojo del suelo, Será un objeto de horror; Y en infernales orgías Tu cráneo hueco y maldito Copa será del precito Do beba negro licor.

Deja, loca mujer, la danza impura; Arroja tanta gala mundanal, Y en vez de la brillante vestidura Toma de penitencia ancho sayal. Desecha los deseos que se abrigan En tu seno, que vele ya el pudor: Rompe esos torpes lazos que te ligan Cual parásita hiedra a tierna flor. Elévense tus preces ejemplares Al Dios que «la luz sea», dijo, y fue: Arrójate a los pies de sus altares Y exclama en mar de llanto ¡yo pequé! Vuela, que un solo instante de tardanza Las sendas de salud te cerrará: Y do buscaba aliento tu esperanza Reprobación eterna encontrará.