Spanish poem
A Luis Felipe Destronado
¿A dónde vas ¡o rey! con tus pesares? ¿No sabes que en los mares aun la roca inmortal de Santa Elena te brinda con su asilo? ¿que allí lecho tranquilo tienes guardado en la caliente arena? Aun hallarás la arena removida con la huella atrevida de otro Napoleón, que destronado fue también a esa tierra; aun su lauro de guerra los trópicos allí no han marchitado. Tú no fuiste a insultar con tus trofeos los muertos Ptolomeos, ni entre el eco marcial de los cañones ligero cabalgando, cadáveres hollando, has llevado el terror a las naciones. Mas tú, sin esgrimir hierro iracundo, dabas leyes al mundo, y a una mirada sola que lanzaban tus ojos indignados, los tercios espantados el acero a tus plantas humillaban. Y ¿piensas tú que el mundo te perdona que unas genio y corona y gobernando sin temor ni traba, des a tu antojo, leyes y domines los reyes, y a Europa tengas de tu mente esclava? ...Ve, rey, a descansar. Londres te espera como una hambrienta fiera para tragar de Francia los despojos; ella que hundió en la tierra vuestro genio de guerra, también a ti te cerrará los ojos. Rivales en lo eterno ambas naciones con dos Napoleones, de la guerra y la paz a ti te halaga ¡oh Francia! la fortuna; mas ¡ay! tú eres su cuna e Inglaterra es la tumba que los traga.