Versos Spanish Antonio Ros de Olano En el otoño

Spanish poem

En el otoño

by (1808–1886)

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Ya en la senda, allá del río, traspuesto apenas el vado, tiró de la rienda el novio para ofrecerme los brazos. Sin atreverse a besarme, por respeto hacia el hidalgo, mi hermana vertió una lágrima; «¡Adiós!» me dijo, y marcharon. Así se rompe la vida de la hembra en dos pedazos; mitad donde nace y crece, flor en cristalino vaso, y el resto de su existencia, tras los inocentes años, misterio de sensaciones con enigmas de recato.- ¡Miseración en la esposa, si el seno infecundo al tálamo negó los hijos, en quienes la madre ceba los labios, para exhalar su ternura a trueque de desengaños!...- ¡Allá va la flor!... ¿quién sabe al viento que irá vagando?- Del viento esclava es la hoja, y la mujer del acaso.- ¡Cómo la ingenua tristeza junta el deleite a su daño, en la soledad tranquila, sin medir tiempo ni espacio!

Es la tarde...: huye la tierra sin que sintamos su tránsito, mientras parece a la vista que el sol camina al ocaso: su disco de eterna lumbre vibra los postreros rayos, y a herir apenas alcanza la cima de los collados. ¡Breve tarde! En mar de púrpura tórnase el azul velado del horizonte, tendido más allá del Océano: piélago es de luz inmensa, do mis ojos beben ávidos torrentes de llama viva; piélago en que ve flotando seculares monumentos, arquitectura de encantos; fortalezas y ciudades, alcázares, templos, arcos, pirámides, tiendas bíblicas, misteriosos tabernáculos...: Y en las llanuras espléndidas de aquel celaje fantástico, hay encendidas peleas de hombres y monstruos bizarros, fieras, enanos, gigantes, escuadrones de centauros y carrozas con cuadrigas de flamígeros penachos. Y, aún más allá, de otras nubes simula el contorno mágico visiones de amor divino, diosas del amor humano; ángeles, Cupidos, Ninfas, musas y Genios, lanzados por los senos insondables de los luminosos ámbitos. ¡Metamorfosis del alma! ¡Trasuntos de otros engaños! ¡Ilusión de los sentidos, de su error enamorados!... ¡Oh, breve tarde!... En la curva del globo que va rodando, pierde este pobre hemisferio, la luz del eterno faro... ¿Dónde están los horizontes, tan ricamente poblados de fúlgidos monumentos en ciudades de topacio, de Ángeles, Genios, Cupidos, ninfas, Dríadas y Faunos, y mujeres que el deseo, en un espejo encantado, volvió a presentar al alma como en los primeros años? ¡Es el crepúsculo!... y vibran sólo en el éter los átomos de luz y sombra que tejen a la luna el velo santo. Solitaria de los bosques, hacia el bosque solitario cruza la torcaz paloma, y el aire zumba a su paso. En las ruinosas almenas del gótico campanario, el ave de los sepulcros exhala un ¡ay! de quebranto: primer ¡ay! de muchos ayes que van luego concertando con el toque de Oraciones y el doble por los finados.

¡Es la noche!... densas nubes que en el horizonte diáfano fueron de púrpura y oro, ya son fúnebre sudario. Entumecida la tierra siente que la hiere el ábrego, y los árboles ingentes, de la madre tierra amados, risueños en primavera, galanes en el verano, amarillentos declinan y sus hojas van dejando... ¡Sus hojas! ¡las verdes hojas, orgullo de abril y mayo, que se desprenden marchitas cual girones de su manto!- Asoma en la mar la luna, y mientras va remontando, se descubre el firmamento de luceros tachonado. ¡Dios, que sacó el universo de las tinieblas del caos, preside las Estaciones, y a Dios alaban los astros! Que Dios esparció los orbes en infinitos estadios, como el labrador arroja la semilla en su cercado... Y esos mundos sobre mundos, que en eslabones jerárquicos señalan a nuestros ojos siempre un más allá anhelado, son al corazón del hombre revelación más que arcano...