Spanish poem
A un amigo y a unos ojos
by Eusebio Blasco (1844–1903)
Díceme un mi camarada que adora unos bellos ojos y le mata su mirada: soltemos la carcajada ante tan necios antojos. ¡Que le matan! ¡Vaya un lance! Entonces, ¿quién le ha mandado que a la muerte se abalance? Yo temería un percance y me iría con cuidado.
¡Matar! Vamos, es cuestión que debe tomarse a guasa; yo me asomo a mi balcón y recibo un alegrón a cada muerte que pasa.
Estoy en el mismo caso del compadre que eso dijo: por unos ojos me abraso y —dicho sea de paso — no hay dos como ellos, de fijo.
Pero a mí no me asesinan como al amigo en cuestión al contrario, me fascinan, porque en ellos se adivinan la ternura y la pasión.
Cuando al cielo levantando la mirada, con sencillo candor, los veo, gozando la Concepción de Murillo.
Si hacia el suelo pensativos se dirigen algo inciertos y se alzan después activos, matan, es cierto, a los vivos pero dan vida a los muertos.
Y cuando a mí se dirigen, ya risueños ó enojados, como mi destino rigen, me dan placer ó me afligen ó me causan mil cuidados.
Pero matarme, jamás; me dan vida y alegría acaeciendo además, que siempre se vá detrás de su mirada la mía.
Ven acá, pues, insensato, que sin mirar lo que dices, te acreditas de pazguato: vente a observarlos un rato, quiero que los analices.
Mas si después de mirarlos no te retractas al punto de tu opinión... ¡por San Carlos! de fijo he de retratarlos con aquel rostro en conjunto.
Y llevados de nación en nación y villa en villa, confirmaré mi opinión de que aquestos ojos son la novena maravilla.